lunes, 23 de diciembre de 2024

Anda y pínchame una vena: Caminar decididamente con Jesús

 

Me llegó por fin el día 20 de diciembre el documento expedido por el Corrector General el día 1 de diciembre (primer domingo de Adviento), eso sí convenientemente traducido al español. No sabía si la cosa merecía un comentario aquí en el blog o no. Al final, me he decidido a hacer un comentario breve, aunque sólo sea por resarcir la injusticia de la última entrada (aunque no me fuese imputable, porque la intempestividad fue culpa de otro).

Trece páginas componen el documento “Caminar decididamente con Jesús”. Leerlo y releerlo no llega a ser una condena como la pesadilla de Valli respecto a un documento de la CEI, pero tampoco puedo decir que las páginas del Padre Reverendísimo sean para suscitar entusiasmo. Cierto que el General podrá excusarse alegando que se limita a aplicar decisiones capitulares. Los Capítulos Generales en el pasado se orientaban a dar normas que corregían o intentaban solucionar problemas. En la actualidad, los Capítulos se limitan a dar proposiciones que o son meros enunciados o en lugar de solucionar problemas los suscitan.

En un punto tiene toda la razón del mundo el Corrector General. Hay que mejorar nuestra capacidad de escucha, necesitamos unos buenos audífonos no sólo para escuchar el clamor del mundo, sino incluso para escuchar lo que sucede a nuestro lado. Vean lo que escribe el Padre General: “sugerencias y propuestas que pueden ayudarnos a caminar juntos, sinodalmente, como nos pide el Papa Francisco y está haciendo toda la comunidad eclesial”. ¿Toda la comunidad eclesial? ¿Einnnnn? Una visita en Gaes para el Padre Reverendísimo y pronto! A ver, aguce el oído, Padre, porque no hace falta tener mucha capacidad auditiva para darse cuenta de que al 99% de la militancia cristiana la sinodalidad se la trae al pairo o bien la considera más nociva y perniciosa que útil. Y si su Paternidad Reverendísima no ha sido capaz de captar eso, ¿de verdad piensa que es capaz de interpretar el tiempo en que vivimos?

Les ahorro lo que pienso sobre lo que escribe en relación a pastoral vocacional y a formación porque me da vergüenza (uno todavía la conserva). Sin embargo, hay un punto que no puedo dejar pasar por alto, el de la propuesta de un itinerario jubilar a través de figuras-tipo de santidad, hermanos y hermanas, que se han distinguido a lo largo de los siglos en nuestra familia religiosa. Y aquí, cada realidad de la Orden (Provincia, Delegación, etc.) reflexionará sobre la figura-tipo que le ha sido asignada. Viene un cuadrito con las figuras-tipo y la asignación. Ahí encontramos a San Nicolás Saggio, a los Beatos Barré, Felton, Hurtrel, al Venerable Clausi. Los pocos españoles (Gaspar de Bono) y Monjas Mínimas (Mártires) de Barcelona son presentados sin el título de Beatos. ¿Se imaginan ustedes que un General español hubiese “desbeatificado” a los italianos? ¿Es de recibo que se incluya al Siervo de Dios Bonaventura Gaona, conocido sólo en su casa, y se omita a las Venerables Filomena y Consuelito? Imaginen el alborozo de nuestras hermanas de Valls, Mora de Ebro y Daimiel ante este desaguisado... ¿Elevará el Delegado de España una protesta o al menos un WhatsApp de decir “Padre, ya le vale”? No, ni hablar. A los mínimos españoles y especialmente a los que se hallan al frente de la Delegación se les pincha una vena y sale horchata en lugar de sangre. Y si no hay sangre, duele decirlo, no hay vida. Ni amor. Así nos va.



viernes, 13 de diciembre de 2024

Carta de Adviento 2024

  


-            --Minimus, que ya se ha recibido la carta de Adviento del Corrector General.

-          -La he leído, se lee rápido, son sólo dos páginas esta vez. El eficiente blogger de Mínimos en familia ya la hapublicado.

-          -El título está bien: “Peregrinos de esperanza por el camino de la paz”.

-          -Muy adecuado, ahora que precisamente suenan tambores de guerra.

-          -Y  así, en general, ¿qué te ha parecido?

-          -Pues, a bote pronto, no sé si es la Carta de Adviento del Corrector General o la Carta de Adviento del Papa Francisco. Parece que el 95% son largas citas del magisterio reciente del Papa.

-          -Una carta de sólo dos páginas...

-          -Sí, tal vez el General no se encuentra bien o tal vez vaya muy mal de tiempo. Eso explicaría la brevedad inusitada.

-         -No sabía que el Corrector General estuviera tan ocupado, Minimus.

-          -La gente no comprende estas cosas desde fuera. Pensáis que el General vive enclaustrado en su Casa Generalicia y que sólo se ocupa de las comunidades en la Visita Canónica puntual y única que efectúa en sus seis años de mandato.

-          -¿No es así?

-          -Creo que no, amigo mío. Piensa que la Orden no es una empresa con 6000 sucursales o más de 100.000 empleados (como pueda tener, por ejemplo, el BBVA). Los Mínimos somos una organización pequeña: tenemos unas 40 comunidades y no llegamos a dos centenares de miembros.

-          -No son muchos.

