jueves, 12 de febrero de 2026

Crux coronat opus (cuando un oblato mínimo salió en la foto)

 


El hecho está narrado por Padre Vatronville y fue recordado hace 70 años por Pio Pecchiai. Corría el año de gracia de 1593 y el Pontífice felizmente reinante (Clemente VIII) decidió que había llegado el momento de colocar la cruz sobre la cúpula de la Basílica Vaticana. Fijó para ello fecha: el 18 de noviembre. En la mañana de aquel día, ante una gran multitud, el Papa bendijo la cruz, disponiendo que  se preparara todo para colocarla en lo alto de la cúpula a primera hora de la tarde. Así se hizo. Papa y cardenales, desde un distante balcón, contemplarían la escena. A la hora preestablecida el obispo encargado de cumplir el rito llegó convenientemente revestido y casi sin aliento por los muchos escalones a los pies de la cúpula. Arquitectos y maestros de obras le indicaron donde debía subir a colocar con sus manos ritualmente la cruz (por supuesto, asegurada y sostenida por fuertes cuerdas). El problema es que a algunos las alturas no nos sientan bien. Y al buen hombre le entró canguelo y empezó a sudar a la sola idea de tener que trepar sobre los andamios superiores. Pasó un cuarto de hora y no se decidía. El Papa empezó a impacientarse y envió emisarios a inquirir qué era lo que estaba fallando. Por más que los que allá arriba le rodeaban trataban de animarle, al pobre obispo le era imposible dar un paso hacia la dirección correcta.

A la sazón había un fraile oblato mínimo, fray Nicolás Lecomte, destinado desde hacía tres años en el convento de la Santísima Trinidad. No sólo había asistido por la mañana al acto de la bendición, sino que había conseguido mezclarse entre los operarios y prestarles buena ayuda. Sabiendo que la cruz sería colocada por la tarde, no regresó al convento. Más todavía, decidió seguir de cerca aquel acontecimiento, subió hasta donde había de culminarse y cuándo le preguntaron qué hacía allí dijo la mentirijilla piadosa de que le había enviado el Papa. Total que al pasar los minutos sin que el obispo se atreviese a culminar la labor, su excelencia reparó en aquel joven fraile mínimo y le dijo algo así como “Hazlo tú”. Fray Nicolás se arrodilló y musitó un “non sum dignus”, pero, percatándose de que era necesario y urgente desbloquear la situación, finalmente, recibida la bendición episcopal, se encaramó, tomó la cruz con ambas manos (más que sostenerla, de lo que ya se encargaba el conjunto del cordaje, se trataba de situarla) y logró erguirla y plantarla adecuadamente sobre la cúpula. Dispararon sus salvas los cañones del castillo, entonaron sus cantos los coros eclesiásticos y la multitud aplaudió enardecida. Ni San Francisco de Paula con sus milagros obtuvo nunca un éxito tan multitudinario.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Entonces se entabló una batalla en el cielo...

 


La nueva Guía Litúrgica-Pastoral 2025-2026 de la Orden de los Mínimos nos ha traído la sorpresa de un nuevo Calendario Litúrgico aprobado por el Dicasterio para el Culto Divino el 1 de noviembre de 2025. Por supuesto, en el Dicasterio es probable que se hayan limitado a recoger con pocas o ningunas modificaciones lo propuesto por la Comisión Litúrgica de la Orden. Los cambios son suficientemente significativos.

Empecemos por los que atañen al patronazgo de los terciarios mínimos. Queda establecido San Francisco de Sales como Patrón principal de la Tercera Orden, por lo que se celebrará como fiesta, en tanto que Santa Juana de Valois queda relegada a simple Patrona secundaria; como segundona, su celebración queda en simple memoria. No pasa nada. No sé si en la Comisión Litúrgica había alguna terciaria, pero está claro que no había ninguna feminista. Históricamente hay que reconocer que sobre San Francisco de Sales hay cierta constancia de su adscripción como terciario en tanto que de Santa Juana la pertenencia se situaba en el campo falible de la suposición.  Es curioso que se aduzca como justificación para este cambio la disposición De Patronis Constituendis, porque, si no me equivoco, es una norma de 1973 (de los tiempos de Tabera-Bugnini), lo que equivale a decir que la Orden, con la anuencia del Dicasterio, la ha estado contraviniendo durante 52 años. 

De otro terciarios históricamente dudosos en su condición mínima como San Juan de Dios y San Vicente de Paúl se conserva la memoria obligatoria, aunque al estar incluidos, independientemente de tal condición, en el Calendario Romano, para el caso viene a ser lo mismo.

Todos los beatos se celebran como memoria facultativa, así que en el futuro, algunas tan recientes como las mártires mínimas de Barcelona beatificadas hace 12 años  o alguna como la del Beato Gaspar de Bono después de casi dos siglos y medio de veneración, sus respectivas celebraciones dependerán ahora en nuestras Comunidades de la particular devoción del Superior. En un alarde de coherencia, no se les ha ocurrido otra cosa que decorar la tapa del Calendario con una pintura que representa al desde ahora facultativo Beato Carlos Hurtrel.

Pero el cambio más significativo es el haber establecido como Patrona de la Orden a la Virgen del Milagro, mandando a San Miguel Arcángel al trastero de los segundones. Resumiendo, que nuestro arcángel patrón con veneración inmemorial y Patrón oficial desde 1670, se ve substituido, tal vez porque no peleaba suficientemente por nosotros, por una advocación mariana de 1842. Esto es desprecio por la historia y centralismo romano. Y si alguien osa discutir estas determinaciones seguramente aprovecharemos para tacharle de poco mariano. O de demasiado progre, por acusar a la reverenda Comisión Litúrgica de machismo y centralismo. Pues nada, que a uno de pronto le ha dado por la sinodalidad bien entendida...