miércoles, 11 de septiembre de 2024

De formación o deformaciones

 “Aquí me pongo a postear / al compás de la vigüela,/ que al hombre que lo desvela/ la vida comunitaria/, como el ave solitaria / con su bloguear se consuela...” (para que se vea que yo también algo recuerdo de lo que he leído). Y a veces para postear sin perder la compostura hay que pedir la ayuda divina como se hacía al inicio del Martín Fierro.



En la vida religiosa hodierna (incluida la Orden de los Mínimos) el tema de la formación está fácilmente en la boca de todos con tan discutible utilidad como la que tenían las mascarillas quirúrgicas en el tiempo del contagio. La realidad que se percibe en las comunidades, la que se palpa cotidianamente, está lejos de ser ideal. Nada es más contagioso que la deformación y ahí no hay mascarillas que valgan. Un novicio entrado en años, con su aparente madurez y una circunspección aparentemente prometedora, puede al cabo del tiempo, por mor del contagio, llegar a la profesión convertido religiosamente en un bisoño quinceañero que en el rezo del coro se conduzca más "cum ludibrio" que "cum tremore". Les aseguro que no me invento nada, ni me refiero a un recuerdo espacial o temporalmente remoto. "Qui habet aureas audiendi, audiat!"

Pero Dios no abandona al pueblo fiel y si en la formación religiosa o sacerdotal andamos extraviados o desconcertados, el Papa Francisco viene en nuestra ayuda y en el bochorno veraniego nos ha obsequiado con una carta ciertamente sorprendente sobre literatura y formación. La carta resulta para algunos tan oportuna como pudo ser en el tiempo de la pandemia enunciar la obligación ética de inocularse una terapia génica todavía experimental y autorizada por la EMA sólo por la situación de emergencia (la agencia europea salvaba sus muebles y su prestigio con un apartado que pasó desapercibido para muchos, para casi todos, y que tenía una sola línea: “fármaco sujeto a prescripción facultativa”, así que si los gobiernos repartieron la comirnaty como los confites en un bautizo, allá ellos, que cada palo aguante su vela). Ignoro quien le habrá escrito al Papa esta carta falaz, dudo mucho de que la haya redactado él personalmente y tampoco parece la obra de un profesor de teoría literaria (ni siquiera de un simple graduado), aunque está claro que la corriente de pensamiento que hay detrás es plenamente papal.

Aunque la confesada intención inicial era la de dirigirse a los seminaristas, esta comunicación tan fascinante la dirige Su Santidad a todos los cristianos. El admirado  (por algunos) Papa Francisco insiste en la necesidad de la lectura de novelas y poesía, es decir, de literatura pura y dura (nada dice del teatro o de otros géneros, no sea que al destinatario le dé por los autos sacramentales). Reivindicar los hábitos de lectura en un mundo de pantallas y poner en relación el hábito de leer con la corrección al redactar tiene una buena base y nadie que tenga dos dedos de frente se lo va a discutir. Pero hay otros aspectos aducidos que son cuando menos cuestionables. Por ejemplo, que la lectura de literatura redunde positivamente en la formación de los seminaristas, aduciendo que les permite un mejor conocimiento del mundo en el que viven (no sé cómo andan de tiempo los seminaristas actuales, ni cuál es la exigencia de sus estudios filosófico-teológicos, pero si hubiesen tenido un profesor de teoría del conocimiento como el que yo tuve, que nos puso como manual un libro de Luis Cencillo, les aseguro que tiempo para leer novelas más bien poco). O que la literatura haga de los lectores personas más compasivas o empáticas. No sé qué conocimiento del mundo o de los seminaristas tiene el Santo Padre, pero hoy muchos ingresan en el seminario o en la vida religiosa a una edad y con un bagaje que hace que su experiencia directa del mundo no sea para nada insuficiente. Las indicaciones del Sumo Pontífice podrían tener cierto sentido en la época en que la mayoría de vocaciones procedían de seminarios menores y de ambientes protectores. Por otra parte, los analfabetos, que suelen ser pobres o proceder de ámbitos de pobreza (a los pobres hay que referirse como lo que son en lugar de instrumentalizarlos según nos convenga), pueden ciertamente comportarse de forma inadecuada y primitiva, pero entre ellos no es infrecuente encontrar una compasión y una empatía de la que carecen muchos letrados y literatos.   

