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jueves, 24 de abril de 2025

De mortuis nihil nisi bonum?

 El clásico adagio tiene en sí mismo, a partes iguales, cortesía e hipocresía. Además, sólo tiene validez durante un tiempo limitado. De lo contrario, toda la historia sería o una apología continuada o un silencio vacío. Si toda historia es ya de por sí un relato más o menos literario, llevar a las últimas consecuencias el nihil nisi bonum la convertiría en pura distorsión. Esta distorsión a veces conviene a los políticos y, dependiendo de la ideología de los vivos, en España tenemos palmarios ejemplos, no sólo recientes sino actualísimos.

Lo decía mi profesor de derecho canónico (durante mis estudios eclesiásticos) cuando tocaba el tema del Romano Pontífice: “piensen ustedes que el Papa es intocable, métanse con todos los organismos vaticanos cuanto quieran, pero el Papa es intocable”. Eran los tiempos de Juan Pablo II y otro profesor de derecho canónico (este en la Universidad civil) comentaba el recién aprobado CIC haciendo repetidas referencias positivas, sin duda de interpretación extensiva, a los documentos del Concilio, añadiendo una y otra vez la coletilla para nada positiva: “aunque con este Papa que tenemos ahora...”. Algunos de mis lectores recordarán, conforme a esta orientación, algún chiste sobre la imposibilidad futura de otro Papa polaco mientras Dios sea Dios.

Todo esto viene a cuento de que durante el pontificado de Papa Francisco me he guardado muy mucho de opinar sobre él, sobre su Magisterio, sobre su “magisterio” y sobre sus declaraciones en los aviones. Nunca en una homilía podrán decir los fieles que me han oído atacarle ni nada parecido. También es cierto que le he citado poco (sólo ocasionalmente en relación con la murmuración) y que mi gran referencia inmediata sigue siendo Benedicto XVI, de quien siempre, leyéndolo y oyéndolo, aprendí algo nuevo. Con Francisco, después de leer Fratelli tutti y de donde reconocía explícitamente haber sacado la inspiración preferí no leerle demasiado. Pero una vez fallecido, ¿se puede o no expresar un parecer sobre su pontificado?

Nuestra Regla manda a los frailes que, respecto al Papa, fideliter oboediant. No es poca cosa, teniendo en cuenta lo obediente que fue nuestro Fundador. Nunca en el trecenario se dirá que para hacerle ir a Francia Sixto IV tuvo que enviarle dos obediencias, una de ellas bajo pena de excomunión. Como decía un fraile bromista, se recibió la primera obediencia y San Francisco preguntó al portero: “¿esto ha venido por correo ordinario o por correo certificado?”. “Por correo ordinario, buen Padre”. “Ah, entonces hacemos como que no lo hemos recibido”. Llegó la segunda y ahí tuvo que obedecer, no se habló más,  a preparar la mochila y para Francia.

Los redactores de nuestras actuales Constituciones eran más papistas que el Fundador, así que, no contentos con la obediencia, añadieron la profunda veneración. El Directorio se limita a agregar que a la muerte del Sumo Pontífice cada sacerdote aplicará una misa en sufragio por él.  Eso está hecho, aunque no sé si le servirá de algo. Anunciando su deceso, el cardenal Farrell dijo: “è tornato alla casa del Padre”. En el evangelio el que vuelve a la casa del Padre es el hijo pródigo; no creo que sea el caso aplicable. Es verdad que en la casa del Padre hay muchas moradas y si lo que quiso decir el cardenal camarlengo es que el Papa Francisco ya tiene allí su morada, su plenitud de vida y bienaventuranza preparada por Jesucristo, no sé qué leches hacemos ofreciendo sufragios y oraciones absolutamente superfluas. Nuestro Cardenal Omella, sin ser ninguna lumbrera, estuvo más acertado, indicando que Papa Francisco ha ido al encuentro de Jesucristo (aquí tuvo un momento de duda, como quien va a decir Juez, casi se le escapa)...Salvador, bien, entonces sí es indicado rezar por él.





En fin, la persona será juzgada, como cada uno de nosotros, por Jesucristo. Pero no es ilegítimo humanamente preguntarse sobre su pontificado. ¿Ha sido un magisterio de claridad, de entusiasmo de ser católico? ¿Ha defendido la verdad católica, la moral católica, la belleza cultual? No sé yo... Para mí, y no creo ser una excepción, el contraste con el pontificado anterior ha sido demasiado notable. Benedicto emitió Summorum Pontificum no sólo en favor de la unidad, pero también por ella. Francisco emitió Traditionis Custodes pretextando la unidad y me parece que consiguiendo el efecto contrario. Benedicto recordó que, antes del diálogo, está la misión. Francisco, por si a alguien no le quedara clara la importancia suprema dialogal, clamó repetidamente, insistentemente, contra el proselitismo. En realidad, el final del evangelio de Mateo probablemente se deba a la comunidad del evangelista y, por tanto, no hay que tomar al pie de la letra, como ipsissima verba Iesu, eso de ir a bautizar y hacer discípulos enseñándoles a guardar todo lo que Jesucristo enseñó, cuando en realidad el Señor lo que dijo es que hay que dialogar, que to er mundo es güeno. Una eficiente crítica textual nos mostraría también que lo de que el sí sea sí y el no no tampoco lo diría nuestro Señor, pues es cosa propia de quien piensa intolerantemente que posee la verdad. Hubo una generación de vocaciones sacerdotales procedentes de Juan Pablo II y su contagio juvenil. Hubo una discreta pero bien preparada generación de vocaciones sacerdotales con Benedicto. No estoy muy seguro que haya sucedido lo mismo con Francisco. Además, buena parte del laicado, el más popular, se ha sentido a veces confundido, mientras que el más rectamente instruido (el que mejor conoce el Catecismo, por ejemplo) se ha escandalizado ante ciertas ambigüedades, ha perdido el miedo y a través de las redes ha dicho muchas cosas que Obispos y sacerdotes hemos disciplinadamente callado. No todos callaron, es cierto. Pero quien se atrevió a hablar pagó un precio (la destitución), con la pena añadida de que los medios no apliquen ningún discernimiento y manden a todos los opositores al mismo saco, lo cual es manifiestamente injusto (no es lo mismo Strickland que Viganó).

