martes, 18 de junio de 2019

La “canonizadora” de San Francisco de Paula: un enigma curioso


Ya Roberti en su vida de San Francisco de Paula (pág. 614 de la edición en castellano de 1931) recogía un curioso detalle del Diario de Luisa de Saboya, condesa de Angulema. En su Journal, cronológicamente desordenado, escribe esta devota del Santo: “el año 1519, fray Francisco de Paula, de los frailes mendicantes evangelistas, fue por obra mía canonizado; por lo menos, yo pagué los gastos” (L'an 1519, frère François de Paule, des Frères mendiants évangelistes, fut par moi canonisé; à tout le moins, j'en ai payé la taxe).
A primera vista, lo más chocante sería el tono desenfadado (“poco riverente”, dice Roberti) por el cual la devota duquesa y reina madre se refiere a su intervención en lograr la canonización de San Francisco de Paula. Pero en segundo término resulta también enigmática la denominación aplicada a los mínimos (¡mendicantes evangelistas!). ¿Termina aquí el enigma? Ni mucho menos. El tenor del texto es el impreso inicialmente por Guichenon (posteriormente republicado sin variación por otros), quien accedió al “Journal” de Luisa de Saboya a través de un manuscrito proporcionado por un mínimo, el Padre Hilarion de Coste.
Sin embargo, se conserva en París un manuscrito del Journal cuyo texto coincide no con el publicado por Guichenon sino con el que en su día tuvo a la vista el protestante Charles Drelincourt, que lo utilizó en su Respuesta a la carta de Ernesto Landgrave de Hesse de poco convertido al catolicismo. Voilà:


Pues sí, aquí Luisa de Saboya, quien paga manda, se muestra más desenfadada y menos (o más, según se mire) reverente. Los mínimos no son los “frailes mendicantes evangelistas”, sino los “frailes manducantes” (ella sabría, por las fundaciones que favoreció, cuánto le costaría mantenerlos) y San Francisco de Paula es calificado laudatoriamente como “5º evangelista”.
El enigma es tanto más interesante cuando el propio Hilarion de Coste en su Portrait de San Francisco reproduce el Journal de acuerdo con este manuscrito, por lo que no se entiende si Guichenot leyó erróneamente o bien el error estaba en la copia que le fue transmitida por el mínimo.

lunes, 3 de junio de 2019

Esas pequeñas cosas

La virtud y la santidad no están reñidas con lo ordinario de nuestra vida. Los santos han utilizado también esas pequeñas cosas materiales de las que humanamente nos rodeamos. Por eso, es una delicia poder ver y escuchar al Postulador de la Orden hablándonos de las cositas del Padre Clausi. Además, siendo, desde sus años de estudio, el mejor especialista en el personaje añade a la descripción un plus: su personal entusiasmo.

miércoles, 10 de abril de 2019

De efemérides y muros (enunciar un riesgo no nos protege de él)


Se cumplen en este 2019 quinientos años de la canonización de San Francisco de Paula, fundador de los Mínimos. Con tal motivo en l’Osservatore Romano de 1-2 abril ha aparecido una entrevista efectuada por Nicola Gori al Padre Leonardo Messinese, Vicario general de la Orden.
Destacamos de la misma esta consideración acertadísima en su núcleo, dudosa en la frase final:
Spesso, quando si parla di “attualità” del messaggio di un uomo del passato, si corre il rischio di atribuire alla sua parola e alla sua azione alcuni elementi anacronistici, trasferendo i problemi che sono del nostro tempo a un’epoca storica che non li conosceva o in cui erano presenti in forma molto diversa. Questo rischio, però, a mio parere, non  si corre con Francesco di Paola.
Sin embargo, este riesgo, en mi humilde opinión, se corre con Francisco de Paula como con cualquier otro personaje histórico. La admiración o la validez del mensaje de fondo no impide que se pueda dar una interpretación excesivamente extensiva del mismo hasta el punto de aplicarlo a situaciones que justamente son de nuestro tiempo y que aquella época histórica no se planteaba.
Dejo aparte las “valientes tomas de posición” de San Francisco de Paula “a favor de la justicia” y “contra toda forma de abuso”, apoyadas sólo muy puntualmente por la documentación de la época y en buena parte atribuibles a la construcción posterior del personaje efectuada en el siglo XVII. La sombra de la duda me parece más notable en la cosidetta “dimensión ecológica”, de “tutela de la creación”. Sé que esta es hoy una convicción extendida. Incluso uno de los más eminentes especialistas en San Francisco y en su espiritualidad publicó no hace mucho tiempo un libro dedicado a este aspecto relacionándola con la Laudato Sii del Papa Francisco. A mi modo de ver, San Francisco era tan ecologista como cualquier otro ermitaño de su tiempo. Otra cosa es que biógrafos posteriores introdujeran  cervatillos, Martinellos o truchas, sea por la consideración del retiro como locus amenus, sea por equiparación de Francisco a los padres del monaquismo (el cerdo de San Antonio, el cuervo de san Pablo ermitaño, el león de San Jerónimo, etc.).