El Santo Padre se guarda bien de decirnos a qué tipo de literatura se refiere. También aquí se manifiesta su ambigüedad magistral característica, si exceptuamos, claro, que la temática sea la misa preconciliar (“caca, nene”) o las albas con ribetes de encaje (“marico****s”). Así que parece que sea lo mismo leer novelas edificantes o pedagógicas (como las de nuestro Michel-Ange Marin), literatura fantasy (Lewis, Tolkien o la discutídisma, siempre combativa y nada diplomática Silvana de Mari) o bien obras como Los Cantos de Maldoror, los Trópicos de Miller o la sadiana Justine. Tal vez pueda colegirse de la carta que cada cual pueda leer lo que más le guste (el ejemplo que relata de sus tiempos de profesor es paradigmático de una pedagogía errónea o ilusa). Lo único que nos podríamos atrever a deducir es que Papa Francisco, en esto denodadamente actual, pone el acento preferente más en el emotivismo que en la inteligencia, en el sentir que en el pensar, incluso cuando se habla de la importancia del estudio literario se deriva a la incidencia en la formación del corazón (sólo alguna referencia hay de pasada a la formación del intelecto). También es evidente para cualquiera mínimamente in-formado, que la carta, cuando habla del protagonismo preponderante del lector, tiene un trasfondo innegablemente luterano. Personalmente, por ejemplo, me gustan las novelas policíacas de Grangé. Tal vez este nombre al lector español corriente le diga muy poco, pero en Francia muchas de sus obras han llegado a la pequeña pantalla y a la grande (y aquí sí que a muchos puede sonarles una película basada en una de tales novelas titulada "Los ríos de color púrpura", ¿a que ahora si están situados?). El autor, lo reconozco, es en este sentido bastante repetitivo: asesinos en serie, ensañamientos, etc. Tan insanos psicológicamente resultan en sus novelas los "flics" protagonistas (sólo suelen ser equilibrados familiar y personalmente los humildes y secundarios policías locales) como los delincuentes. En fin, el ritmo es trepidante y su escritura cautivadora y hasta adictiva. Sinceramente, es una lectura que suele resultar bastante entretenida, especialmente cuando uno está abocado a cotidianos y aburridos viajes en tren o autobús. Pero dudo mucho que la lectura de estas novelas haya hecho de mí un mejor conocedor del mundo que me rodea, una persona más compasiva y empática, y desde luego no un mejor religioso o un mejor sacerdote.

Hay en la carta otras cosas que calificaré de curiosas por no emplear otros adjetivos. Por ejemplo, lo de que la literatura, en una definición satisfactoria para el Papa, es “escuchar la voz de alguien”. Demasiadas voces escuchamos en nuestro mundo como para necesariamente por vía literaria otras más. La citación borgeana me ha recordado a un religioso colombiano que tuvimos entre nosotros (no sé dónde anda ahora): admiraba a Borges en la misma medida que leía con fruición a autores, Dios se lo perdone, como Yuval Noah Harari. Así nos va, escuchando voces y aprontando la Agenda 2030. Me pregunto si, en cierto sentido, no nos convendría más silencio y menos voces.



