Yo no
sería capaz de indicar cuales tendrían que ser las cualidades ideales de un
Corrector General de la Orden Mínima. Pero hubo quien, desde fuera, sí se veía
capaz de enunciarlas.
Situémonos en 1788; en mayo de aquel año el Capítulo General
reunido en Barcelona eligió como Corrector General al valenciano Padre
Castrillo, quien al mes siguiente se hallaba en el convento de San Sebastián de
Valencia. Allí fue visitado y agasajado públicamente por el Ayuntamiento y uno
de los regidores, Vicente Guerau de Arellano, pronunció entonces un discurso
que expresaba el contento de la ciudad por el hecho de que uno de sus naturales
hubiese llegado al Gobierno supremo de la Orden mínima. Por suerte sus palabras
se imprimieron. Cuando lo leemos nos percatamos de que o conocía muy bien la
historia de la Orden o se la inventaba con
un descaro sin igual. Porque hacia el final va señalando virtudes que decía habían caracterizado respectivamente a diferentes Generales de la Orden en el buen deseo de que en
Castrillo se dieran todas ellas. Así, pone de relevancia el celo de Durand, la
vigilancia de Vico, la prudencia de Estela, la piedad de Gasch, la moderación
de Sirera y la sobriedad de Cuzzolini. O sea que esperaba que su paisano
Castrillo fuera celoso, vigilante, prudente, piadoso, moderado y sobrio. Casi ná.
El hecho está narrado por Padre
Vatronville y fue recordado hace 70 años por Pio Pecchiai. Corría el año de
gracia de 1593 y el Pontífice felizmente reinante (Clemente VIII) decidió que
había llegado el momento de colocar la cruz sobre la cúpula de la Basílica
Vaticana. Fijó para ello fecha: el 18 de noviembre. En la mañana de aquel día,
ante una gran multitud, el Papa bendijo la cruz, disponiendo que se preparara todo para colocarla en lo alto de
la cúpula a primera hora de la tarde. Así se hizo. Papa y cardenales, desde un
distante balcón, contemplarían la escena. A la hora preestablecida el obispo
encargado de cumplir el rito llegó convenientemente revestido y casi sin
aliento por los muchos escalones a los pies de la cúpula. Arquitectos y
maestros de obras le indicaron donde debía subir a colocar con sus manos ritualmente
la cruz (por supuesto, asegurada y sostenida por fuertes cuerdas). El problema
es que a algunos las alturas no nos sientan bien. Y al buen hombre le entró
canguelo y empezó a sudar a la sola idea de tener que trepar sobre los andamios
superiores. Pasó un cuarto de hora y no se decidía. El Papa empezó a impacientarse
y envió emisarios a inquirir qué era lo que estaba fallando. Por más que los que
allá arriba le rodeaban trataban de animarle, al pobre obispo le era imposible
dar un paso hacia la dirección correcta.
A la sazón había un fraile oblato
mínimo, fray Nicolás Lecomte, destinado desde hacía tres años en el convento de
la Santísima Trinidad. No sólo había asistido por la mañana al acto de la
bendición, sino que había conseguido mezclarse entre los operarios y prestarles
buena ayuda. Sabiendo que la cruz sería colocada por la tarde, no regresó al
convento. Más todavía, decidió seguir de cerca aquel acontecimiento, subió
hasta donde había de culminarse y cuándo le preguntaron qué hacía allí dijo la
mentirijilla piadosa de que le había enviado el Papa. Total que al pasar los
minutos sin que el obispo se atreviese a culminar la labor, su excelencia
reparó en aquel joven fraile mínimo y le dijo algo así como “Hazlo tú”. Fray
Nicolás se arrodilló y musitó un “non sum dignus”, pero, percatándose de que
era necesario y urgente desbloquear la situación, finalmente, recibida la
bendición episcopal, se encaramó, tomó la cruz con ambas manos (más que
sostenerla, de lo que ya se encargaba el conjunto del cordaje, se trataba de
situarla) y logró erguirla y plantarla adecuadamente sobre la cúpula.
