jueves, 6 de mayo de 2021

De cuando predicar resultaba peligroso

 


Hoy también hay asesinatos y amoríos. Sin embargo, los riesgos de nuestra predicación son pocos. Tal vez recordar ciertas páginas de la Escritura puedan reportarnos en un futuro no muy lejano procesamientos por delitos de odio de diversa tipificación (homofobias, transfobias, islamofobias, xenofobias, etc.) sancionables hasta con privación de libertad. Pero difícilmente caeremos en las manos de un amante despechado por mor de conversiones logradas con nuestra predicación. No sucedió lo mismo en Aversa en el siglo XVIII; transcribimos lo que al respecto publicaron tanto La Gazette de 26 de mayo de 1731 como el Mercure de France del mismo mes:

“On mande d'Aversa que un Religieux Minime qui a presché le Câreme dernier dans l'une des Paroisses dependante des terres du Prince d'Avelino, y avoit esté assassiné ces jours passez par un particulier au desespoir de ce que les Sermons de ce Religieux avoient déterminé a la penitence une courtisane a laquelle cet assassin estoit attaché. Ces lettres adjoûtent qu'il a esté arresté depuis par les Sbires de campagne.”


viernes, 9 de abril de 2021

Un olvidado protector de los atormentados por el demonio

 


Entre las figuras olvidadas de la historia mínima se encuentra el Padre Pierre Moreau, fundador del convento de Soissons, donde falleció el 31 de marzo de 1626. Muy pronto, en el Capítulo General celebrado en Barcelona en 1629, el Padre François de La Noue ya expuso en relación a su vida ejemplar -y a que cotidianamente se otorgaban beneficios y gracias a quienes visitaban su sepulcro-, la conveniencia de que se introdujera su causa de beatificación. Nuevamente en el Capítulo General de 1697 celebrado en Valencia se insistía  en la prosecución de dicha causa. Entre tanto, en 1639 apareció la primera vida del Padre Moreau, atribuida creemos que erróneamente al Padre Macaire (tenemos motivos para pensar que el autor no fue otro que el conocido hagiógrafo Padre Simon Martin).  Padre Giry publicaría otra en 1687.

No sabemos a qué tramitación pudo llegar la causa del Padre Moreau. Pero sí sabemos que en el mismo siglo XVII había quien privadamente lo invocaba como protector para los que, como él en su momento, sufrían atormentados (obsedés) por el demonio. Tenemos un testimonio directo, el del famoso Henry-Marie Boudon, archidiácono de Evreux (del cual también se abrió causa de beatificación en el siglo XIX). Boudon, en una carta escrita un 2 de abril en la que habla de su Padre San Francisco de Paula (Boudon fue él mismo terciario mínimo) y del Padre Pierre Moreau :

"...y el último día de marzo es la preciosa muerte de aquel santo hombre el P.Moreau, quien fue atormentado por los demonios durante cuarenta años. Es el gran protector de las personas en este estado; hace años me escribió desde Rouen una persona en esta condición, la cual recibía del Padre Moreau una gran ayuda; también del Padre Surin, pero el Padre Moreau aparecía visiblemente en su defensa. He empezado una novena el día de su santa muerte por todas las personas que están en este estado..."

lunes, 29 de marzo de 2021

La Caridad como frontispicio

 

De la alocución de un religioso mínimo:

“Su Templo es el emblema de la sabiduría, la discreción es su base, la caridad su frontispicio, la libertad su blasón, la igualdad su fundamento, el espíritu de dominación no ha penetrado en ella en ningún modo, ninguna ambición es admitida...”

¿Se estaría refiriendo al instituto religioso al que pertenecía? Pues no, no.

Vamos a la noticia: Quien hizo la alocución fue el tristemente famoso Padre Loth. El lugar, el convento de mínimos de Guise, perteneciente a la Provincia monástica de París. La fecha, el 6 (otros dicen el 24) de abril de 1774. La ocasión, la instalación oficial en el convento de la Logia masónica La Franchise, cuyo Venerable Maestro sería el mismo superior de la casa, el Padre Charles François Cavennes.

Y la alocución en Guise continuaba de esta guisa:

“Que el espíritu que me anima inflame el corazón de todos los masones, a fin de extender y propagar la gloria y la felicidad de la Francmasonería.”

