La nueva Guía Litúrgica-Pastoral
2025-2026 de la Orden de los Mínimos nos ha traído la sorpresa de un nuevo
Calendario Litúrgico aprobado por el Dicasterio para el Culto Divino el 1 de
noviembre de 2025. Por supuesto, en el Dicasterio es probable que se hayan
limitado a recoger con pocas o ningunas modificaciones lo propuesto por la
Comisión Litúrgica de la Orden. Los cambios son suficientemente significativos.
Empecemos por los que atañen al
patronazgo de los terciarios mínimos. Queda establecido San Francisco de Sales
como Patrón principal de la Tercera Orden, por lo que se celebrará como fiesta,
en tanto que Santa Juana de Valois queda relegada a simple Patrona secundaria;
como segundona, su celebración queda en simple memoria. No pasa nada. No sé si
en la Comisión Litúrgica había alguna terciaria, pero está claro que no había
ninguna feminista. Históricamente hay que reconocer que sobre San Francisco de
Sales hay cierta constancia de su adscripción como terciario en tanto que de
Santa Juana la pertenencia se situaba en el campo falible de la suposición. Es curioso que se aduzca como justificación
para este cambio la disposición De Patronis Constituendis, porque, si no me
equivoco, es una norma de 1973 (de los tiempos de Tabera-Bugnini), lo que equivale a decir que la Orden, con la
anuencia del Dicasterio, la ha estado contraviniendo durante 52 años.
De otro terciarios históricamente
dudosos en su condición mínima como San Juan de Dios y San Vicente de Paúl se
conserva la memoria obligatoria, aunque al estar incluidos, independientemente
de tal condición, en el Calendario Romano, para el caso viene a ser lo mismo.
Todos los beatos se celebran como
memoria facultativa, así que en el futuro, algunas tan recientes como las
mártires mínimas de Barcelona beatificadas hace 12 años o alguna como la del Beato Gaspar de Bono
después de casi dos siglos y medio de veneración, sus respectivas celebraciones
dependerán ahora en nuestras Comunidades de la particular devoción del
Superior. En un alarde de coherencia, no se les ha ocurrido otra cosa que
decorar la tapa del Calendario con una pintura que representa al desde ahora facultativo
Beato Carlos Hurtrel.
Pero el cambio más significativo
es el haber establecido como Patrona de la Orden a la Virgen del Milagro,
mandando a San Miguel Arcángel al trastero de los segundones. Resumiendo, que
nuestro arcángel patrón con veneración inmemorial y Patrón oficial desde 1670,
se ve substituido, tal vez porque no peleaba suficientemente por nosotros, por
una advocación mariana de 1842. Esto es desprecio por la historia y centralismo
romano. Y si alguien osa discutir estas determinaciones seguramente aprovecharemos
para tacharle de poco mariano. O de demasiado progre, por acusar a la reverenda
Comisión Litúrgica de machismo y centralismo. Pues nada, que a uno de pronto le
ha dado por la sinodalidad bien entendida...
Todavía mi padre era de los que
pensaban que la vida religiosa era para los inútiles que no servían para otra
cosa. Sólo la experiencia familiarmente cercana le hizo cambiar de opinión.
Pero es verdad que hubo un tiempo en que la vida religiosa era una manera de
“ganarse” la vida. Esto se daba especialmente en los ambientes rurales y en las
vocaciones de hermanos oblatos, gente con mentalidad práctica aunque con
dificultades para los estudios reglados. ¿Puede la motivación material ser un
impulso, siquiera inicial, de las vocaciones? Tal vez, no lo sé. Hace años, en
los tiempos del reclutamiento, los seminarios menores o las escuelas
apostólicas como se llamaban en los Mínimos ofrecían la oportunidad de una
formación asequible para miembros de familias poco pudientes. De hecho, en la
Orden Mínima en España todavía el 75% de los miembros proceden de aquel
sistema, lo cual deja en muy mal lugar a los encargados de la pastoral
vocacional de las últimas décadas, pues aquel sistema de reclutamiento terminó hace más de
50 años. Volvamos a la pregunta formulada de otro modo: ¿sale a cuenta ser
seminarista o religioso? En términos generales, podemos decir que sí,
especialmente si contamos con comunidades religiosas económicamente potentes o
con sacerdotes que pueden habitar casas parroquiales decentemente arregladitas
y cuyos suministros van a cargo de la parroquia. No tanto cuando las
comunidades carecen de recursos o las casas parroquiales son una ruina. Recuerdo una propaganda del día del seminario
de hace una docena larga de años que generó cierta polémica porque utilizaba
como uno de los argumentos: “te prometo un trabajo fijo”.
