“Todo es posible para el que ama a Dios”. ¿Cuántas veces hemos oído, escuchado, predicado, repetido esta frase como palabras literales de San Francisco de Paula? Probablemente muchas. ¿Cuándo pronunció San Francisco de Paula esta frase, según la documentación que ha llegado hasta nosotros? Respuesta: NUNCA. ¿Cómo es entonces que se ha difundido tan generalizadamente esta frase? No tengo ni puñetera idea. Alguien debió atribuirla al Santo, gustó, se repitió, entró en el terreno de lo notorio, a pesar de carecer de toda base, a pesar de ser dogmáticamente un disparate, a pesar de requerir, para evitar el desatino, una interpretación que la diluya hasta desvencijarla.
“Para Dios nada hay imposible” (Lc 1,37). La omnipotencia es un atributo divino y
exclusivamente divino. A ninguna criatura, ni siquiera a María, la Madre de
Dios, por mucho que haya amado a Dios, le es posible todo. No, ni siquiera
María es omnipotente. Mucho menos lo fue, mucho menos lo es San Francisco de
Paula.
En la Escritura podemos hallar una frase que suena aproximadamente
parecida: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta (o fortalece)” (Flp 4,13).
Pero, si examinamos el contexto, nos damos cuenta que San Pablo no pretende más que
decir que el Señor le da fuerzas para afrontar cualquier tribulación, cualquier
circunstancia por la que pase, sea positiva o negativa.
¿Qué es lo más parecido que podemos encontrar en San Francisco de
Paula? Tal vez aquello de que “A quien sirve
fielmente a Dios y observa sus mandamientos, incluso las hierbas le manifiestan
su poder”. Una proposición perfectamente católica y que queda muy lejos del
“todo es posible”.
Si queremos recalcar la actividad taumatúrgica de
San Francisco, su notabilísimo don de milagros, mantengámonos en lo que la
historia nos ha transmitido. Tenemos suficiente con ello.
No se nos ha transmitido que lo pudiera todo. Pero
sí su milagroso dominio sobre los elementos. Hoy les traigo un grabado
simpático, uno que nos transmite con ejemplos concretos cómo San Francisco de
Paula, quien sin duda amaba a Dios, dominaba los cuatro elementos: el fuego (lo
tomaba en sus manos, reparó el horno encendido), el agua (atravesando el mar), la tierra (deteniendo las rocas que caían), el aire (levitando en la
oración).

La frase modifica l'espressione di s
ResponderEliminarFrancesco ai frati mentre teneva il fuoco tra le mani: come io posso tenere il fuoco tra le mani così anche voi potrete osservare il quarto voto se amate dio (p. Morosini, inventore dell'espressione)