Tal como yo lo veo, el Papa es como un controlador de vuelo que tiene que procurar que cada creyente aterrice en el suelo firme de la santidad. En el aeropuerto del pontificado de Francisco la sensación ha sido caótica. Recuerden el episodio de Anke de Bernardinis, aquella anglicana que le preguntó al Papa cómo alcanzar la comunión con su marido católico, es decir, sobre la posibilidad de participar juntos plenamente en la Cena/Eucaristía. La respuesta fue un me parece que sí, me parece que no, para finalmente desembocar en un “aterriza como puedas”. Si la respuesta final es esta, entonces...¿para qué sirve el Papado? No hace muchos días un músico católico se preguntaba análogamente para qué sirven los obispos.



Desde luego ha sido el pontificado del diálogo (?) interreligioso. Lo dudoso es que tal diálogo haya servido para algo, si no para blanquear una fe que va creciendo en Europa de forma exponencial, que es sólo pacífica en apariencia, que es impulsada globalísticamente y que sólo algunos temerarios se atreven a denunciar. Además, para acentuar la propia irrelevancia no hay nada mejor que tirar piedras sobre la propia cabeza, abrazando el indigenismo hasta el ridículo canadiense. Todos hermanos, aunque algunas voces europeas sigan empeñándose en hablar de sustitución étnica programada. Yo no utilizaré esta expresión tan temeraria, tan alocada, tan agresiva y no lo haré, porque me parece intelectualmente rebuscada. Al pensamiento políticamente correcto le molesta; para mí, es puro almíbar. Pienso que podemos hablar más directamente: lo que está en marcha, si no hay una evangelización decidida, un crecimiento de la fe cristiana real, es un verdadero etnocidio. Se trata de borrar del mapa la fe cristiana y la cultura de ella derivada. El último pontificado, que clamaba tan insistentemente contra la injusticia, no se ha caracterizado precisamente por defender la propia identidad. Ni por denunciar la exacerbada y sangrienta persecución del cristianismo que se está dando, gracias a los querídísimos hermanos todos, en otros lugares del planeta, particularmente en África.  Por eso, no es de extrañar que a alguien en estos días se le hinchen las narices y exabruptos usualmente injustificables se vuelvan justificados.



El Papado de un religioso, de un jesuita, ¿ha servido para revitalizar la vida consagrada? Aparte del espaldarazo que han supuesto ciertas orientaciones sinodales para algunas monjas reivindicativas, la mayoría ya de una edad provecta, ¿se ha impulsado la vida religiosa? ¿Han crecido las vocaciones? No me lo parece. ¿Ha aumentado en nosotros, los consagrados, la conciencia de nuestra vocación, el ánimo a ir adelante en un ambiente hostil? Bah, muchos han abandonado y otros misteriosamente hemos seguido, sin que yo pueda hallar otra explicación que el jeremíaco fuego ardiente prendido en los huesos, del que ni siquiera con un pontificado como este podemos algunos desprendernos...



En cuanto a la moral, dejando aparte las llamadas a la justicia, a la inmigración sin límites ni normas (salvo por lo que se refiere a entrar en la Ciudad del Vaticano), a la lucha contra el cambio climático (ay, ay, el lamento doloroso del planeta), no puedo menos que recordar cuando dijo que vacunarse con una vacuna (que más que una vacuna se parecía a una terapia génica experimental, digo se parecía, no digo yo que lo fuera) era una obligación ética... Sólo conozco a una persona que, padeciendo un  cáncer, murió de covid. Pero en cambio sé de más de una que, aparentemente sana, falleció inesperadamente de fulminante ictus cerebral o algo parecido. No sé si alguien se atreverá a preguntarse cuántos muertos por covid hemos tenido en la Orden o si algún deceso, no precisamente de un anciano, no sería atribuible a tan obligatoriamente ética inoculación. Nunca sabremos, pero es indiscutible que en el régimen de privación de libertades que supuso la pandemia, la Iglesia bajo el pontificado de Francisco no fue una instancia crítica y servicial, sino que siguió obedientemente los dictados de la oligarquía: iglesias cerradas, promoción del pánico, quédate en casa, después distancia de seguridad, mascarillas, soluciones hidroalcohólicas (todavía hoy en mi parroquia la mayoría de los feligreses se da la paz con distantes cabezadas, y mi longevo párroco todavía no se decide a poner agua bendita en la pila de la entrada, porque nunca se sabe...)