A ver, trabajo hay, y más oferta de empleo que demanda,
eso es cierto. Pero si pasamos al aspecto retributivo tan a cuenta no sale.
Después de 6 años de estudios superiores difícilmente se hallará una profesión peor
remunerada materialmente. Recuerdo una propaganda más acertada de los
seminarios norteamericanos que decía: “el trabajo es duro, pero la recompensa
es eterna.” Hombre, si nos ponemos sub specie aeternitatis las cosas cambian.
Pero vayamos a nuestra vida en el
tiempo con un ejemplo práctico. Advierto, como en las películas, que cualquier
parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero es obvio que, como en las
películas, esto está basado en hechos reales. Imaginemos alguien que entra en
un seminario o en un aspirantado religioso hace treinta y cuatro años. Alguien
normalito, adulto, no un jovencito imberbe que no ha trabajado un solo día,
sino alguien que tenía ya desde muchos años atrás eso que se llama un “trabajo
fijo”. No hablamos de un ejecutivo ni de un directivo, sino de un simple
administrativo con dilatada experiencia laboral. Pues bien, esa imaginaria
persona percibía en octubre de 1991 un salario bruto mensual de 181.000
pesetas; una vez deducidas las cotizaciones sociales y la retención de
impuesto, esto se quedaba en un salario líquido de 134.000 pesetas. Convirtamos
esa suma a euros y nos salen, si no me equivoco, 805 euros. Supongamos que esta
vocación va adelante, se ordena sacerdote, percibe el salario mínimo (que es lo
corriente en la retribución de los presbíteros) y en el año 2025 se jubila. Percibirá
entonces una pensión mensual que asciende a la generosa suma de 874 euros. O
sea que después de 34 años aquel salario líquido se ha convertido en una
pensión un 8,57% superior. No está mal, a no ser que tengamos en cuenta que la
inflación acumulada entre aquel octubre y este enero es aproximadamente de un
145%. Hombre, entonces muy a cuenta no
sale. Recuerdo lo que decía un profesor universitario de historia hablando de
vocaciones, que él solucionaba rápido el problema, simplemente“se le dobla el sueldo a los curas y se les
pone coche de empresa”. Por supuesto, para financiarlo pensaba, como tantos, en
una televisión propiedad de la Iglesia que lleva quince años perdiendo dinero.
Que no, profesor, dedíquese a la historia, que no salen las cuentas suficientemente. Que no,
joven vocacionado, que si se trata de lo material no sale a cuenta.
“O Dio, la Chiesa romana in mani
dei catalani!” es la exclamación, atribuida por algunos al cardenal Bembo, por
otros a algún Colonna y, en definitiva, a la generalidad de los romanos con
ocasión de los pontificados de Calixto III y Alejandro VI, frase que, dicho sea
de paso, le sienta como un tiro a buena parte de la actual sociedad valenciana
que ni por asomo (ni siquiera en el terreno linguïstico) quiere identificación
alguna con Cataluña y frase que suena a música celestial para la otra parte
catalanófila.
Hay tradicionalmente un sector de
catalanes, agrupados en la entidad Institut Nova Història, que reivindica atrevidamente como propios
personajes y logros, algunos de ellos de una forma tan extrema y con una
metodología tan chusca que provocan la chanza de la gente medianamente
ilustrada.
Esto viene de lejos. A finales
del siglo XIX se publicó una breve biografía del mínimo Jacinto Coma, un
personaje poco conocido, admirado por Balmes, buen predicador y fallecido en su
localidad natal (Manresa) en 1864. El biógrafo manifestaba también de pasada en
estas breves páginas su intención de seguir investigando en relación a una
pretendida catalanidad de la familia de San Francisco de Paula; lo fundamentaba
en la semejanza italianizada entre el apellido de San Francisco (Martolilla) y
el nombre de una conocida localidad barcelonesa (Martorell). No parece que llegara
a culminar tal indagación histórica, aunque en cierta ocasión, comentando este
asunto con las mínimas de Valls, me recordaron con buen humor que en su comarca
había un Santuario llamado de la Fontcalda, de forma que sugerían que podrían buscarse
allí los orígenes maternos de San Francisco. Pues nada, adelante, Jaume
Martorell y Vienna de Fontcalda.