También es para enmarcar la declarada preferencia del Papa por los artistas trágicos. Qué quieren que les diga. El 90 por ciento de las tragedias son determinismo fatalista y desesperanza, es decir, lo más anticristiano que pueda imaginarse. En otro apartado nos dice el Sumo Pontífice que la lectura calma el stress y el ansia. ¿La lectura como ansiolítico? No sé yo. Calma o crispa, depende. La gente, según este planteamiento papal, resulta ser bastante estúpida. Con lo poco que cuesta un libro de bolsillo, se gasta cinco veces más en masajes orientales para relajarse. Diríamos que así nos va y que el Papa Francisco tiene razón si no fuera porque muchos lectores y escritores lo son todo menos gente relajada y relajante.



Hay otra afirmación (no nueva, y, por tanto, convencida) del Papa que me guardaré muy mucho de comentar. Dejo que lo haga Jesús G. Maestro, aquí les pongo el vídeo, fíjense en el esfuerzo de contención que el profesor hace, cómo se reprime las ganas de decir “pero...¿este tío es tonto?”



lunes, 12 de agosto de 2024

Los Mínimos hacen cosas

 

Lo decía Mariano Rajoy de los catalanes: “los catalanes hacen cosas” (positivas). Aunque en este blog no nos prodigamos en elogios, eso no significa que no haya realizaciones positivas en nuestra Orden. Los Mínimos hacen cosas. Por ejemplo, los mínimos del Santuario de Paula hace tiempo que hicieron un esfuerzo para hacerse presentes en el mundo de las redes sociales. Me limito a señalar los dos canales de Youtube que ofrecen en streaming actos de culto (como la Misa dominical) y de cultura (como conferencias, reuniones de estudio, etc.).  Es una pena que no sean suficientemente conocidos y valorados. Los dos canales a los que me refiero son el propio del Santuario de Paula y el de la vinculada Fondazione San Francesco di Paola. Es verdad que algunos temas de conferencias pueden resultar un tanto abstrusos y sólo atrayentes para especialistas o iniciados (por ejemplo, cuando se ha hablado de los Padres Mersenne o Maignan), pero han habido también presentaciones de libros de interés más amplio (por ejemplo, del Diario di Prigionia del Cardenal Pell o de un libro de Costanza Miriano, la autora de aquel epatante “Cásate y sé sumisa”). Pero, así como hay que valorar el esfuerzo técnico y la dedicación que requieren, es lamentable que no se cuide tanto la difusión y la propaganda. Quiero decir que tal vez valiera la pena dedicar un poquito más de tiempo y, en lugar de la presentación genérica, ofrecer un resumen del contenido en el espacio de descripción del video, no fiarlo todo únicamente al título. Pero es que incluso el título tiene que ser adecuado para que el motor de búsqueda y los algoritmos funcionen adecuadamente. Vean este video en You Tube y díganme alguien cómo saber que se trata de la presentación de un libro de Monseñor Morosini:

https://www.youtube.com/watch?v=02JuQw92dcw

Me gusta la Orden de los Mínimos, son buena gente, hacen cosas. Pero precisamente por eso hay que animarles a que las hagan mejor.


viernes, 19 de julio de 2024

Dimitte mortuos sepelire mortuos suos

 


Cada cual lucha contra las tendencias depresivas como puede. Algunos utilizan fámarcos, otros acuden a terapias no baratas. Pero otros las combatimos a base de humor con cierta dosis de sarcasmo, lo siento, cada cual hace lo que buenamente puede.

“Chi sta bene non si muove”. Con esta frase inicial me comunicó un compañero hace un par de días la reelección de la misma Curia Generalicia en el Capítulo General celebrado en Roma. Al parecer, los Padres capitulares, considerando la, al parecer, excelente labor realizada por el magnífico equipo de gobierno en el sexenio pasado, se han decantado por la justa reelección. Los Padres capitulares están bien y no se han movido. Es verdad que en las votaciones puede influir tanto el interés como la inteligencia que, aunque empiecen por las mismas cuatro letras, no coinciden necesariamente, pues el interés mira a lo personal y la inteligencia a la objetividad. Bueno, en todo caso así es la democracia, el pueblo soberano (directamente o por medio de sus representantes cualificados) habla y elige así, interesada o inteligentemente, a la flor y nata de los gobernantes: Biden, Maduro, Sánchez, etcétera...