No puedo sinceramente hacer un balance positivo de este pontificado. Mis pocas luces no me permiten siquiera descubrir los logros de la cacareada sinodalidad. Pero pienso que Francisco será beatificado muy pronto. Basta con que se abra el proceso y declare como testimonio nuestro Presidente Pedro Sánchez, quien ha manifestado su devota admiración por el Papa difunto. Pedro Sánchez ha obtenido, tal vez invocando a Francisco, un prodigioso milagro: aumentará el gasto en defensa en 10.000 millones de euros sin subir impuestos, sin crecimiento de déficit, sin disminuir gasto del estado del bienestar. ¡Puro milagro! También es verdad que resulta tremendamente doloroso que el milagro, por intercesión de un Papa pacificador, se produzca exactamente para preparar la guerra, en lugar de adecentar las prestaciones de  dependencia o la atención a los enfermos de ELA, pero bueno, para estas cosas ya tenemos la eutanasia que, por ser más asequible, requiere menos presupuesto y no precisa mediaciones sobrenaturales para su financiación. En cualquier caso, ¡santo subito!

 A algún otro, sin embargo, le tocará esperar:


viernes, 21 de marzo de 2025

“Che guardi lo suo e non sa impachi de le cose de altri” (San Francisco de Paula)

 Parece que los jerifaltes de Europa occidental se han empeñado en hacer sonar los tambores de guerra. Cuando del otro lado del Atlántico se han posicionado en pro de una pacificación, de esta parte se pretende seguir con la confrontación y se insiste en la necesidad de rearmarse. Algunos paragonan el momento presente con las circunstancias que precedieron al estallido de la Primera Guerra Mundial. Los Mínimos en esto, como en todo lo demás, pintamos poco y oficialmente no haremos sino lo que hizo oficialmente la Iglesia de Papa Francisco cuando la pandemia: dejarse llevar y obedecer a lo que la oligarquía y los medios por ella subvencionada nos manden. Tocaba entonces encerrarse y vacunarse, de modo que a los que no sucumbimos a las repetidas consignas se nos predecía la enfermedad y la muerte (Draghi dixit). Ahora toca aumentar el gasto en defensa y hasta, si cabe, mandar tropas a la Europa oriental. Pero a algunos díscolos nos da por recordar a San Francisco de Paula, al real, al histórico, no a ese ficticio pacificador interreligioso que nos ha querido presentar últimamente alguno de nuestros pastoralistas mínimos. San Francisco oraba por la paz “entre los príncipes cristianos”,  porque el peligro estaba entonces en el Turco, como ahora lo está en el Panislamismo creciente tan protegido por las oligarquías antes mencionadas. Podemos recordar la declaración del testigo tercero del proceso cosentino:

“...Francisco Patre per quello che Dio ve spira che serano di queste guerre se fano in Tuschana dicto frate Francisco dixe queste guerre sarano niente che se sopiranno ma io vedo  de mo lo Turcho intrato in questo reame ma lo agio scritto alla Maesta del Signor Re che guardi lo suo et non sa impachi de le cose de altri...”

Cambiemos Toscana por Ucrania. No se nos ha perdido nada en Ucrania. Y sé que esto puede sentar muy mal a alguno de los frailes mínimos ucranianos (probablemente ninguno de ellos nacido en el Dombás). Pero me bastaría recordarles que los 200.000 y pico de refugiados ucranianos que tenemos en España no son todos ancianos y niños, sino que una tercera parte son adultos (de uno y otro sexo, seamos igualitarios) en edad militar. Así que pónganse las botas y vayan ellos los primeros/as a morir a las órdenes de ese personaje que se pasea por las Cancillerías y los medios de comunicación vestido de caqui, como si fuera Arafat redivivo. Aquí tenemos una amenaza creciente y real que viene del Sur y no del Este. Sabemos, a no ser que queramos engañarnos, que el Reino de Marruecos tiene los ojos puestos no sólo en las plazas de soberanía de Ceuta y Melilla sino en las mismísimas Canarias. Es sólo cuestión de tiempo y si de momento no hay conflicto abierto, es por la multitud de concesiones comerciales, tecnológicas y financieras que desde España se están haciendo al reino alauita. Lo que una vez fue tierra musulmana debe serlo siempre, así que después de todo, no harían, bajo su perspectiva, más que recuperar lo suyo (el Islam ha retrocedido en pocos lugares: España, Israel, los Balcanes, pocos más).   Y cuando haya conflicto lo vamos a tener muy mal con un millón de marroquíes en nuestro país, sin contar los nacionalizados (que crecen a razón de cincuenta mil cada año) y que, por muy nacionalizados que estén, conservan la fidelidad personal y espiritual  a su rey de origen. Quien quiera engañarse  imaginando una integración efectiva de esta población que lo haga (los atentados del 17-A los llevaron a cabo jóvenes modélicamente integradísimos). La realidad es tozuda.

