Leyendas y tradiciones populares suelen tener un trasfondo histórico. Este queda obnubilado cuando sobre aquellas leyendas y tradiciones se superpone una ficción literaria exitosa. Sobre la organización “secreta” panormitana de los Beati Paoli ha ocurrido tal superposición. Probablemente el estudio histórico más fundamentado sea todavía hoy (reconozco que en esto es posible que mi conocimiento sea obsoleto) el de Francesco Paolo Castiglione publicado en 1999.
El origen del grupo, de acuerdo con el conjunto de datos, se situaría hacia 1516-1517 en conexión con las revueltas populares contra los virreyes Hugo de Moncada y Héctor Pignatelli. Probablemente este tribunal-secta de los Beati Paoli, que, al parecer, se reunían encapuchados en los subterráneos de Palermo (se han señalado la gruta de los jardines de la Curcuma y bajo la iglesia de S.Maruzza), acababan con el empleo de la violencia como alternativa al poder institucionalizado, hasta el punto de que andando el tiempo serían considerados popularmente como defensores del pueblo humilde.
En el siglo XIX las tradiciones
sobre los Beati Paoli serán instrumentalizadas ideológicamente y en el siglo XX
las novelas del hábil escritor Luigi Natoli (con el seudónimo de William Galt)
conocerán una enorme difusión; los oscuros sicarios se convertirán, por esta
vía, en una especie de superhéroes justicieros en el sentir popular. Tanto es
así que si como precedentes históricos de los Beati Paoli se señala al grupo de
los Vendicosi del siglo XII, los mafiosos de Cosa Nostra se pretenderán ellos
mismos como continuadores de los Beati Paoli. Si hacemos caso al tal vez nunca del
todo fiable Saviano, la novela de Luigi Natoli ha sido la lectura preferida de
los capos sicilianos.
¿Por qué traer a este blog a los
Beati Paoli? Porque hay un interrogante todavía por resolver. Algunos creen que
el nombre de la secta deriva de la Orden de San Francisco de Paula; Castiglione
afirma que los Beati Paoli con la Orden “in qualche maniera hanno a che fare” y
cree que fueron identificados (en su origen en el siglo XVI) por el pueblo con
los hombres del Biat’i Paula (= Beato de Paula, es decir, San Francisco). ¿Qué
relación hubo auténticamente entre los Mínimos y los Beati Paoli? Este es el
interrogante por resolver. Existe din duda una cierta contemporaneidad en
cuanto que el convento de Santa Oliva tiene su origen en la cesión en 1518 a
los Mínimos (inducida por Pignatelli) de la iglesia entonces perteneciente a
una cofradía de sastres. Añádase a esto
la fundación, también impulsada por Pignatelli, del monasterio de Mínimas de
los Siete Ángeles. Castiglione asegura que tanto el convento de los frailes
como el monasterio de las claustrales tenían en su subsuelo subterráneos y
cavernas. ¿Procede, pues, el nombre de Beati Paoli de algún vínculo con la
Orden de San Francisco de Paula? Esperemos que algún día algún estudioso mínimo
siciliano sea capaz de hacer luz sobre este misterio.
Aunque no tenga relación directa
con el tema, ignoro el porqué, cuando redactaba este post, he recordado las
palabras, tan inoportunas como reveladoras, de un anciano Padre que había sido
Corrector en Palermo. Las escuché en 1994 (en 1992 habían tenido lugar los explosivos
atentados contra Falcone y Borselino), decía que en su tiempo (sic) la Mafia “no
era tan sanguinaria…”. No sé qué quiso decir exactamente. Qui habet aures
audiendi, audiat…
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