En todo caso, uno se siente todavía corresponsable y no puede aguantarse las ganas de ayudar a la gobernanza de la Orden; por ello, me permito alguna sugerencia. Por ejemplo, que el equipo de gobierno recién reelegido aproveche este verano para hacer un curso acelerado de tanatopraxia o algún master de agente funerario. Porque de aquí al 2030 les va a tocar enterrar Provincias, Delegaciones y Comunidades. Eso requiere respeto por los allegados, tener la compostura adecuada, organizar velorios como Dios manda. La cercanía cotidiana con la muerte no es fácil ni se improvisa. ¡Fórmense!

Al hilo de este Capítulo, a uno se le plantean algunos interrogantes. Voy a indicar sólo uno: ¿para qué sirve la Audiencia papal? Digo objetivamente. Subjetivamente siempre habrá frailes o monjas papólatras que sentirán cierto calorcillo sensible al contemplar a Papa Francisco a menos de 20 metros de distancia. No digamos ya si les da la mano (igual sienten lo mismo que preveía sentir un compañero de la mili, han pasado ya 45 años, si pudiera darle la mano a Sofía Loren, aaaaaah). Si realmente el Papa dijo lo que los medios dicen que dijo, la Audiencia papal se me antoja una verdadera pérdida de tiempo. Tristemente no hay que ser muy inteligente ni muy interesado para captar que este pontificado se está caracterizando por reavivar la vida consagrada en la misma medida que está consiguiendo promover la unidad o defender la verdad católica, o sea no excesivamente.

Otra sugerencia, esta para el Vicario-Procurador General: hágase vuestra Paternidad con una buena provisión de dulces (las monjas de Archidona los elaboran deliciosos), de modo que pueda obsequiar a los funcionarios/as/es de la CIVCSVA y se repriman un poco las ganas de decirle “altra volta qui, Padre?” cuando les vaya con un nuevo expediente de secularización.

Por otra parte, también hay que constatar que, si se tiene un buen seguro funerario, es más barato enterrar que mantener con vida. Basta un tipo fornido con una pala, terreno no falta. En la Curia Generalicia hay algunos asistentes que se ven bien alimentados, así que van a necesitar menos medios. Supongo que como en los Capítulos anteriores el Ecónomo General se habrá quejado de que algunas comunidades no envían las contribuciones establecidas a Roma. Bueno, considerando que no hay procedimiento ejecutivo ni recargos ni intereses de demora y que con la edad nos vamos volviendo olvidadizos, pues con aquello de “no sé donde tengo la cabeza, se me olvidan las cosas”, va a dar lo mismo pagar contribuciones en los primeros días del trimestre siguiente como al cabo de un año o como nunca. Los sepultureros no están muy bien pagados. Y total, cuando vengan a enterrar a la comunidad, ya harán Caja. O no. Porque igual algún Ecónomo local se convierte inesperadamente en admirador del Papa Francisco y el dinero se dona a Open Arms (para que vengan todos, todos, todos), a Greenpeace (Laudato si’, Laudate Deum) o a ayudar a la construcción de mezquitas (que somos todos hermanos y hay imanes muy inspiradores). Total, que igual cuando nos visiten no queda un duro... Y siempre será mejor eso que no que el dinero se vaya por apropiaciones indebidas o pagando indemnizaciones por abusos. Nada, cosas que uno piensa cuando se siente de otra galaxia...




lunes, 15 de julio de 2024

De Superiores, súbditos y navegaciones

 