Dispararon sus salvas los cañones del castillo, entonaron sus cantos los coros
eclesiásticos y la multitud aplaudió enardecida. Ni San Francisco de Paula con
sus milagros obtuvo nunca un éxito tan multitudinario.
La nueva Guía Litúrgica-Pastoral
2025-2026 de la Orden de los Mínimos nos ha traído la sorpresa de un nuevo
Calendario Litúrgico aprobado por el Dicasterio para el Culto Divino el 1 de
noviembre de 2025. Por supuesto, en el Dicasterio es probable que se hayan
limitado a recoger con pocas o ningunas modificaciones lo propuesto por la
Comisión Litúrgica de la Orden. Los cambios son suficientemente significativos.
Empecemos por los que atañen al
patronazgo de los terciarios mínimos. Queda establecido San Francisco de Sales
como Patrón principal de la Tercera Orden, por lo que se celebrará como fiesta,
en tanto que Santa Juana de Valois queda relegada a simple Patrona secundaria;
como segundona, su celebración queda en simple memoria. No pasa nada. No sé si
en la Comisión Litúrgica había alguna terciaria, pero está claro que no había
ninguna feminista. Históricamente hay que reconocer que sobre San Francisco de
Sales hay cierta constancia de su adscripción como terciario en tanto que de
Santa Juana la pertenencia se situaba en el campo falible de la suposición. Es curioso que se aduzca como justificación
para este cambio la disposición De Patronis Constituendis, porque, si no me
equivoco, es una norma de 1973 (de los tiempos de Tabera-Bugnini), lo que equivale a decir que la Orden, con la
anuencia del Dicasterio, la ha estado contraviniendo durante 52 años.
De otro terciarios históricamente
dudosos en su condición mínima como San Juan de Dios y San Vicente de Paúl se
conserva la memoria obligatoria, aunque al estar incluidos, independientemente
de tal condición, en el Calendario Romano, para el caso viene a ser lo mismo.
Todos los beatos se celebran como
memoria facultativa, así que en el futuro, algunas tan recientes como las
mártires mínimas de Barcelona beatificadas hace 12 años o alguna como la del Beato Gaspar de Bono
después de casi dos siglos y medio de veneración, sus respectivas celebraciones
dependerán ahora en nuestras Comunidades de la particular devoción del
Superior. En un alarde de coherencia, no se les ha ocurrido otra cosa que
decorar la tapa del Calendario con una pintura que representa al desde ahora facultativo
Beato Carlos Hurtrel.
Pero el cambio más significativo
es el haber establecido como Patrona de la Orden a la Virgen del Milagro,
mandando a San Miguel Arcángel al trastero de los segundones. Resumiendo, que
nuestro arcángel patrón con veneración inmemorial y Patrón oficial desde 1670,
se ve substituido, tal vez porque no peleaba suficientemente por nosotros, por
una advocación mariana de 1842. Esto es desprecio por la historia y centralismo
romano. Y si alguien osa discutir estas determinaciones seguramente aprovecharemos
para tacharle de poco mariano. O de demasiado progre, por acusar a la reverenda
Comisión Litúrgica de machismo y centralismo. Pues nada, que a uno de pronto le
ha dado por la sinodalidad bien entendida...
Todavía mi padre era de los que
pensaban que la vida religiosa era para los inútiles que no servían para otra
cosa. Sólo la experiencia familiarmente cercana le hizo cambiar de opinión.