Hasta aquí el lector estará ya
reclamando un poco de seriedad. Voy a dársela. Recurriré para ello a Odile
Krakovitch, una estudiosa que procede del campo de la Archivística y que se
doctoró en Letras con una tesis sobre la Censura teatral en el siglo XIX,
alguien de quien se podrán discutir ciertas apreciaciones (hay gente dispuesta
siempre a discutirlo todo), pero a la que en ningún modo se la podrá calificar
de poco documentada. Para los mínimos mínimamente ilustrados Krakovitch no
resulta una desconocida, ya que, entre los numerosos temas a los que ha
prestado su atención indagadora, se encuentra la historia de los conventos
mínimos parisinos; no sólo eso, también se ocupó hace años de la figura del
ermitaño Bernardo Boyl. Pues bien, vayamos a un artículo escrito en 1979 y publicado
en 1981 en la revista Paris et Ile-de-France (donde se recogen las Memorias de
las sociedades históricas y arqueológicas de la zona) sobre el convento mínimo
de la Place Royale de París, un artículo tan largo que es prácticamente un
libro (171 páginas), un estudio en el que este convento, hoy completamente desaparecido,
es descrito detalladamente a partir del manejo de una documentación ingente.
Nos habla en él exhaustivamente de cada espacio, cada habitáculo, cada rincón
conventual.En un momento determinado
casi al final describe la existencia en l’arrière cuisine, un espacio de 30
metros cuadrados, de un recipiente en el cual los mínimos de Place Royale
almacenaban el aceite:
Transcribo para quien no quiera
abrir la imagen en otra ventana y leer directamente:
“(grand coffre en ) bois, garni
de plomb, où les religieux versaient l’huile qu’ils étaient obligés par leur
règle de consommer; toutes les autres graisses, on s’en souvient, leur avaient
été interdites par leur fondateur catalan, habitué à ce produit.”
Et voilà, ahí queda eso. Vinga,
Victor Cucurull, que ja en tens un altre per afegir a la llista...
Historia magistra vitae, dicen. La
última carta del mínimo Padre Angelats se conserva en Roma, en el Archivo
Generalicio de la Orden. No sabemos si es realmente la última; lo es en el
estado actual de nuestros conocimientos. Está fechada en agosto de 1936 en
Barcelona. Las cosas no pintaban bien desde hacía meses. A principios de abril
el mismo Padre Angelats había escrito al Corrector General Giuseppe Di Lauro,
haciendo la siguiente afirmación:
“Per ora stiamo tutti bene e non
ci ha successo niente, ma ogni giorni si cammina piú avanti verso ad una
rivoluzione comunista...”.
Apenas doce días después volvía a
escribir al General manifestándole los problemas económicos que la Comunidad de
Barcelona atravesaba y que desde Roma no comprendían (creyendo ilusamente que
no faltarían bienhechores) y decía
abiertamente:
“Oggi la massoneria va alla
radice, e non é possibile una reazione se non viene dal Cielo. La massoneria ha
riuscito ad impossessarsi di tutti i mezzi, di tutte le chiavi, di tutte le
forse della nazione, e cosí andiamo di male in peggio ogni giorno.”
Nueva carta en el mes de mayo:
“Umanamente parlando possiamo
dire che i moti attuali, o meglioil
andamento attuali non passaranno per un pezzo lungo ma piutosto si
aggravaranno, peggioraranno fra pocco, come tutti i giorni lo stiamo vedendo e
toccando. Loro non possono sapere nulla della gravità della situazione e
condizioni di Spagna. (...) Tutte le nostre suore mi scrivono cative notizie.”
La última desesperada carta va
dirigida no al Corrector General, sino al Procurador General Padre Tagliaferro.