No sé si a estas alturas el Capítulo General de los Mínimos celebrado en Roma habrá elegido ya al Corrector General (lo saben, en cambio, con toda seguridad los novicios y las monjas de clausura). Elegirlo no ha de ser tarea fácil en este momento difícil que nuestra Orden  está viviendo. Y no lo es porque en nuestra Orden no hay hoy día, que yo sepa, capacidad clara de liderazgo. Esta no es una carencia reciente. Tuvimos en el pasado siglo un General con liderazgo poco discutible: el Padre Savarese. Después de él ha habido un Corrector General santo y espiritual, otro que hizo lo que pudo y supo, un reputado profesor con actitudes incomprensibles que se reveló muy incomprensivo con los súbditos, un reformador cuyo programa fue aprobado explícitamente por el Capítulo pero cuya aplicación fue evitada y frustrada por la mayor parte de los frailes, y para terminar dos Generales que no han tenido otro programa de gobierno que la inhibición. Cuando la nave atraviesa el temporal (y créanme que el temporal actual es por lo menos de fuerte marejada) y más tratándose de una nave pequeña como la nuestra (pero con pesado bagaje), nos limitamos unos y otros a achicar como podemos, más si al mando se halla alguien cuya única intención declarada es capear torpemente el temporal (y encomendándose a la Agenda 2030 y al Papa Francisco). Si no hay alguien que de verdad tenga un poco de visión de navegación, de previsión de futuro y de marcar un rumbo claro, vamos a continuar simplemente achicando. Y pienso que no, no lo hay. Además, hay un peligro añadido que en algunas partes ya se está concretando. Si la tripulación tiene la impresión de que el capitán y sus oficiales la llevan a la deriva, los motines, expresos o larvados, detectables o inapreciados, surgen. Surgen cuando se toman decisiones vocacionales no simplemente equivocadas, sino concretadas en errores garrafales. Surgen cuando las pocas opciones de gobierno resultan ambiguas o superficiales. Surgen cuando se sacrifica a las vocaciones auténticas favoreciendo a las vocaciones falsas (las vocaciones son como la moneda, la falsa hace desaparecer a la auténtica). Surgen cuando alguien que tenía el estatus de tripulante acaba sintiéndose como un condenado galeote al que pretende marcarle el ritmo el último grumete. Cuando esto se tolera, los tripulantes más conscientes empiezan por construirse su propia barcaza de salvamento (“sálvese quien pueda”), ni reman ni achican (“no vale la pena”), no atienden a directrices (“inútiles pendejadas para cubrir el expediente de Adviento-Cuaresma”) y acaban por comportarse en el mejor de los casos como simples pasajeros...