Por mucha In Eminenti apostolatus y por mucha Providas romanorum, hay espíritus que soplan donde quieren o más bien donde les dejan...


jueves, 25 de febrero de 2021

De chollos, medios chollos y disparatados ("minimorum" en el comercio electrónico)

 Este post va de cosas tan materiales como son los libros y de algo tan prosaico como su coste. Es lo que pasa en las ventas de libros antiguos por internet. Que se encuentra uno verdaderas gangas, cositas que están bien y precios desorbitados. También en obras de mínimos. Pongo tres ejemplos clarísimos y recientes de una conocida web de subastas y comercio electrónico:

a) Un chollo, el que se llevó el ganador de esta subasta. Un Chronicon de Lanovius por 112 más gastos de envío. Probablemente su valor de mercado sea diez veces mayor.



b) Un medio chollo. Las Annotationes en Habacuc del mínimo Padre Padilla no son ciertamente un libro rarísimo. Precisamente la edición en Sulzbach conoció una gran difusión. Son más raras las ediciones romanas y no digamos la princeps de Torredonjimeno. Pero, considerando además su alto número de páginas, 131 € + gastos de envío está pero que muy bien (probablemente su valor se sitúe entre 200 y 250 €).


c) Un precio disparatado (590 €). Yo creo que al tasador de Mazzei se le coló un cero de más, es lo que pasa con los ceros a la derecha que sí que cuentan. La Regla y resto de documentación canónica mínima en la edición preparada por el Padre Pizzurno impresa en 1637 en Génova no es excepcional en su contenido. Ni especialmente adornado (ni un puñetero grabado). Apenas 225 páginas incluyendo el índice. Tuvo ediciones posteriores. El ejemplar tiene una encuadernación del siglo XIX. En mi humilde opinión, pagar la mitad del precio fijado sería comprar caro, pero hay coleccionistas muy estrafalarios...Ahí lo dejo.


  




viernes, 5 de febrero de 2021

El bastón de San Francisco de Paula (pasado y actualidad)

 ¿Qué Francisco preferimos? ¿El de la dulzura y suavidad misericordiosa? ¿O el de la fiereza severa, rústica y exigente? He aquí una muestra de este segundo:


El cuadro pertenecía, cuando se sacó la fotografía, a una colección particular. El Santo amenaza con pegarle un bastonazo a su hermana Brígida si no permite que su hijo abrace la vida religiosa. Con el artilugio a esa altura un bastonazo tiene que doler bastante. No sabemos cómo continua la película, si llegó a descargar el golpe. Sabemos cómo acaba (el joven tuvo que morirse, la madre sufrir esa espada atravesándole el alma, más dura que cualquier bastonazo, y, al final, debilitada por la muerte cualquier objeción, el joven resucitado y religioso).
En la actualidad esta imagen sería impensable o, por lo menos, impublicable, y esperemos que con los divertidos algoritmos de Google no me vayan a anular la cuenta del blog...
En fin, siempre podemos justificar al Santo diciendo que la acción fue puramente simbólica y que si descargó el golpe no rompió ningún hueso ni dejó marca. O sea: "golpear de un modo simbólico con el propósito de reformar pero sin causar daño, perjuicio o dolor", que es el modo canónico propuesto para educar a las mujeres por ese simpático imán que tanto ha inspirado o estimulado a nuestro Papa Francisco, según él mismo confiesa en su simpática encíclica "Fratelli tutti"... 


domingo, 17 de enero de 2021

Una llena de gracia poco agraciada

No conozco los cánones de belleza que imperaban en el siglo XVII. Probablemente tampoco comulgo demasiado con los del siglo XXI, con sus tatuajes, piercings y similares. Así que me quedo en el siglo XX. A finales del mismo, cuando los mínimos fundaron en Sevilla el convento de San Francisco de Paula, no fui el único que no entendió (ni entiende) cómo en la capilla del convento se colocó una particular estatua de Nuestra Señora de la Victoria, ésta:

No, no tengo ahora mismo una imagen mejor. Y creo que ahorrándoles el detalle les hago un favor. Esta virgen no creo que haya suscitado ni suscite en Sevilla demasiada devoción. Más si uno piensa en las bellísimas imágenes a las que los hispalenses están acostumbrados. Cuando un miembro de la Hermandad de la Estrella o de la de Montserrat, dice: “qué bonita es mi virgen” expresa una emoción, pero también, hay que reconocerlo, una verdad objetiva. En mi época sevillana jamás oí a nadie expresar su admiración por la belleza de la conventual Virgen de la Victoria mínima. Cuando alguien cercano quería, de alguna manera, honrar aquella imagen lo que hacía era desidentificarla: “Esa qué va a ser la Virgen, si acaso será Santa Ana...”. No se la podía tomar como la madre del Señor, sino todo lo más como la abuela.