Pero es verdad que hubo un tiempo en que la vida religiosa era una manera de
“ganarse” la vida. Esto se daba especialmente en los ambientes rurales y en las
vocaciones de hermanos oblatos, gente con mentalidad práctica aunque con
dificultades para los estudios reglados. ¿Puede la motivación material ser un
impulso, siquiera inicial, de las vocaciones? Tal vez, no lo sé. Hace años, en
los tiempos del reclutamiento, los seminarios menores o las escuelas
apostólicas como se llamaban en los Mínimos ofrecían la oportunidad de una
formación asequible para miembros de familias poco pudientes. De hecho, en la
Orden Mínima en España todavía el 75% de los miembros proceden de aquel
sistema, lo cual deja en muy mal lugar a los encargados de la pastoral
vocacional de las últimas décadas, pues aquel sistema de reclutamiento terminó hace más de
50 años. Volvamos a la pregunta formulada de otro modo: ¿sale a cuenta ser
seminarista o religioso? En términos generales, podemos decir que sí,
especialmente si contamos con comunidades religiosas económicamente potentes o
con sacerdotes que pueden habitar casas parroquiales decentemente arregladitas
y cuyos suministros van a cargo de la parroquia. No tanto cuando las
comunidades carecen de recursos o las casas parroquiales son una ruina. Recuerdo una propaganda del día del seminario
de hace una docena larga de años que generó cierta polémica porque utilizaba
como uno de los argumentos: “te prometo un trabajo fijo”.
A ver, trabajo hay, y más oferta de empleo que demanda,
eso es cierto. Pero si pasamos al aspecto retributivo tan a cuenta no sale.
Después de 6 años de estudios superiores difícilmente se hallará una profesión peor
remunerada materialmente. Recuerdo una propaganda más acertada de los
seminarios norteamericanos que decía: “el trabajo es duro, pero la recompensa
es eterna.” Hombre, si nos ponemos sub specie aeternitatis las cosas cambian.
Pero vayamos a nuestra vida en el
tiempo con un ejemplo práctico. Advierto, como en las películas, que cualquier
parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero es obvio que, como en las
películas, esto está basado en hechos reales. Imaginemos alguien que entra en
un seminario o en un aspirantado religioso hace treinta y cuatro años. Alguien
normalito, adulto, no un jovencito imberbe que no ha trabajado un solo día,
sino alguien que tenía ya desde muchos años atrás eso que se llama un “trabajo
fijo”. No hablamos de un ejecutivo ni de un directivo, sino de un simple
administrativo con dilatada experiencia laboral. Pues bien, esa imaginaria
persona percibía en octubre de 1991 un salario bruto mensual de 181.000
pesetas; una vez deducidas las cotizaciones sociales y la retención de
impuesto, esto se quedaba en un salario líquido de 134.000 pesetas. Convirtamos
esa suma a euros y nos salen, si no me equivoco, 805 euros. Supongamos que esta
vocación va adelante, se ordena sacerdote, percibe el salario mínimo (que es lo
corriente en la retribución de los presbíteros) y en el año 2025 se jubila. Percibirá
entonces una pensión mensual que asciende a la generosa suma de 874 euros. O
sea que después de 34 años aquel salario líquido se ha convertido en una
pensión un 8,57% superior. No está mal, a no ser que tengamos en cuenta que la
inflación acumulada entre aquel octubre y este enero es aproximadamente de un
145%. Hombre, entonces muy a cuenta no
sale. Recuerdo lo que decía un profesor universitario de historia hablando de
vocaciones, que él solucionaba rápido el problema, simplemente“se le dobla el sueldo a los curas y se les
pone coche de empresa”. Por supuesto, para financiarlo pensaba, como tantos, en
una televisión propiedad de la Iglesia que lleva quince años perdiendo dinero.
Que no, profesor, dedíquese a la historia, que no salen las cuentas suficientemente. Que no,
joven vocacionado, que si se trata de lo material no sale a cuenta.
“O Dio, la Chiesa romana in mani
dei catalani!” es la exclamación, atribuida por algunos al cardenal Bembo, por
otros a algún Colonna y, en definitiva, a la generalidad de los romanos con
ocasión de los pontificados de Calixto III y Alejandro VI, frase que, dicho sea
de paso, le sienta como un tiro a buena parte de la actual sociedad valenciana
que ni por asomo (ni siquiera en el terreno linguïstico) quiere identificación
alguna con Cataluña y frase que suena a música celestial para la otra parte
catalanófila.
Hay tradicionalmente un sector de
catalanes, agrupados en la entidad Institut Nova Història, que reivindica atrevidamente como propios
personajes y logros, algunos de ellos de una forma tan extrema y con una
metodología tan chusca que provocan la chanza de la gente medianamente
ilustrada.