Es difícil en la actualidad orar por la paz “entre los príncipes cristianos”, principalmente porque de cristianos tienen poco. Piénsese sólo que nuestro Jefe de Estado ostenta nada menos que el título de Rey de Jerusalén y que, cuando su toma de posesión, no se hizo ni un modesto Te Deum. Bueno, al menos en los homenajes a los caídos tararea “La muerte no es el final”. Algo es algo.


Menos exportable es aun la idea a otros Estados europeos. Sea como sea, algunos de los gendarmes de la Comisión Europea + Reino Unido han dado el pitido de salida y hale, todos a las armas, aunque cuando escribo esto se dice que Trump y Putin han mantenido una conversación de dos horas que podría haber encarrilado la paz.



 Me acuerdo que hace cuarenta y cinco años, durante mi servicio militar, estábamos con mi camarada Ignasi rellenando los cargadores para el chopo, cuando al tipo no se le ocurrió otra idea que con la punta de una de las balas golpearme con fuerza en el antebrazo. Solté un grito de dolor y no me acuerdo si me acordé de su madre, aunque apostaría que sí. Pero recuerdo su respuesta: “Imagina’t amb la mala llet que surten del fusell”. Sí, con la fuerza con  la que salían del CETME, aunque procedieran de 500 metros de distancia, aquellos proyectiles tenían que doler indudablemente muchísimo. 


Pienso yo que si alguien les diera un golpe en el trasero (que es parte más acolchada que el antebrazo) con la punta de un proyectil de calibre 7,62 a los Macron, Von  der Leyen, Ribera, Starmer, Sánchez, Feijoo, etcétera, acaso tendrían un incentivo para meditar mejor ciertas decisiones... Pero lamentablemente eso no va a ocurrir, así que lo más probable es que en un plazo relativamente corto nos encontremos con la estúpidamente enésima versión de “Armiamoci e partite” y la inmensa mayoría salga, como cuando la pandemia, espoleada por la “pedagogía” de los medios de comunicación subvencionados, a aplaudir, como zombies, a los balcones.


Ya ven, uno se pone con el blog y se mete hasta en cuestiones de política internacional (caramba, cuidadín, recuerdo que nos dijo el Padre General que hay que escuchar al mundo, por tanto, chi obbedisce non sbaglia como decía mi Maestro de Noviciado). Pillo el blog y crece mi atrevimiento, no puedo evitarlo, me ocurre como a Harry Dean Stanton RIP en la greatest night de su vida, que cuando pillaba la armónica, era capaz de cortarle el canto al mismísimo Kristofferson RIP (como si este no tuviera bastante penitencia con Johnny Depp a su derecha haciendo el tonto con la guitarra); pueden verlo aquí (y noten cómo Paz Lenchantin, la bajista minifaldera, invita a otros a acercarse, pero ella se mantiene a prudente distancia, como para no contagiarse de la locura de aquellas viejas glorias):


(Esperando de corazón que “el mañana que se vaya al diablo” sea sólo literatura musical, lyrics, hablar por hablar)


viernes, 13 de diciembre de 2024

Carta de Adviento 2024

  


-            --Minimus, que ya se ha recibido la carta de Adviento del Corrector General.

-          -La he leído, se lee rápido, son sólo dos páginas esta vez. El eficiente blogger de Mínimos en familia ya la hapublicado.

-          -El título está bien: “Peregrinos de esperanza por el camino de la paz”.

-          -Muy adecuado, ahora que precisamente suenan tambores de guerra.

-          -Y  así, en general, ¿qué te ha parecido?

-          -Pues, a bote pronto, no sé si es la Carta de Adviento del Corrector General o la Carta de Adviento del Papa Francisco. Parece que el 95% son largas citas del magisterio reciente del Papa.

-          -Una carta de sólo dos páginas...

-          -Sí, tal vez el General no se encuentra bien o tal vez vaya muy mal de tiempo. Eso explicaría la brevedad inusitada.

-         -No sabía que el Corrector General estuviera tan ocupado, Minimus.

-          -La gente no comprende estas cosas desde fuera. Pensáis que el General vive enclaustrado en su Casa Generalicia y que sólo se ocupa de las comunidades en la Visita Canónica puntual y única que efectúa en sus seis años de mandato.

-          -¿No es así?

-          -Creo que no, amigo mío. Piensa que la Orden no es una empresa con 6000 sucursales o más de 100.000 empleados (como pueda tener, por ejemplo, el BBVA). Los Mínimos somos una organización pequeña: tenemos unas 40 comunidades y no llegamos a dos centenares de miembros.

-          -No son muchos.

-          -Por eso. El General, si se pone a ello, puede seguir de cerca la marcha de la Orden e incluso de cada uno de sus miembros. Un par de telefonazos al día y al cabo de tres semanas puede haber contactado con cada uno de los Superiores de comunidad, conociendo de primera mano cómo marchan las cosas. Le basta una llamada diaria para contactar con cada fraile un par de veces al año (por ejemplo, con ocasión del onomástico o del cumpleaños). 

-          -¿De verdad lo hace?

-        -Supongo que sí, personalmente soy una excepción, una especie de outsider. Pero yo creo que con los demás sí lo hace. Si no, no se entiende en qué emplea su tiempo.

