A veces podemos tener la idea errónea de que la vida cuaresmal siempre fue denodadamente observada en el pasado y que su cuestionamiento obedece a planteamientos exclusivamente modernistas. Puede ser cierto que los problemas en su observancia y custodia hayan crecido a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, pero ningún tiempo pasado se vio libre de incidencias e incumplimientos. De ahí que a menudo los Superiores tenían que hacer referencia a ella, acentuar su valía y su particularidad determinante respecto a la Orden de los Mínimos. Hoy traigo un ejemplo de lo que decía el Corrector General Camart en una carta dirigida a los frailes poco tiempo después de su elección en 1623:
"Tampoco debemos descuidar la observancia de la vida cuaresmal, que es absolutamente necesaria para nosotros. Porque esa disciplina de vida austera es la flor de nuestro germen, es el símbolo más especial de la religión minimitana, el identificativo de nuestra milicia, nos une entre nosotros y por ella nos distinguimos de otras Órdenes, de modo que merecidamente debemos llevarla guardada celosamente como una joya, establecida en nosotros por la penitencia más estrecha. Tarea difícil sin duda, pero de gran importancia: en su observancia reside, en cierto modo, el honor de nuestra religión, mientras que su descuido y transgresión constituyen para ella su máxima indignidad."