La historia nos dice, sin embargo, que aquella imagen no es el resultado de la imaginación de un artista obnubilado. Vean el grabado con que se adornaba en 1602 el libro Instrucción del pecador de fray Pedro Amoraga:



No es la misma, pero son parientes desde luego, más considerando al niño Jesús que sostienen. Puestos a conservar tradiciones, tal vez hubiera sido mejor optar por una estatua más parecida a la Virgen de la Victoria que durante siglos se veneró en el convento mínimo de Triana, hoy en la Parroquia de Santa Ana:

Virgen de la Victoria (Magallanes-Elcano)

viernes, 11 de septiembre de 2020

El nombre no es la cosa: los “mínimos” Obregones

 


Su Santidad no siempre ha resultado ser santo. El nombre no es la cosa. Ni la hace. Los llamados popularmente Obregones u Obregonianos, la Congregación hospitalaria fundada por Bernardino de Obregón, tuvieron en su momento la denominación oficial de “Mínima Congregación de los Hermanos Enfermeros pobres”. Si consultan ustedes la wikipedia, todavía encontrarán que Obregón fue terciario mínimo. La antigua página web (no la actual) de la causa de beatificación de Obregón decía que en 1587 se dio a la Congregación por él fundada las Reglas (sic) de la Orden Tercera de San Francisco de Paula. Tanto al fundador como a su Congregación se les ha vinculado, pues, a lo largo del tiempo con los terciarios mínimos.

Los terciarios mínimos acabarán declarándome persona non grata. Después de expresar mis reservas sobre la pertenencia minimitana de San Juan de Dios, San Vicente de Paúl o Santa Juana de Valois, ahora le toca el turno al venerable Obregón. Veritas prius pace. La verdad antes que la paz y, por supuesto, que la propaganda. No he sido capaz de encontrar ni un solo documento que avale la pertenencia a la Tercera Orden Mínima de Obregón y/o de su Congregación. Aparte del adjetivo en el nombre de la Congregación o de la cercanía geográfica en Madrid entre el Hospital servido por los Obregones y el convento de la Victoria, simples indicios, nada justifica la afirmación histórica de esta pertenencia.

En cambio, son bastantes los argumentos atendibles en contra. Empecemos por las tres biografías impresas más antiguas de Bernardino de Obregón. La de Herrera, cuando se refiere a los primeros votos emitidos el 7 de diciembre de 1589, dice que fueron hechos bajo la Tercera Regla de San Francisco. La del hermano obregoniano Pedro Íñiguez sitúa los votos en la misma fecha, pero bajo la Regla de San Agustín, dato que reproduce también la biografía escrita por Luis Bernardo de Obregón. Antonio Claret García Martínez y Manuel Jesús García Martínez, autores de la voz correspondiente a Obregón en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia y miembros de la Comisión Histórica en la causa de beatificación, afirman la profesión “bajo el hábito tercero de San Francisco”. Más aún, Manuel Jesús García Martínez presentó su tesis doctoral sobre Obregón en el 2007, en la que esgrime una antigua documentación que parece no dejar lugar a dudas sobre la pertenencia a la Tercera Orden seráfica, en contra de quien le contradecía afirmando la adscripción a los terciarios mínimos. Nos resta, desde luego, el interrogante respecto al porqué Íñiguez rectifica a Herrera.

Pero hay otros detalles que ponen en jaque la hipótesis mínima. Íñiguez nos habla de las devociones de Obregón, diciendo que incrementaba sus penitencias en las fiestas de Nuestra Señora, Apóstoles, Evangelistas, San Agustín, San Bernardino, San Francisco, San Antonio de Padua, San Miguel, las Once mil vírgenes y la Ascensión del Señor. Absolutamente ninguna mención a San Francisco de Paula. Como tampoco aparece dentro de la enumeración de Santos protectores en las Constituciones y Regla de la mínima Congregación de los Hermanos Enfermeros pobres (son indicados la Virgen María, San Agustín, San Francisco y San Bernardino de Siena), ni tampoco las fiestas que habían de ser días de comunión para los hermanos (Fiestas de Nuestro Señor y de la Virgen, Apóstoles, San Francisco, San Bernardino y San Juan Bautista).

Sí, también a mí me gustaría que este venerable personaje fuera de nuestra familia. Pero el deseo no es siempre la realidad, ni el nombre la cosa.