-          -¿No puede haber otra explicación para la brevedad, Minimus?

-          -Hombre, tiene también otra tarea que requiere una atención exigente. Piensa que, estando al frente de la Orden, tiene la ingente función, el primero de todos, según lo programado, de escuchar al mundo con esperanza, de dialogar constantemente con él.

-          -Eso tiene que ser agotador.

-     -Ya te digo. Además, según esta reciente carta, la Orden tiene una misión singular, ciertamente nueva (los historiadores de la Orden nunca se habían referido a ella).

-          -¿Qué misión?

-          -La de ser levadura de una iglesia sinodal, misionera y misericordiosa.

-          -¡Caramba, nada menos!

-           -No es poca cosa. Sin nuestra actividad fermentadora no habrá iglesia sinodal, la misión no va adelante, la misericordia no llega a sus destinatarios.

-          -¡Pues qué tremenda responsabilidad la vuestra!

-           -Ahora bien, hay algo que me ha decepcionado.

-          -¿El qué?

-          -En su carta programática había dicho que desde este Adviento empezaría a dar indicaciones concretas para vivir y compartir el jubileo y el carisma a través de las figuras de santidad de nuestra Orden. De eso, ni rastro en las dos páginas.

-   -Igual ha cambiado de idea, Minimus. Los líderes resilientes y resistentes lo hacen. Mira a nuestro Presidente del Gobierno Pedro Sánchez, cuántas veces donde dije digo, digo Diego.

-          -Pero él lo hace para conseguir los apoyos necesarios para mantenerse en el poder.

-          -Ah, entonces es distinto.

-          -Claro que sí. El Corrector General de los Mínimos no necesita una mayoría suficiente para gobernar, no puede verse sujeto a una moción de censura. Tiene que pasar algo muy gordo en lo Mínimos, de orden moral o económico, muy gordo pero muy gordo, para que el Vaticano intervenga.

-          -O sea que el General podría pasarse los seis años sin dar ni golpe y aquí no pasa nada.

-          -Absolutamente nada. Más todavía: si no fuera por limitaciones de reelección previstas en nuestra normativa, un General que no hace nada tiene todas las posibilidades de ser reelegido. En el fondo, lo que queremos los frailes es que nos dejen tranquilos en nuestra inercia vital.

-          -Pero entonces...esta carta de Adviento, por ejemplo, ¿qué función tiene?

-          -Una función de cubrir el expediente, de fachada, de que el pobre redactor del Boletín Oficial tenga algo para imprimir. Dos páginas de palabras bonitas inertes, que no van a provocar nada en sus destinatarios, que se leerán tal vez comunitariamente en voz alta para llenar un tiempo soporífero antes de recitar la hora de Sexta, ningún impulso práctico, currant aquae... Añádanse tal vez un par de celebraciones jubilares en Roma o en Paula el próximo año, de esas con cardenal, que luzcan, que viva San Francisco de Paula, y así vamos peregrinando en la esperanza...

-          -Por el camino de la paz.

-            -Justamente, sosegadamente.

-          -Pues, Minimus, para ser tan tranquilo te expresas con cierta causticidad.

-            -Cosas que caracterizan a los outsiders.

-          -Y... ¿no temes que te peguen una patada de despedida?

-          -No lo descarto, pero es improbable. Si no les obliga una distracción cuantiosa de caudales o un comportamiento moral público gravemente escandaloso, tener que iniciar un proceso sancionador canónico de expulsión, seguro que piensan: huy, no, qué pereza...

-          -Pues nada, feliz y provechoso Adviento.

-           -Peregrinando por el camino de la paz. Aquí paz y después gloria.

RReeditando en 16-12-2024: to tachao, mi Superior acaba de mostrarme (no de darme) un pliego de páginas que acompañaban a la carta de Adviento y que son una especie de programa elaborado por el General y su Curia.

    - Minimus, entonces lo que pasa es que la comunicación, que en la Orden por su magnitud debería ser instantánea, clara y ágil resulta un desastre.

- -- No, señor, no, no un desastre, sino una p**a MIERDA, con perdón. 


viernes, 8 de noviembre de 2024

NOM ó MOGA? La reciente carta del Corrector General a la Familia Mínima

 En un noviembre en que la coincidencia con el domingo nos ha hurtado la Conmemoración de los Difuntos de la Orden, usualmente fechada el 3 de noviembre, y que tal vez podría haberse trasladado en el calendario a otro día (uno, como pobre bachiller, de liturgia, como de todo lo demás, más bien poco), el Corrector General nos ha dirigido una primera inquietante carta a la Familia Mínima (es decir, a frailes, monjas y terciarios). El Delegado de España ha cuidado de traducirla, así que si alguna de las consideraciones que aquí hago son erróneas debido a la traducción, pásenle a él la culpa...La carta la han puesto en red en ese formidable blog titulado Mínimos en familia.

Ya en el primer párrafo recibimos una confesión que para algunos puede resultar turbadora: resulta que el Padre Reverendísimo aceptó su elección para un segundo mandato por los “sentimientos” de confianza en el Señor y de continuar el servicio a la familia religiosa que ama, o sea que aceptó porque lo “sintió” así. Bueno, si en una decisión de tanta relevancia la cosa no pasa por la razón y sólo por el corazón, se diría que difícilmente decisiones más ordinarias van a ser pensadas (bastará con que sean sentidas).