La transcribimos íntegramente y exactamente, tal cual, no modificamos ni la ortografía:
“Charitas.
Rmo. Padre Giacomo Tagliaferro
Rmo. P.Procuratore Generale,
Tre volte le ho scritto dandole
le pocche notizie nostre che mi ha stato possibile.
Stiamo ancora sani e salvi, ma
senza documenti e dispersi nelle case dei nostri amici. Vogliamo partire per
Genova perche siamo sempre in grande pericolo di vita, ma non possiamo riuscire
ad ottenere il dovuto passaporto. Veda Lei ad ogni costo di mandarci per mezzo
consolare un autorevole documento di qualche ditta chiadendoci per scopi di
affari comerciali o industriali. Meglio sarebbe che Lei venisse qui
personalmente portandoci i detti documenti o altri più efficaci. Venga vestito
di borghese.
Attendiamo con ogni premura, per
carità. Saluti al Rvmo. P. ed a tutti di Comunità. Me creda suo devomo.
confrat. in C.J.
Giovanni Angelats
Barcelona 22 agosto 1936.
Calle Sagristans, 10 pral. Non mi
scriva che a mezzo del Consule solamente.”
Desde Italia o no se apreció
suficientemente la desesperación o no se pudo o no se supo hacer nada. Al cabo
de un mes el Padre Romero fue detenido y asesinado. Los Padres Angelats y
Anguera fueron a parar con sus huesos a la tristemente famosa, por sanguinaria,
cheka de San Elías, donde estaban a finales de octubre de 1936. Después nada.
Nunca más se supo de ellos.
El título es lo mejor del libro: "San Francesco – Il Santo
dei Miracoli e della Semplicità Infinita". El autor escribe, no sé si para
entretenerse o para sacarse unas perrillas, vidas de santos. No sé en los
demás, pero con San Francisco de Paula no ha estado demasiado acertado. El
libro es ya formalmente una porquería: impreso por Amazon Italia, sin paginar,
con untamaño de letra que parece ad
usum caecucentium, con los párrafos sin justificar, etc.
El mensaje puede parecer piadoso y edificante. Algunos
pasajes nos hablan de las virtudes del Santo y de sus milagros. Pero cuando
baja al terreno concreto la simplicidad infinita de San Francisco choca con la
culpable (estamos en 2025 y para algunas cosas basta la wikipedia) ignorancia
del autor. Pondré tres ejemplos:
“La regola di vita stabilita da Francesco fu approvata da
Papa Eugenio IV nel 1446...” Tal vez San Francisco tuvo episodios de amnesia y,
no recordando que tenía la Regla aprobada, siguió pidiendo su aprobación y
recibiendo negativas hasta 1493.
“Uno dei momenti più significativi fu la sua amicizia con il
re Francesco I di Francia che lo accolse con grande rispetto e ammirazione...”
Una pena que Francisco I no empezara a reinar hasta 1515, pero nada impide creer en las
amistades de ultratumba.
“Uno dei miracoli più noti è quello della traversata dello
stretto di Messina su una piccola barca fatta di legno e senza remi...” Ya se
ve qué milagro portentoso: atravesar el estrecho de Messina hacia 1470 en una
barquita hecha de... ¡madera! (y no de acero como el Titanic o de fibra de carbono como los modernos catamaranes).
En fin, si tiene usted 10,95 €, más vale (le saldrá más
rentable) que con estos calores se tome un cubata...
Tengo bien pensado lo que
harécuando yo sea Corrector General de
los Mínimos. Es verdad que, siendo realistas, las posibilidades son pocas. Del
centenar de Generales que hemos tenido los Mínimos a lo largo de los siglos,
sólo 15 fueron españoles. De ellos, 3 fueron consagrados Obispos (Pedraza,
Gasch, Estela) y 1 figuró en propuestas para un obispado de América, pero murió
antes (Mena); uno murió en olor de santidad (el humilde Villamayor), otro fue
depuesto por no ceder a presiones cardenalicias (Muñoz de Espinosa) y otro tuvo
la valentía de enfrentarse a los mínimos franceses defendiendo el voto de vida
cuaresmal contra quienes abiertamente lo contravenían (Segura). El último fue
el político y académico Padre Humarán en 1829, es decir, hace ya casi 200 años.
