Su Santidad no siempre ha
resultado ser santo. El nombre no es la cosa. Ni la hace. Los
llamados popularmente Obregones u Obregonianos, la Congregación
hospitalaria fundada por Bernardino de Obregón, tuvieron en su
momento la denominación oficial de “Mínima Congregación de los
Hermanos Enfermeros pobres”. Si consultan ustedes la wikipedia,
todavía encontrarán que Obregón fue terciario mínimo. La antigua
página web (no la actual) de la causa de beatificación de Obregón decía que en 1587
se dio a la Congregación por él fundada las Reglas (sic) de la
Orden Tercera de San Francisco de Paula. Tanto al fundador como a su
Congregación se les ha vinculado, pues, a lo largo del tiempo con
los terciarios mínimos.
Los terciarios mínimos
acabarán declarándome persona non grata. Después de expresar mis
reservas sobre la pertenencia minimitana de San Juan de Dios, San
Vicente de Paúl o Santa Juana de Valois, ahora le toca el turno al
venerable Obregón. Veritas prius pace. La verdad antes que la paz y,
por supuesto, que la propaganda. No he sido capaz de encontrar ni un
solo documento que avale la pertenencia a la Tercera Orden Mínima de
Obregón y/o de su Congregación. Aparte del adjetivo en el nombre de
la Congregación o de la cercanía geográfica en Madrid entre el
Hospital servido por los Obregones y el convento de la Victoria,
simples indicios, nada justifica la afirmación histórica de esta
pertenencia.
En cambio, son bastantes
los argumentos atendibles en contra. Empecemos por las tres
biografías impresas más antiguas de Bernardino de Obregón. La de
Herrera, cuando se refiere a los primeros votos emitidos el 7 de
diciembre de 1589, dice que fueron hechos bajo la Tercera Regla de
San Francisco. La del hermano obregoniano Pedro Íñiguez sitúa los
votos en la misma fecha, pero bajo la Regla de San Agustín, dato que
reproduce también la biografía escrita por Luis Bernardo de
Obregón. Antonio Claret García Martínez y Manuel Jesús García
Martínez, autores de la voz correspondiente a Obregón en el
Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia y miembros
de la Comisión Histórica en la causa de beatificación, afirman la
profesión “bajo el hábito tercero de San Francisco”. Más aún,
Manuel Jesús García Martínez presentó su tesis doctoral sobre
Obregón en el 2007, en la que esgrime una antigua documentación que
parece no dejar lugar a dudas sobre la pertenencia a la Tercera
Orden seráfica, en contra de quien le contradecía afirmando la
adscripción a los terciarios mínimos. Nos resta, desde luego, el
interrogante respecto al porqué Íñiguez rectifica a Herrera.
Pero hay otros detalles
que ponen en jaque la hipótesis mínima. Íñiguez nos habla de las
devociones de Obregón, diciendo que incrementaba sus penitencias en
las fiestas de Nuestra Señora, Apóstoles, Evangelistas, San
Agustín, San Bernardino, San Francisco, San Antonio de Padua, San
Miguel, las Once mil vírgenes y la Ascensión del Señor.
Absolutamente ninguna mención a San Francisco de Paula. Como tampoco
aparece dentro de la enumeración de Santos protectores en las
Constituciones y Regla de la mínima Congregación de los Hermanos
Enfermeros pobres (son indicados la Virgen María, San Agustín, San
Francisco y San Bernardino de Siena), ni tampoco las fiestas que
habían de ser días de comunión para los hermanos (Fiestas de
Nuestro Señor y de la Virgen, Apóstoles, San Francisco, San
Bernardino y San Juan Bautista).
Sí, también a mí me gustaría que este venerable personaje fuera de nuestra familia. Pero el deseo no es siempre la realidad, ni el nombre la cosa.