En esa propensión italiana al adorno innecesario (ma chi te lo fa fare?), nos hallamos con una segunda declaración que también tiene miga: agradece haber sido sostenidos y ayudados por la oración, él y la Curia, para llegar a “descubrir el gozo de ser hijos del mismo Padre San Francisco” (¡como descubrir la pólvora!). Hay ciertos descubrimientos que tendrían que darse ya en el momento de la primera profesión y no más de cincuenta años después. En fin, nunca es tarde si la dicha es buena (“meglio tardi che mai”)...



 Hay una mención de pasada al carisma cuaresmal propio de la Orden, del que se toma no la acostumbrada tríada penitencia-humildad-caridad, sino el testimonio y el mensajeo de la “misericordia del Padre”. Esto es lo bueno de la versatilidad del carisma mínimo, que puedes relacionarlo con lo que te salga de las narices en cada momento, basta con que sean cosas buenas.

En un alarde de actualidad el Reverendísimo Padre cita una frase de la Dilexit nos, que en el contexto de ésta no tiene que ver con la vocación ni estrictamente con la esperanza, sino con la recuperación del corazón (no importa, porque lo del corazón ya nos había quedado sobreentendido y suficientemente recuperado, vid. supra).

Luego nos informa de a qué se ha dedicado el Capítulo: dar respuesta a los desafíos “emergentes”, cosa que resulta bastante cómoda en cuanto que lo emergente todavía no acaba de ser del todo conocido. ¿Qué pasa con la problemática de los desafíos ya emergidos?  No han importado al Capítulo, porque estamos peregrinando en esperanza, así que al presente que le den, no recojamos el guante. Vienen después unos párrafos dedicados a la esperanza, uno de ellos basado en buena parte en la homilía del Papa Francisco en la Ascensión del 2024. Aquí hay que romper una lanza en favor de la españolidad del traductor, quien substituye el “irla pasando” latinoamericano de la versión vaticana de la homilía por un más español de España “ir tirando”.


 

También nos dice la carta que nuestro tiempo es turbulento, pero también “rico de signos que tenemos que saber reconocer”. Esto es importantísimo, más adelante me ocuparé de un “signo” de este tiempo turbulento, que seguramente se guardará mucho de advertir su Paternidad Reverendísima...

Inmediatamente la carta aborda, sin tapujos y abiertamente, un tema: la aplicación del Vaticano II. Como se sabe, hay dos corrientes claras (hay más, pero marginales) de comprensión del Concilio. De una parte, la que lo comprende como un aggiornamento, una reforma, una mejora en la relación con el mundo moderno, con la implicación de que sus decisiones deben ser entendidas e interpretadas de acuerdo con la llamada hermenéutica de la continuidad.



De la otra parte, la corriente que lo considera una verdadera revolución o ruptura, una conexión briosa con el modernismo (para unos diálogo fructuoso, para otros vergonzosa rendición). Nuestro Corrector General explícitamente dice en su carta que es “revolución”, una revolución todavía por actuar, cuyo actual programa es la sinodalidad y su carga de diálogo ad intra y ad extra. Toda revolución es una ruptura con el pasado, una subversión donde lo nuevo se impone por la fuerza y lo antiguo, en cuanto irreciclable, tiene que ir a parar al contenedor gris de la basura.



Total: diálogo, diálogo, diálogo. Lo que no concuerda es que se hable de una revolución por actuar y que más adelante se exprese el lamento por la dilución de la propia “identidad carismática y cristiana” y la necesidad de vuelta a las fuentes. El único problema que tiene el diálogo es que con él pasa como con las peleas. Si se dice que “dos no se pegan si uno no quiere”, tampoco difícilmente se puede dialogar con el mundo si este no quiere. Los poderes del mundo escuchan difícilmente y si nos limitamos a escuchar de nuestra parte, acabaremos, si no hemos acabado ya, capitulando y adoptando los valores del Nuevo Orden Mundial.

 


Vamos con un signo de los tiempos, uno que creo le habrá sentado como un tiro a uno de los miembros de nuestra Curia Generalicia (a uno por lo menos): la victoria de Trump sobre Harris en las elecciones americanas. Toda una bofetada a la revolución woke. Trump será lo que sea, pero suele ser de sí, sí, no, no. Y esto muchos americanos lo han captado. Como han captado que la firmeza no está reñida con la democracia. ¿Diálogo? Su capacidad negociadora la pone en práctica sin rendirse a la otra parte. Con diálogo ha sido capaz de atraer a su causa a demócratas como Kennedy o Gabbard (cuidado con ésta, si logra presentarse en 2028 ó 2032, podría ser la primera mujer Presidenta de América, no hay que olvidar que es una veterana de Irak y que en USA el “thanks for your service” tiene una relevancia que desde Europa nos cuesta comprender).