Esto viene de lejos. A finales
del siglo XIX se publicó una breve biografía del mínimo Jacinto Coma, un
personaje poco conocido, admirado por Balmes, buen predicador y fallecido en su
localidad natal (Manresa) en 1864. El biógrafo manifestaba también de pasada en
estas breves páginas su intención de seguir investigando en relación a una
pretendida catalanidad de la familia de San Francisco de Paula; lo fundamentaba
en la semejanza italianizada entre el apellido de San Francisco (Martolilla) y
el nombre de una conocida localidad barcelonesa (Martorell). No parece que llegara
a culminar tal indagación histórica, aunque en cierta ocasión, comentando este
asunto con las mínimas de Valls, me recordaron con buen humor que en su comarca
había un Santuario llamado de la Fontcalda, de forma que sugerían que podrían buscarse
allí los orígenes maternos de San Francisco. Pues nada, adelante, Jaume
Martorell y Vienna de Fontcalda.
Hasta aquí el lector estará ya
reclamando un poco de seriedad. Voy a dársela. Recurriré para ello a Odile
Krakovitch, una estudiosa que procede del campo de la Archivística y que se
doctoró en Letras con una tesis sobre la Censura teatral en el siglo XIX,
alguien de quien se podrán discutir ciertas apreciaciones (hay gente dispuesta
siempre a discutirlo todo), pero a la que en ningún modo se la podrá calificar
de poco documentada. Para los mínimos mínimamente ilustrados Krakovitch no
resulta una desconocida, ya que, entre los numerosos temas a los que ha
prestado su atención indagadora, se encuentra la historia de los conventos
mínimos parisinos. Pues bien, vayamos a un artículo escrito en 1979 y publicado
en 1981 en la revista Paris et Ile-de-France (donde se recogen las Memorias de
las sociedades históricas y arqueológicas de la zona) sobre el convento mínimo
de la Place Royale de París, un artículo tan largo que es prácticamente un
libro (171 páginas), un estudio en el que este convento, hoy completamente desaparecido,
es descrito detalladamente a partir del manejo de una documentación ingente.
Nos habla en él exhaustivamente de cada espacio, cada habitáculo, cada rincón
conventual.En un momento determinado
casi al final describe la existencia en l’arrière cuisine, un espacio de 30
metros cuadrados, de un recipiente en el cual los mínimos de Place Royale
almacenaban el aceite:
Transcribo para quien no quiera
abrir la imagen en otra ventana y leer directamente:
“(grand coffre en ) bois, garni
de plomb, où les religieux versaient l’huile qu’ils étaient obligés par leur
règle de consommer; toutes les autres graisses, on s’en souvient, leur avaient
été interdites par leur fondateur catalan, habitué à ce produit.”
Et voilà, ahí queda eso. Vinga,
Victor Cucurull, que ja en tens un altre per afegir a la llista...
Historia magistra vitae, dicen. La
última carta del mínimo Padre Angelats se conserva en Roma, en el Archivo
Generalicio de la Orden. No sabemos si es realmente la última; lo es en el
estado actual de nuestros conocimientos. Está fechada en agosto de 1936 en
Barcelona. Las cosas no pintaban bien desde hacía meses. A principios de abril
el mismo Padre Angelats había escrito al Corrector General Giuseppe Di Lauro,
haciendo la siguiente afirmación:
“Per ora stiamo tutti bene e non
ci ha successo niente, ma ogni giorni si cammina piú avanti verso ad una
rivoluzione comunista...”.
Apenas doce días después volvía a
escribir al General manifestándole los problemas económicos que la Comunidad de
Barcelona atravesaba y que desde Roma no comprendían (creyendo ilusamente que
no faltarían bienhechores) y decía
abiertamente:
“Oggi la massoneria va alla
radice, e non é possibile una reazione se non viene dal Cielo. La massoneria ha
riuscito ad impossessarsi di tutti i mezzi, di tutte le chiavi, di tutte le
forse della nazione, e cosí andiamo di male in peggio ogni giorno.”