miércoles, 22 de mayo de 2024

Hacia el Capítulo General

 Ya hace días que se ha recibido el listado de los llamados a participar en el próximo Capítulo General. Si no me he equivocado en las cuentas, son 18 italianos, 3 colombianos, 2 españoles, 2 checos, 1 brasileño, 1 indio y 1 congolés. Creo que no hay nadie originario de Camerún ni de Méjico. No falta alguna sorpresa, como la de un comiso de ultramar, cuya elección resulta objetivamente poco explicable y no faltará algún malpensado que la considere fruto de una mente maquiavélica curial. El tema enunciado es: “En continua conversión al Señor Jesús, para ser peregrinos de esperanza”. Ahí cabe cualquier cosa, así que no podrán quejarse los capitulares de verse reducidos a una temática concreta. El argumento resulta lo suficientemente ambiguo y jubilar, tan poco claro y distinto como para que en la Audiencia papal programada los mínimos sean recibidos con alborozo por el Pontífice romano. Entre los intervinientes externos, el biblista mediático Ernesto Della Corte que cuidará de las meditaciones. La cuota cardenalicia y CIVCSVA se cubre doblemente con el cardenal prefecto Braz de Aviz que presidirá una eucaristía; su Eminencia participó hace unos años en un Congreso de estudios de los que se celebran periódicamente en Paula; es difícil recordar una ponencia más insustancial y confusa (no me invento nada, las actas están publicadas, es tan fácil como tomarlas y leerlas). Esperemos que el Capítulo aborde de manera adecuada una reforma de las Constituciones anunciada y perorada como necesaria desde hace años, aunque esta inevitabilidad nunca se ha explicado de manera determinada y precisa. Supongo que se intentará nuevamente sin éxito la reforma de la estructura de la Orden. Para ello, ignoro si, en lo que pertenece a la reestructuración jurídica, la Comisión ad hoc en su día anunciada ha sido constituida y ha hecho algo. Digo sin éxito porque la propuesta del pasado (fue elaborada hace más de una década) nunca tuvo acogida por los llamados a aceptarla. La Delegación de España, con un futuro cada vez más incierto a corto plazo (Sevilla sin candidatos y Barcelona suicidándose), no ha tenido ni tiene ningún interés en gestionar el convento mexicano, cuya buena partida material, procedente de la generosidad de una familia, nunca se vio secundada por un movimiento vocacional probo y relevante; incluso podría sospecharse que a la Provincia de Paula, que lo abrió, le ha resultado últimamente más un lastre que un empuje; además, estando Los Angeles más cerca, parece que la unión de México con la delegación californiana sería geográficamente y culturalmente más aconsejable. Entre un Brasil que empieza a despegar y una Colombia con tan poco entusiasmo local y tan escasa empatía compatriótica que tres de sus oriundos se hallan fuera no parece tampoco que haya que esperar demasiada aveniencia. En cuanto a la unión de los emplazamientos italianos, hay que ser honesto y no es difícil percibir que la única Provincia que ha hecho una apuesta misional decidida, arriesgada y fecunda se resista a querer diluirse con otra Provincia en la que abundan las luchas de poder o con una Delegación que está en caída libre desde hace años. En el terreno de la formación no se sabe tampoco qué esperar, tal vez el anunciado Delegado para la Formación, si es que ha sido nombrado, pueda aclarar las cosas. En lo que se refiere a la expansión, no hay noticias oficiales de instalación en Filipinas, con Tours nadie se atreve e ignoro (son las ventajas de estar en la periferia y de no poder perder tiempo en curiosear) si hay algo de la pretensión que un día se planteó de tener un convento más en la República Checa.  Tal como van las cosas, uno se conformaría con que no se tocase la cuestión del voto de vida cuaresmal (mejor no meneallo) y, si alguna cosa se reforma de nuestra normativa, que sea quitar la solemne estupidez del artículo 165 de las Constituciones corroborada no menos estúpidamente en el número 137 del Directorio.

martes, 16 de abril de 2024

Sugerencias capitulares

  Algunas sugerencias de cara al próximo Capítulo General:

a)      Una primera prevención ética.

La seguridad y la salud pública en un evento tan internacional como es el Capítulo General parecen aconsejar, más teniendo en cuenta que la edad media en nuestro instituto es relevantemente elevada, que todos los asistentes vayan proveídos antes de ser admitidos, de su correspondiente pasaporte covid (lo que en Italia se conoce como green pass), es decir que estén todos inoculados con el mágico fármaco de la proteína Spike con todas las dosis y refuerzos necesarios. Hay que recordar que en tiempos de la pandemia el Papa Francisco habló de esta inoculación (entonces todavía experimental) como una obligación ética. Además, los mínimos somos gente valiente y no nos asustan las amenazas agoreras de posibles miocarditis y similares.