 


 Hay detalles que pueden sorprender como que entre los primeros votantes Trump ha pasado de un 32% en 2020 a un 54% en 2024. No hay que canonizar a Trump, desde luego, más cuando en algunos aspectos podría ser visto como mal menor. Pero me pregunto si el tener claro el movimiento MAGA, no podría conducirnos a un (humilde, por supuesto, pero decidido) movimiento MOGA (Make Order Great Again) en los Mínimos. Dialoguemos con quien sea (con el diablo no, claro), pero tengamos claro que es lo que buscan los peregrinos de sentido en nuestra Iglesia católica, esos a los que tenemos que llevar el “mensaje de la misericordia del Padre”: una verdad firme (no oscilante), una moral exigente (y objetiva, no un fai da te), una belleza conmovedora (no es casual el auge de la misa tradicional en sectores no precisamente de ancianos nostálgicos)...

 

(A propósito del video anterior: yo creo que Youtube debería aplicar restricciones de edad no sólo en la mínima, también en la máxima, este videito lo ve el Papa Francisco y se coloca en riesgo de que le dé un patatús).

La carta del Padre General acaba anunciando la propuesta futura de “indicaciones” (en la próxima carta de Adviento) para vivir y compartir el jubileo y el carisma a través de las figuras de santidad de nuestra Orden. Esto sí es revolucionario. Después de seis años de gobierno sin una sola indicación clara concreta, se nos anuncian futuras indicaciones (en plural), o sea que esta gente de la Curia se ha decidido en este mandato, esta vez sí, a currar. Además, eso serán propuestas (es decir, exhortaciones, sugerencias), no órdenes autoritarias (estaría bueno que mientras se toleran sin ni siquiera una amonestación privada notorios abandonos de la vida común y hasta corrientes transgresiones de los votos se pretendieran imponer indicaciones). En fin, algunos esperamos impacientemente lo anunciado, esperando que realmente las propuestas sean fecundas personal, vocacional, comunitaria y misionalmente, no “mumbo jumbo” en su formulación,  y que no equivalgan en sus consecuencias prácticas, por poner una analogía suficientemente rotunda, a robarle el coche a John Wick y matar a su perro...



No sé, entenderán que uno se pregunte a veces si no está en el rally equivocado... 

miércoles, 11 de septiembre de 2024

De formación o deformaciones

 “Aquí me pongo a postear / al compás de la vigüela,/ que al hombre que lo desvela/ la vida comunitaria/, como el ave solitaria / con su bloguear se consuela...” (para que se vea que yo también algo recuerdo de lo que he leído). Y a veces para postear sin perder la compostura hay que pedir la ayuda divina como se hacía al inicio del Martín Fierro.



En la vida religiosa hodierna (incluida la Orden de los Mínimos) el tema de la formación está fácilmente en la boca de todos con tan discutible utilidad como la que tenían las mascarillas quirúrgicas en el tiempo del contagio. La realidad que se percibe en las comunidades, la que se palpa cotidianamente, está lejos de ser ideal. Nada es más contagioso que la deformación y ahí no hay mascarillas que valgan. Un novicio entrado en años, con su aparente madurez y una circunspección aparentemente prometedora, puede al cabo del tiempo, por mor del contagio, llegar a la profesión convertido religiosamente en un bisoño quinceañero que en el rezo del coro se conduzca más "cum ludibrio" que "cum tremore". Les aseguro que no me invento nada, ni me refiero a un recuerdo espacial o temporalmente remoto. "Qui habet aureas audiendi, audiat!"

Pero Dios no abandona al pueblo fiel y si en la formación religiosa o sacerdotal andamos extraviados o desconcertados, el Papa Francisco viene en nuestra ayuda y en el bochorno veraniego nos ha obsequiado con una carta ciertamente sorprendente sobre literatura y formación. La carta resulta para algunos tan oportuna como pudo ser en el tiempo de la pandemia enunciar la obligación ética de inocularse una terapia génica todavía experimental y autorizada por la EMA sólo por la situación de emergencia (la agencia europea salvaba sus muebles y su prestigio con un apartado que pasó desapercibido para muchos, para casi todos, y que tenía una sola línea: “fármaco sujeto a prescripción facultativa”, así que si los gobiernos repartieron la comirnaty como los confites en un bautizo, allá ellos, que cada palo aguante su vela). Ignoro quien le habrá escrito al Papa esta carta falaz, dudo mucho de que la haya redactado él personalmente y tampoco parece la obra de un profesor de teoría literaria (ni siquiera de un simple graduado), aunque está claro que la corriente de pensamiento que hay detrás es plenamente papal.