Finalmente, otro aspecto es también discutible y susceptible de considerarla una proyección que contrasta fuertemente con la época histórica en la que el Santo vivió. Me refiero a la pasión por el hombre que colisionaría con la actual “costruzione di muri fisici e mentali e con i respingimenti di migranti”.  Expreso mi recelo al respecto. Nadie sabe qué partido hubiera San Francisco tomado hoy. Pero en su tiempo su mentalidad estaba más acorde con la predicación de una Cruzada contra los infieles que con los presupuestos, por otra parte entonces difícilmente pensables, de Sos racismo. 

jueves, 29 de noviembre de 2018

Un conflicto curioso


Sucedió en Arles (Provenza) en el siglo XVII. Se habían establecido los mínimos en el priorato de la Magdalena, con apoyo real. Pero tenían en contra a otras órdenes religiosas y diversos eclesiásticos, al consejo municipal y muy particularmente, por su cercanía, al Capítulo canonical de la Iglesia Mayor Parroquial. La tensa situación tuvo su punto crítico en la mañana del 2 de agosto de 1615 cuando los mínimos se encuentran con que por la noche les han robado el badajo de su única campana. El pueblo llano del barrio, que, pese al poco tiempo que llevan con ellos, aprecia a los frailes mínimos, echa en falta el sonido de las campanadas. Cuando la multitud se apercibe del robo ocurrido, la sospechas y acusaciones van contra los canónigos de la Mayor: se les insulta, se les apedrea, hasta que logran encerrarse y parapetarse en la casa curial, donde son asediados durante tres días, hasta que los cónsules municipales logran apaciguar la situación.

Finalmente, el asunto se resolvió cuando el arzobispo otorgó a los mínimos la iglesia de San Honorato a donde se trasladaron en lucida procesión el 7 de octubre de 1615. Un deán de la Iglesia Mayor registra el hecho en sus memorias con esta consideración final: “Dieu les conduise et bien joïeus que soient loin de nous”.

lunes, 29 de octubre de 2018

Dios vuelve en un Ferrari


Si Joan Brady fuera italiana, probablemente su novela se hubiera titulado como titulo yo este post. Porque si la Harley es un buen símbolo de la libertad americana (all for freedom, freedom for all), el Ferrari forma indudablemente parte del orgullo italiano. En uno y otro caso, son libertades y orgullos al alcance de no todos los bolsillos. Y todo esto, ¿qué tiene que ver con los mínimos? Pues mire usted, más bien poco, simplemente era para introducir esto:



Ahora vendrán los fastidiadores de turno, los dedicados a arruinar las fiestas, a decirnos que “vaya opción por los pobres” o que los hijos de San Francisco de Paula sólo tendrían que bendecir fiats panda. Estos no se acuerdan del Ferrari Enzo regalado a Juan Pablo II y vendido con buen criterio moral por Benedicto XVI en el 2006; en el 2015, con el Grande ya canonizado, el automóvil sextuplicó su valor en una subasta. O, sin ir más lejos, al mismísimo Papa Francisco la marca Lamborghini, que tampoco es moco de pavo, le regaló uno de sus “Huracán”.