b) La necesaria sostenibilidad

En todo Capítulo hay cuestiones contingentes y cuestiones necesarias. Mis sugerencias se orientan exclusivamente a estas últimas. La sostenibilidad es hoy cuestión inevitable. El Capítulo ha de abordarla sin excepciones. No digo yo que haya que bajar a detalles tal vez impropios, como hizo un arzobispo en Cataluña que propugnó como ejercicio cuaresmal la reducción del tiempo de ducha por el consiguiente ahorro de energía y agua.  Pero una de las mociones convendría que se orientara a que todas las comunidades presenten un plan de eficiencia energética conventual a aplicar en los próximos seis años. No se puede entender que nuestros tejados y terrados, incluidos los del Aula Litúrgica del Santuario de Paula, no se hallen enteramente recubiertos de placas fotovoltaicas o nuestros campanarios coronados con aerogeneradores. Otra moción capitular sería la substitución en la Orden de los vehículos de combustible por coches eléctricos o recuperar los semovientes (los borriquillos,) siempre que se tratara a estos a cuerpo de rey, respetando su dignidad animal y sus derechos. Qué buen ejemplo sería acudir a la Audiencia papal con carros tirados por animales bien alimentados y bien tratados como si fuera el día de San Antonio Abad.



c) Insectivorismo

Las recientes reuniones internacionales, una se ha celebrado recientemente, están advirtiendo seriamente del peligro de la sobrepesca oceánica. ¿Podemos seguir con nuestra alimentación cuaresmal indiferentes a la suerte de los mares y océanos? Esto es todavía más apremiante cuando se trató en el Capítulo anterior del elevado coste del pescado que lo convierte en algunas zonas geográficas en un artículo lujoso. Hoy hay medios que nos permiten compatibilizar la fidelidad a la vida cuaresmal (interpretada usualmente como privación de la carne animal de animales de sangre caliente, de modo que nunca se ha considerado transgresión la ingesta de otros como caracoles, ancas de rana, etc.) con la conservación medioambiental. El insectivorismo permitiría compatibilizar perfectamente la ecología con la cuaresmalidad. ¿Hay que recordar la figura de San Juan Bautista, modelo de austeridad en el desierto, alimentándose de langostas? Es cierto que hay voces que advierten sobre la poca salubridad de este tipo de alimentación, la cual se está proponiendo no ya para penitentes sino para el conjunto de la población. ¿Por qué no ofrecernos a disipar en carne propia tales dudas? ¿Por qué no incluir los insectos en la dieta minimitana, bajo el control de dietistas médicos? Sería una forma de concreción del amor al prójimo, ofreciéndonos voluntarios para esta experimentación. La caritas sacrificalis dejaría de ser un puro concepto de elucubración teórica para constituir una aplicación concreta altruista. Además, para los españoles en concreto, el insectivorismo sería también un apoyo al producto local y a la tan cacareada soberanía alimentaria (hay que tener en cuenta que tenemos en Salamanca la mayor granja de insectos del mundo).

d) Una propuesta de ritual

Esta orientación ecologista activa se podría escenificar en el Capítulo con algún ritual significativo. Una de las sesiones se podría trasladar a los jardines del EUR, donde postrados en el suelo y con la oreja pegada a la tierra los capitulares podrían escenificar la escucha activa del lamento de la madre Tierra por las ofensas que el ser humano le está infiriendo. Además, en comparación y tomando ejemplo de lo que se hizo tiempo atrás en los jardines vaticanos, podrían distribuirse, para llevar de regreso a las respectivas comunidades, unas imágenes pachamámicas o similares. Del mismo modo que unos iconos representando a Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios de la Orden fueron distribuidos en una ocasión en el pasado, ¿por qué no ahora unas estatuitas de la madre Tierra? (El Ecónomo General podría adquirirlas en temu, donde venden algunas a precio muy asequible y ciertamente resultonas).



Por otra parte, teniendo en cuenta que en la Orden tenemos un doctor en teología pastoral que hizo su tesis en torno a la ecología integral del Fundador, podría este encargarse de dar una conferencia en el Capítulo, ahorrándonos así el tener que traer a un especialista de la CIVCSVA que normalmente toca temas inconcretos, somníferos y aburridísimos. Por otra parte, alguien de la casa sale siempre más barato, aunque no sea Cardenal ni Monseñor (así, de paso, evitamos alimentar el clericalismo, tan denostado por el Pontífice felizmente reinante).