Aunque la confesada intención inicial era la de dirigirse a los seminaristas, esta comunicación tan fascinante la dirige Su Santidad a todos los cristianos. El admirado  (por algunos) Papa Francisco insiste en la necesidad de la lectura de novelas y poesía, es decir, de literatura pura y dura (nada dice del teatro o de otros géneros, no sea que al destinatario le dé por los autos sacramentales). Reivindicar los hábitos de lectura en un mundo de pantallas y poner en relación el hábito de leer con la corrección al redactar tiene una buena base y nadie que tenga dos dedos de frente se lo va a discutir. Pero hay otros aspectos aducidos que son cuando menos cuestionables. Por ejemplo, que la lectura de literatura redunde positivamente en la formación de los seminaristas, aduciendo que les permite un mejor conocimiento del mundo en el que viven (no sé cómo andan de tiempo los seminaristas actuales, ni cuál es la exigencia de sus estudios filosófico-teológicos, pero si hubiesen tenido un profesor de teoría del conocimiento como el que yo tuve, que nos puso como manual un libro de Luis Cencillo, les aseguro que tiempo para leer novelas más bien poco). O que la literatura haga de los lectores personas más compasivas o empáticas. No sé qué conocimiento del mundo o de los seminaristas tiene el Santo Padre, pero hoy muchos ingresan en el seminario o en la vida religiosa a una edad y con un bagaje que hace que su experiencia directa del mundo no sea para nada insuficiente. Las indicaciones del Sumo Pontífice podrían tener cierto sentido en la época en que la mayoría de vocaciones procedían de seminarios menores y de ambientes protectores. Por otra parte, los analfabetos, que suelen ser pobres o proceder de ámbitos de pobreza (a los pobres hay que referirse como lo que son en lugar de instrumentalizarlos según nos convenga), pueden ciertamente comportarse de forma inadecuada y primitiva, pero entre ellos no es infrecuente encontrar una compasión y una empatía de la que carecen muchos letrados y literatos.   

El Santo Padre se guarda bien de decirnos a qué tipo de literatura se refiere. También aquí se manifiesta su ambigüedad magistral característica, si exceptuamos, claro, que la temática sea la misa preconciliar (“caca, nene”) o las albas con ribetes de encaje (“marico****s”). Así que parece que sea lo mismo leer novelas edificantes o pedagógicas (como las de nuestro Michel-Ange Marin), literatura fantasy (Lewis, Tolkien o la discutídisma, siempre combativa y nada diplomática Silvana de Mari) o bien obras como Los Cantos de Maldoror, los Trópicos de Miller o la sadiana Justine. Tal vez pueda colegirse de la carta que cada cual pueda leer lo que más le guste (el ejemplo que relata de sus tiempos de profesor es paradigmático de una pedagogía errónea o ilusa). Lo único que nos podríamos atrever a deducir es que Papa Francisco, en esto denodadamente actual, pone el acento preferente más en el emotivismo que en la inteligencia, en el sentir que en el pensar, incluso cuando se habla de la importancia del estudio literario se deriva a la incidencia en la formación del corazón (sólo alguna referencia hay de pasada a la formación del intelecto). También es evidente para cualquiera mínimamente in-formado, que la carta, cuando habla del protagonismo preponderante del lector, tiene un trasfondo innegablemente luterano. Personalmente, por ejemplo, me gustan las novelas policíacas de Grangé. Tal vez este nombre al lector español corriente le diga muy poco, pero en Francia muchas de sus obras han llegado a la pequeña pantalla y a la grande (y aquí sí que a muchos puede sonarles una película basada en una de tales novelas titulada "Los ríos de color púrpura", ¿a que ahora si están situados?). El autor, lo reconozco, es en este sentido bastante repetitivo: asesinos en serie, ensañamientos, etc. Tan insanos psicológicamente resultan en sus novelas los "flics" protagonistas (sólo suelen ser equilibrados familiar y personalmente los humildes y secundarios policías locales) como los delincuentes. En fin, el ritmo es trepidante y su escritura cautivadora y hasta adictiva. Sinceramente, es una lectura que suele resultar bastante entretenida, especialmente cuando uno está abocado a cotidianos y aburridos viajes en tren o autobús. Pero dudo mucho que la lectura de estas novelas haya hecho de mí un mejor conocedor del mundo que me rodea, una persona más compasiva y empática, y desde luego no un mejor religioso o un mejor sacerdote.

Hay en la carta otras cosas que calificaré de curiosas por no emplear otros adjetivos. Por ejemplo, lo de que la literatura, en una definición satisfactoria para el Papa, es “escuchar la voz de alguien”. Demasiadas voces escuchamos en nuestro mundo como para necesariamente por vía literaria otras más. La citación borgeana me ha recordado a un religioso colombiano que tuvimos entre nosotros (no sé dónde anda ahora): admiraba a Borges en la misma medida que leía con fruición a autores, Dios se lo perdone, como Yuval Noah Harari. Así nos va, escuchando voces y aprontando la Agenda 2030. Me pregunto si, en cierto sentido, no nos convendría más silencio y menos voces.



También es para enmarcar la declarada preferencia del Papa por los artistas trágicos. Qué quieren que les diga. El 90 por ciento de las tragedias son determinismo fatalista y desesperanza, es decir, lo más anticristiano que pueda imaginarse. En otro apartado nos dice el Sumo Pontífice que la lectura calma el stress y el ansia. ¿La lectura como ansiolítico? No sé yo. Calma o crispa, depende. La gente, según este planteamiento papal, resulta ser bastante estúpida. Con lo poco que cuesta un libro de bolsillo, se gasta cinco veces más en masajes orientales para relajarse. Diríamos que así nos va y que el Papa Francisco tiene razón si no fuera porque muchos lectores y escritores lo son todo menos gente relajada y relajante.



Hay otra afirmación (no nueva, y, por tanto, convencida) del Papa que me guardaré muy mucho de comentar. Dejo que lo haga Jesús G. Maestro, aquí les pongo el vídeo, fíjense en el esfuerzo de contención que el profesor hace, cómo se reprime las ganas de decir “pero...¿este tío es tonto?”