Si bien en el antiguo régimen se
establecía que uno de los Colegas Generales fuera de nación española, otro
italiano y otro francés (y así fue desde 1523 hasta finales del siglo XVIII),
desaparecida con la modernidad esta previsión, en los últimos siglos y ya en
tiempos recentísimos sólo 3 Colegas Generales han sido españoles; 2 de ellos
murieron en el cargo, al pie del cañón (F.Rodríguez y J.Mediavilla), mientras
que el tercero fue designado precisamente para substituir a uno de estos
fallecidos (V.García). Uno acaba deduciendo que ser Colega General no es
demasiado saludable para los españoles, o te mata o te entontece.Como se ve, en la Orden los españoles
pintamos más bien poco. A ello hay que añadir la idea subyacente en la
mentalidad de la mayoría de los mínimos italianos: “los españoles son tontos”,
lo cual, lejos de ser un prejuicio, parece demostrarse cotidianamente. Y no es
que, como contaban los teóricos criminalistas del etiquetamiento (labelling), a
fuerza de ser tenidos repetidamente como tales, acaben convencidos de serlo.
No, para la mayoría el catetismo es una opción deliberada.
Uno de los pocos que se rebelaban
contra esta irrelevancia, era el Padre J.A., quien, de carácter más bien
tímido, de cuando en cuando soltaba el genio y, recordando que era el único que
tenía dos carreras (teología y pedagogía), calificaba a los demás de estúpidos
(él podía permitírselo) cuando hacían cosas estúpidas. Recuerdo que a veces,
cuando le mostraba, en mis primeros tiempos de postulantado, mi estupefacción
ante ciertas actitudes de los mínimos españoles, lo atribuía al “complejo de
inferioridad” padecido no ya frente a mínimos italianos, sino frente al mundo
en general. Lo dicho, en orden a la elección, mis posibilidades son pocas, no
sólo por carencia de inteligencia y capacidad, sino también por faltarme el
resto de características que nuestras normas exigen a quien sea elegido para el
cargo (por ejemplo, probado buen espíritu religioso). Pero como este es un blog
de sarcástica seriedad, nada me impide esbozar un programa de gobierno.
Primero, tomaré ejemplo del Papa
Francisco. Si él decidió vivir en Santa Marta y no en el Palacio Apostólico,
nada le impide al Corrector General de la Orden de los Mínimos trasladarse a
vivir donde le dé la real gana. Queden en Roma el Procurador General, el
Archivero, el Ecónomo, el Postulador (este sí tiene que tener por norma en la
Urbe la residencia habitual), cuando yo sea General evitaré Roma, ya que tengo
de la ciudad no mejor opinión de la que expresaba Padre Boyl en una de sus
cartas a Cisneros. Alguien dirá que la Roma actual es muy diferente a la del
Papa Borja de finales del siglo XV; eso es verdad, el Vaticano de ahora es, con
mucho, mucho peor. Porque a finales del siglo XV un cierto respeto por el
Derecho canónico existía y, por ejemplo, la consagración episcopal confería a
quien la recibía una cierta autoridad espiritual, doctrinal y gubernativa. Hoy
después de la sinodalidad del Papa Francisco, no existe ningún derecho de los
fieles a respetar (ni siquiera el derecho a la legítima defensa). Por otra
parte, existen “superapóstolas” como Prefecta y Secretaria del dicasterio de
Vida Consagrada, llamadas al discernimiento exclusivo de los carismas y
vocaciones de especial consagración; ahora mismo un obispo, por muy sucesor de
los Apóstoles que sea y por mucha imposición de manos que haya recibido, no
puede autorizar un nuevo instituto de vida consagrada en su diócesis, sino que
eso depende exclusivamente del dicasterio. Ya no digamos cuando hay alguna denuncia, donde intervienen con todo menos con transparencia y confianza. Así
nos va y allí se las apañe el pobre Vicario Procurador General de la Orden,
pobrecito, de verdad que le compadezco.
Yo, cuando sea General, me estableceré
en algún conventico de la península sorrentina, desde donde podré “dirigir” (es un
decir) la Orden tranquilamente, que para eso están los modernos medios de
comunicación (hoy día basta un celular). Como a mi edad un cierto reumatismo
empieza a aquejarme, es muy probable que cuando sea General me vea “impedido”
para Visitar canónicamente la Orden en persona, así que nombraré un Visitador
Delegado tal como prevé nuestra normativa, un Visitador con amplísima potestad.