Nueva carta en el mes de mayo:
“Umanamente parlando possiamo
dire che i moti attuali, o meglioil
andamento attuali non passaranno per un pezzo lungo ma piutosto si
aggravaranno, peggioraranno fra pocco, come tutti i giorni lo stiamo vedendo e
toccando. Loro non possono sapere nulla della gravità della situazione e
condizioni di Spagna. (...) Tutte le nostre suore mi scrivono cative notizie.”
La última desesperada carta va
dirigida no al Corrector General, sino al Procurador General Padre Tagliaferro.
La transcribimos íntegramente y exactamente, tal cual, no modificamos ni la ortografía:
“Charitas.
Rmo. Padre Giacomo Tagliaferro
Rmo. P.Procuratore Generale,
Tre volte le ho scritto dandole
le pocche notizie nostre che mi ha stato possibile.
Stiamo ancora sani e salvi, ma
senza documenti e dispersi nelle case dei nostri amici. Vogliamo partire per
Genova perche siamo sempre in grande pericolo di vita, ma non possiamo riuscire
ad ottenere il dovuto passaporto. Veda Lei ad ogni costo di mandarci per mezzo
consolare un autorevole documento di qualche ditta chiadendoci per scopi di
affari comerciali o industriali. Meglio sarebbe che Lei venisse qui
personalmente portandoci i detti documenti o altri più efficaci. Venga vestito
di borghese.
Attendiamo con ogni premura, per
carità. Saluti al Rvmo. P. ed a tutti di Comunità. Me creda suo devomo.
confrat. in C.J.
Giovanni Angelats
Barcelona 22 agosto 1936.
Calle Sagristans, 10 pral. Non mi
scriva che a mezzo del Consule solamente.”
Desde Italia o no se apreció
suficientemente la desesperación o no se pudo o no se supo hacer nada. Al cabo
de un mes el Padre Romero fue detenido y asesinado. Los Padres Angelats y
Anguera fueron a parar con sus huesos a la tristemente famosa, por sanguinaria,
cheka de San Elías, donde estaban a finales de octubre de 1936. Después nada.
Nunca más se supo de ellos.
El título es lo mejor del libro: "San Francesco – Il Santo
dei Miracoli e della Semplicità Infinita". El autor escribe, no sé si para
entretenerse o para sacarse unas perrillas, vidas de santos. No sé en los
demás, pero con San Francisco de Paula no ha estado demasiado acertado. El
libro es ya formalmente una porquería: impreso por Amazon Italia, sin paginar,
con untamaño de letra que parece ad
usum caecucentium, con los párrafos sin justificar, etc.
El mensaje puede parecer piadoso y edificante. Algunos
pasajes nos hablan de las virtudes del Santo y de sus milagros. Pero cuando
baja al terreno concreto la simplicidad infinita de San Francisco choca con la
culpable (estamos en 2025 y para algunas cosas basta la wikipedia) ignorancia
del autor. Pondré tres ejemplos:
“La regola di vita stabilita da Francesco fu approvata da
Papa Eugenio IV nel 1446...” Tal vez San Francisco tuvo episodios de amnesia y,
no recordando que tenía la Regla aprobada, siguió pidiendo su aprobación y
recibiendo negativas hasta 1493.
“Uno dei momenti più significativi fu la sua amicizia con il
re Francesco I di Francia che lo accolse con grande rispetto e ammirazione...”
Una pena que Francisco I no empezara a reinar hasta 1515, pero nada impide creer en las
amistades de ultratumba.
“Uno dei miracoli più noti è quello della traversata dello
stretto di Messina su una piccola barca fatta di legno e senza remi...” Ya se
ve qué milagro portentoso: atravesar el estrecho de Messina hacia 1470 en una
barquita hecha de... ¡madera! (y no de acero como el Titanic o de fibra de carbono como los modernos catamaranes).
En fin, si tiene usted 10,95 €, más vale (le saldrá más
rentable) que con estos calores se tome un cubata...