¿Vuelve Dios en un Ferrari? En principio, ni de coña, aunque Dios es muy libre de volver y montar en el vehículo que le plazca. Pero la bendición tiene su miga. Al menos, yo se la encuentro en las palabras introductivas del Padre Antonio antes de proceder ritualmente. Me parece escuchar: "(Dio) è la nostra vera Ferrari..." Y, a partir de aquí, que trabajen los mecánicos de la hermenéutica.

(Por cierto, el acetre también se las trae, ¿no parece una bacía de barbero?)

domingo, 14 de octubre de 2018

El dilema del pintor

El escultor Manuel Fuxá no tuvo dilemas cuando se trató de elaborar la escultura representando a Bernardo Boyl en el Monumento a Colón de Barcelona. En 1888 todavía no se había desatado la polémica seria sobre el instituto religioso al que Boyl pertenecía cuando marchó a América con Colón en 1493. Por más que los mínimos lo hubiesen reivindicado en la historia, en Barcelona estaba bien asentada la interesada convicción de que Boyl era catalán y monje benedictino de la abadía de Montserrat, a lo que se añadía la leyenda de los 12 primeros misioneros que llevó consigo procedentes de aquel monasterio.

En 1892, con ocasión del cuarto centenario del descubrimiento, el Ayuntamiento de Barcelona decidió colocar un retrato de Boyl en la Galería de Catalanes Ilustres. Esta vez la cuestión no fue tan pacífica. Los estudios de Fidel Fita y Jaime Collell habían desatado la polémica sobre si benedictino o mínimo, hasta el punto que el pintor encargado (Federico Trías Giró) no sabía en 1893 con qué hábito pintarlo. Además, como se defendía por algunos autores su origen aragonés (realmente lo era) no faltó quién se preguntó sobre si el Ayuntamiento no tendría que revisar su decisión.
Finalmente, Boyl fue pintado con hábito mínimo y su retrato colocado en la Galería de Catalanes Ilustres (actualmente ubicada en la Real Academia de Buenas Letras) en 1897, efectuando a la sazón un discurso biográfico Jaime Collell. El discurso, convenientemente ampliado y mejorado hasta ser convertido en un verdadero Estudio histórico-crítico, vio la luz en 1929, bajo el título "Fray Bernardo Boyl primer apóstol de América" en edición costeada por los mínimos de Barcelona con ocasión del Congreso y Exposición Misional que se celebraron dentro del marco de la Exposición Internacional celebrada en la ciudad.



viernes, 21 de septiembre de 2018

Lo leo y no lo creo: el Ayuntamiento se rascó el bolsillo

Era el año 1800 y una espantosa epidemia de fiebre amarilla se propagó por la ciudad. Fue tan tremenda que la cifra de muertos se calcula que fue de cerca de 15.000 personas. Una parte del convento de los mínimos de Triana se destinó entonces a hospital provisional, efectuándose en el edificio conventual las correspondientes modificaciones para poder cumplir debidamente tal función. Hasta marzo del año siguiente no comenzó la ciudad a recuperar la normalidad.

En 1802 los mínimos recurrieron al Cabildo municipal, pidiendo se hiciera la obra necesaria para que el convento volviera, como se les había asegurado, a su primitivo estado. Los diputados del barrio, tras visitar el convento, emitieron un informe en el que recordaban la “actividad, esmero y caridad religiosa con que el Corrector y otros varios individuos de aquella comunidad nos ayudaron al socorro, colocación y asistencia de los enfermos, en un tiempo tan peligroso para los que aún no habían experimentado los efectos de la epidemia...”. Asimismo, proponían que era mejor que los mismos frailes se encargaran de gestionar la realización de las obras necesarias, indemnizándoles a tanto alzado con 2.500 reales.

Lo más sorprendente e inusitado de este expediente de la Escribanía de Cabildo de Sevilla es la resolución que el municipio toma once días después del informe de los diputados de barrio: conformarse con tal informe y disponer se entreguen a la comunidad para el reparo del convento 3.000 reales (!!!).