Estoy pensando en un religioso de la provincia napolitana que ya de novicio
pensaba ser Cardenal. No está en manos del General de los Mínimos otorgar la
púrpura, así que tendrá que conformarse con ser Visitador General, creo que
estará contento de serlo, de recorrer el mundo con autoridad generalicia, con
autoridad (esa tan utilizada en al anterior pontificado) de ordeno y mando, y
¡viva San Francisco de Paula!. Aquí paz y después gloria, donde haya problemas
que los resuelva como le salga de las narices, y donde no los haya, que los
genere. Religiosos descontentos los va a haber siempre, los va a haber
igualmente, así que, si no les gustan las decisiones que tome, que recurran a
Roma, que así se entretienen en el Dicasterio, con justicia o sin ella. Por mi
parte, con otorgar al Visitador los poderes pertinentes y con ordenar al
Ecónomo General que le proporcione una tarjeta business (de débito, tampoco hay
que exagerar), ahí me las den todas. Por otra parte, yo soy de gastar poco.
Como cuando sea General me voy a dedicar a rezar, a dar misa o a participar en
procesiones locales (¡viva San Francisco de Paula!), tampoco voy a gastar
mucho. Por no tener, no me hará falta tener ni un automóvil. Recordando la
humilitas Redemptoris y considerando el clima suave de la costa sorrentina, me
bastaría con una Puch (trucada, eso sí) para moverme por los alrededores.
Esta carencia de medios de
transporte y la afección reumática me impedirán por ejemplo tener que recibir
profesiones de falsas vocaciones (que se apañen, bajo su reponsabilidad, los Provinciales
o los Delegados) o tener que acudir a los festejos del 4 de mayo en Paula. Lo
primero es librarse de un buen cargo de conciencia cuando alguien te está
tomando el pelo miserablemente (cuando venga el problema gordo, que vendrá, me
bastará pensar que yo, como General, no lo recibí a la profesión).Para lo segundo, hay que valer, hay que
proceder de la zona, no todos servimos para gastar los primeros veinte minutos
de una homilía en Paula saludando autoridades.
Cuando yo sea General, no
escribiré cartas de Adviento ni de Cuaresma, esas que nadie lee. Al contrario,
cuando yo sea General, me abriré un perfil en X y allí escribiré breves
chorradas generalicias (si breve, no tan malo, dicen). Y si mi sintaxis es deplorable,
se notará menos.
Cuando yo sea General, pondré a
todos los doctores de la Orden (las laureas no sonpara adornar paredes) a trabajar en la
formación de vocaciones, para que se acabe de una vez el “profesa y haz lo que
quieras”. Formación y selección y trabaju duru para salir de la pobreza
vocacional socializada.
Cuando yo sea General, no
nombraré Delegado para la Tercera Orden, ya que es un cargo absolutamente innecesario.
Lo que hay que hacer con los terciarios es ponerse a su disposición, hablarles
poco y escucharles mucho.
Cuando yo sea General, si tengo
que viajar, con reumatismo o sin él, será sólo atendiendo invitaciones de las
Monjas Mínimas, a las que no se les puede negar nada. A ellas, se les puede
aplicar, mutatis mutandis (y poca mutación), lo que mossén Ballarín escribía
hace más de sesenta años respecto a las Carmelitas Descalzas en las páginas
finales de su “Les Benaurances. Santa Teresina”, y aquí me pongo compuesto,
aquí aparco el humor, la ironía, aquí me limito a asentir casi de rodillas:
“ Sé, des de dins, com viuen
aquelles filles d’Àvila. És esborronador. Ja no són la pobresa franciscana amb
alzines amables d’Umbria, són la pelada, implacable, desmesurada pobresa
castellana. No són la pobresa de la muntanya de les benaurances, són la pobresa
de l’hort de les oliveres...Sota l’hàbit més bell que pugui dur una dona, sota
les misèries de les filles de la terra, les monges fan olor de primer dia. No
les mitifico. Aquella alegria de les cares, pàl·lides de dejunis, no l’he
trobada enlloc més...Aquelles bones dones s’agafen la vida de monja per la
banda que crema...Gairebé quinze mil dones arreu del món van així. Déu meu. Que
els concilis no les toquin, que els visitadors no les canvïin, que els frares i
capellans no les destorbin. No les toqueu, no les toqueu de com són. Són la més
bella cosa de l’Església. No les toqueu, per l’amor de Déu. Vivim d’elles.”