En fin, estas son sólo algunas propuestas que se me han ocurrido, en la escucha activa de lo que nuestro mundo reclama, en las demandas que nos llegan de la sociedad en la que vivimos. Son, renunciando a todo prejuicio,  gestos pequeños, sencillos y cotidianos, propios de oyentes acogedores, que nos permiten evitar el peligro de desencarnar la fe y el anuncio, superando los miramientos egoístas.

 

miércoles, 10 de abril de 2024

Invocación (espiritista) por el Capítulo General

 La oración que se reza en las comunidades mínimas para el feliz y provechoso desarrollo del Capítulo General a celebrar en el próximo mes de Julio es una invocación a San Francisco de Paula que, entre otras cosas no necesariamente mejores, dice:

“Intercede, oh Padre, para que abramos nuestro corazón a tu Espíritu, como preparación al próximo Capítulo General...”

(así es en la traducción al castellano efectuada por un benemérito religioso español, pero en el italiano original la cosa suena todavía peor: se le pide a San Francisco que interceda para que abramos nuestro corazón al soffio (!) de su Espíritu...)

Para más inri, hay alguna comunidad donde la invocación se ha introducido dentro del rezo comunitario de las Vísperas, lo cual no deja de ser litúrgicamente disparatado.

Que para el feliz desarrollo de un Capítulo General se invoque al Espíritu Santo para que mueva los corazones y las mentes de los capitulares es justo y necesario, particularmente cuando se trata de tomar decisiones significativas o la elección del equipo de gobierno. Incluso en el teórico manual oracional de la Orden (el “Preghiamo” promulgado en 1993 por el Corrector General Galuzzi) la invocación de la acción del Espíritu Santo en los religiosos no es un elemento extraño. Y en la convocatoria del Capítulo del año 2012 la oración por el buen éxito del mismo se dirigía correctamente al Espíritu Santo. Pero que el Espíritu del Fundador ande por el mundo buscando que su ventolera encuentre acogida en el corazón de los frailes resulta cuanto menos chocante. Ontológicamente uno consideraba el Espíritu del Fundador como una entidad ideal semántica que se traducía en las características espirituales legadas por aquel a sus sucesores y discípulos, normalmente reflejadas en su vida y en sus escritos (particularmente en la Regla). Bueno, esto es lo que uno pensaba hasta ahora. Después de la inclusión en la invocación, parece que el Espíritu del Fundador es más bien una suerte de fantasmagórica entidad factual espiritual (lo que los materialistas denominarían una cuasientidad) que esperamos recibir en nuestra existencia para que la plasme en la auténtica minimez... No, ciertamente no hay que atribuirle al actual equipo de gobierno de la Orden la composición de la invocación. En su habitual orientación fisiocrática de “currant aquae” se han limitado a copiar la que se difundió hace seis años, en la convocatoria del Capítulo General anterior. Y aquí estamos rezando la invocación obedientemente, sin que ni una sola voz crítica pregunte: ¿pero esto qué es? Sin embargo, teniendo en cuenta que en la Curia Generalicia hay más de un licenciado en teología y hasta un filósofo de reconocido prestigio que, por tanto, avalan bastantemente la invocación referida, uno se percata de que la insuficiencia ha de hallarse necesariamente del lado de quien escribe estas líneas, es decir que voy a necesitar o repetir el noviciado o una urgente puesta al día de lo que es la vida consagrada y particularmente del conocimiento y determinación de eso que el mismo derecho canónico denomina espíritu de los Fundadores...También es verdad que en esta mi manifiesta ignorancia habrá influido la ausencia en estos años de la formación permanente, que ni está ni se la espera, a no ser que en la reunión capitular, de tanto invocarlo, se haga de pronto presente y soplante el espíritu del Fundador y le dé por terremotear alguna de las sesiones...