Aquí les tengo acostumbrados a la pertinacia de meter el dedo en la llaga, de señalar a veces más sombras que gozos. Pero en nuestra Orden, no faltando mediocridad, confusión y hasta a veces una preocupante indefinición, hay también excelencia, una excelencia frecuentemente escondida y que, por tanto, hay que divulgar. Que sí, que entre nosotros/as hay quien emprende, con mayor o menor consciencia, la "via pulchritudinis". Hoy ahí vamos con un poema-canción de Sor Rosa María, un de las mínimas de Daimiel destinadas en su día a cruzar el mundo para implantar la Orden en Filipinas. Nada, que lo disfruten. De nada, de nada, uno que es así....
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