
Entre los libros atrasados de
lectura, le tocó el turno por fin a “Isabel la Católica y la evangelización de
América” (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2020). Son las actas del
Simposio Internacional celebrado en Valladolid en octubre de 2018, cuyo evento
(y la edición de las actas) se sitúa dentro de la organización vallisoletana en
torno a la causa de canonización de la reina. Lamentablemente, aunque no
debiera ser así, esto parece condicionar el nivel científico de las
aportaciones, en cuanto se conjuga sin disimulo historia y devoción. Pocas
novedades en las diferentes relaciones. Tal vez la que a nuestro juicio
presenta mayor interés (aunque también se presenta en plan edificante) es la de
“Los Concilios y Sínodos de Santo Toribio en la evangelización de América” del
profesor José Antonio Benito Rodríguez; el único problema es que Santo Toribio
de Mogrovejo nació 34 años después de la muerte de la reina Isabel y el primer
concilio en el que participa es de 1583; mucho hay que estirar el chicle de la
influencia isabelina para vincular la
relación con el título del Simposio. Otra aportación de interés es la de Carmen
Pareja sobre la biblioteca de Isabel la Católica y de algunas mujeres del nuevo
mundo; sólo hay que objetarle que parece sólo una introducción, que, en
definitiva, nos sabe a poco. La colaboración más amplia es la del profesor
Burrieza; no carece de interés, pero en ella hay mucha Castilla y poca América…
Pero vayamos a lo que a la Orden
de los Mínimos nos interesa que, tratándose de la reina católica y de la
evangelización de América, es lógicamente la primera misión en el segundo viaje
colombino. Cuatro menciones hallamos de
fray Bernardo Boyl. Una es la de Monseñor Braulio Rodríguez Plaza que nos dice
que “de hecho, fueron 12 clérigos y religiosos los que fueron a este segundo
viaje, comandados por fray Bernardo Boyl”. De hecho, una afirmación dudosa no
adquiere verdad por la simple repetición. Y de hecho, lo de los 12 monjes o clérigos es una simple
repetición (cierta y tristemente repetida sin objeciones incluso por
especialistas en el viaje como Montserrat León) cuya referencia suele ser Pere
Català i Roca, quien, basado en crónicas tardías, afirmaba, además, que fueron 12 monjes de
Montserrat. Los nombres que nos han
llegado son contadísimos y no son de monjes de Montserrat, así que tal vez
fueron 12 o 5 o 25 o vaya usted a saber.
Al menos Don Braulio dice una verdad documentada: la presencia en el
grupo de observantes franciscanos. La segunda mención procede de la relación de
otro obispo, Monseñor Ángel Fernández Collado. Esta es más grave: “…en virtud
de la bula Piis fidelium (25 de junio de 1493), fue enviada a estos territorios
recientemente descubiertos una pequeña expedición de misioneros, presidida por
el monje Bernardo Boil, benedictino de Montserrat, como vicario apostólico en
las Indias occidentales.” Vamos a ver,
si das una conferencia sobre el Patronato Regio, no te líes y parte de 1508 y
la bula Universalis ecclesiae regimini. Porque si no, el peligro es que quieres
encuadrar y con las bulas previas te cubres de gloria, como lo ha hecho
Monseñor en el texto entrecomillado. Monseñor Ángel podía perfectamente haber
omitido la mención de la bula Piis fidelium, porque mencionándola lo único que
consigue es demostrar su ignorancia sobre la misma. Tal vez la leyó en algún
momento de sopor (no siempre la fisiología permite conjugar con éxito trabajo
pastoral y estudio), porque si algo no aparece para nada en la Piis fidelium es
que Boyl fuera benedictino… También la ilustre Rectora Magnífica de la
Universidad Católica de Ávila se lía: “…Colón fue acompañado de fray Bernardo
Boyl –benedictino y amigo del Rey- y de los frailes “mínimos” con el encargo de
organizar allí la vida cristiana”; ciertamente era ese el encargo, pero ni Boyl
era benedictino, ni nos consta que ningún fraile mínimo le acompañara. Puede
pasar a veces: oír campanas y no saber dónde. Un cierto alivio siente uno
cuando, leyendo la conferencia de la mucho más documentada María Saavedra
Inaraja, se encuentra con la mención de que Boyl fue acompañado por otros
frailes, ofreciéndonos a continuación acertadamente los nombres de los únicos 5
miembros del grupo conocidos, albricias.