(No traduzco, las palabras son
tan vivas que cualquier traducción las desmerece, es una falta de respeto;
quien no entienda, que aplique el traductor de Google si quiere).
Lo dicho, Padre S., prepárame una
stanzetta generalicia de cara al mar para el 2030 (o antes, una stanzetta para
el último mono si cerramos aquí, como es probabilísimo que suceda). Y vuela,
vuela, paloma...
Ya tenemos Papa. Y todo el mundo
ha extremado la prudencia a la hora de juzgar la elección efectuada por los
señores cardenales. El movimiento de una conocida web conservadora para evitar
esta elección concreta no salió bien (se llama esto vender la piel del oso
antes de cazarlo). Y muchos de los que se mueven con amplio público en las
redes han saludado positivamente la elección, entre ellos declarados
conservadores que “temían” otros candidatos peores.
También es curioso ver cómo el
obispo Strickland, a quien la fumata blanca pilló de invitado en un canal de
Youtube, aguanta admirablemente el tipo y, aunque deja ir una velada crítica al
nombramiento de obispos desde el Dicasterio correspondiente, no suelta, como
probablemente haríamos usted y yo, un recordatorio tal como “le conozco bien,
porque este tío es quien firmó mi remoción de la diócesis de Tyler”.
Las expectativas que puedan
provenir de su biografía no parecerían demasiado alentadoras. Para una visión
tradicional superficial, Prevost sería una síntesis de lo peor de la Iglesia
norteamericana (woke, dem, antiTrump) y de lo peor de la Iglesia sudamericana
(teología de la liberación). De continuar en la misma línea, tan cercana al
Papa Francisco, lo lógico sería esperar que el declive numérico y cualitativo
de la Iglesia católica no se frene sino que se acentúe. En sus primeras
palabras ha hablado de sinodalidad, de diálogo y de misión. Habrá que esperar para
ver cuál es la palabra que privilegie en su acción. Si da prioridad a la
sinodalidad, que sólo ha provocado división ad intra e indiferencia ad extra,
no iremos bien, aunque tampoco hay que exagerar los temores horripilantes que manifestó
el cardenal Zen. La sinodalidad es simplemente un entretenimiento; su
pretendida esencialidad eclesial no se conjuga bien con 1990 años de vida de la
Iglesia durante los cuales no necesitó calificarse de sinodal. Si León XIV acentúa
el diálogo asimétrico (el mundo escucha poco y habla mucho), tendremos la
bendición de la agenda 2045 (este es un
Papa joven, así que este puede ser un pontificado realmente largo); sí, ya sé
que los verificadores oficiales niegan acérrima y unánimente la existencia de
tal Agenda, lo cual supone, en mi opinión, una razón clara para no dudar de su
realidad. Si el Papa León XIV se toma en serio la misión, el envío de ir al
mundo entero, bautizar, hacer discípulos y transmitir el evangelio, tendrá que
echarle valentía. La sinodalidad es fácil, inútil y entretenida sí, pero fácil.
El diálogo, salvo que sea un diálogo evangelizador y no un mero cambio de
impresiones, es pura diplomacia posibilista. Pero la misión hoy es seguimiento
martirial, parresía temeraria, combate con el espíritu del mundo, a tiempo y a
destiempo.
Personalmente estoy esperanzado.
Si un intelectual ratzingeriano puro y duro como Gotti Tedeschi, no sólo se muestra
esperanzado con los primeros signos de León XIV, sino que incluso cuenta que descorchó una botella de champan, ¿quién soy yo para tener una
visión negativa?
La vida te da sorpresas,
sorpresas te da la vida, decía la canción. Y nuestra fe nos dice que es así. La
Vida (el que es Camino, Verdad y Vida) puede siempre sorprendernos. También
ahora.