-          -Por eso. El General, si se pone a ello, puede seguir de cerca la marcha de la Orden e incluso de cada uno de sus miembros. Un par de telefonazos al día y al cabo de tres semanas puede haber contactado con cada uno de los Superiores de comunidad, conociendo de primera mano cómo marchan las cosas. Le basta una llamada diaria para contactar con cada fraile un par de veces al año (por ejemplo, con ocasión del onomástico o del cumpleaños). 

-          -¿De verdad lo hace?

-        -Supongo que sí, personalmente soy una excepción, una especie de outsider. Pero yo creo que con los demás sí lo hace. Si no, no se entiende en qué emplea su tiempo.

-          -¿No puede haber otra explicación para la brevedad, Minimus?

-          -Hombre, tiene también otra tarea que requiere una atención exigente. Piensa que, estando al frente de la Orden, tiene la ingente función, el primero de todos, según lo programado, de escuchar al mundo con esperanza, de dialogar constantemente con él.

-          -Eso tiene que ser agotador.

-     -Ya te digo. Además, según esta reciente carta, la Orden tiene una misión singular, ciertamente nueva (los historiadores de la Orden nunca se habían referido a ella).

-          -¿Qué misión?

-          -La de ser levadura de una iglesia sinodal, misionera y misericordiosa.

-          -¡Caramba, nada menos!

-           -No es poca cosa. Sin nuestra actividad fermentadora no habrá iglesia sinodal, la misión no va adelante, la misericordia no llega a sus destinatarios.

-          -¡Pues qué tremenda responsabilidad la vuestra!

-           -Ahora bien, hay algo que me ha decepcionado.

-          -¿El qué?

-          -En su carta programática había dicho que desde este Adviento empezaría a dar indicaciones concretas para vivir y compartir el jubileo y el carisma a través de las figuras de santidad de nuestra Orden. De eso, ni rastro en las dos páginas.

-   -Igual ha cambiado de idea, Minimus. Los líderes resilientes y resistentes lo hacen. Mira a nuestro Presidente del Gobierno Pedro Sánchez, cuántas veces donde dije digo, digo Diego.

-          -Pero él lo hace para conseguir los apoyos necesarios para mantenerse en el poder.

-          -Ah, entonces es distinto.

-          -Claro que sí. El Corrector General de los Mínimos no necesita una mayoría suficiente para gobernar, no puede verse sujeto a una moción de censura. Tiene que pasar algo muy gordo en lo Mínimos, de orden moral o económico, muy gordo pero muy gordo, para que el Vaticano intervenga.

-          -O sea que el General podría pasarse los seis años sin dar ni golpe y aquí no pasa nada.

-          -Absolutamente nada. Más todavía: si no fuera por limitaciones de reelección previstas en nuestra normativa, un General que no hace nada tiene todas las posibilidades de ser reelegido. En el fondo, lo que queremos los frailes es que nos dejen tranquilos en nuestra inercia vital.

-          -Pero entonces...esta carta de Adviento, por ejemplo, ¿qué función tiene?

-          -Una función de cubrir el expediente, de fachada, de que el pobre redactor del Boletín Oficial tenga algo para imprimir. Dos páginas de palabras bonitas inertes, que no van a provocar nada en sus destinatarios, que se leerán tal vez comunitariamente en voz alta para llenar un tiempo soporífero antes de recitar la hora de Sexta, ningún impulso práctico, currant aquae... Añádanse tal vez un par de celebraciones jubilares en Roma o en Paula el próximo año, de esas con cardenal, que luzcan, que viva San Francisco de Paula, y así vamos peregrinando en la esperanza...

-          -Por el camino de la paz.

-            -Justamente, sosegadamente.

-          -Pues, Minimus, para ser tan tranquilo te expresas con cierta causticidad.

-            -Cosas que caracterizan a los outsiders.

-          -Y... ¿no temes que te peguen una patada de despedida?

-          -No lo descarto, pero es improbable. Si no les obliga una distracción cuantiosa de caudales o un comportamiento moral público gravemente escandaloso, tener que iniciar un proceso sancionador canónico de expulsión, seguro que piensan: huy, no, qué pereza...

-          -Pues nada, feliz y provechoso Adviento.

-           -Peregrinando por el camino de la paz. Aquí paz y después gloria.

RReeditando en 16-12-2024: to tachao, mi Superior acaba de mostrarme (no de darme) un pliego de páginas que acompañaban a la carta de Adviento y que son una especie de programa elaborado por el General y su Curia.

    - Minimus, entonces lo que pasa es que la comunicación, que en la Orden por su magnitud debería ser instantánea, clara y ágil resulta un desastre.

- -- No, señor, no, no un desastre, sino una p**a MIERDA, con perdón. 


jueves, 28 de noviembre de 2024

Noviciados de ayer y de hoy

Nuestra Ratio Institutionis dedica 16 páginas al tema del Noviciado. De las 16, probablemente sobran al menos 15 que son pura teoría tan repetitiva como inútil. Además, no se ve su aplicación concreta por ninguna parte. Aun así años atrás se seguía un programa formativo potenciado por el General en persona, donde, además de la labor del Maestro, se contaba con la colaboración de otros frailes (como el malogrado y recordado Padre Mediavilla y sus trabajadas lecciones sobre “Conocer y amar a San Francisco de Paula”). Las cosas cambian. Hace un par de años tuvimos dos novicios cuya principal actividad formativa fue colgar cachivaches (cualquier cosa colgable) de las paredes del convento, en una estética que, por catalogarla con una cierta amabilidad, calificaré de “emética”. Aquel fue verdaderamente un noviciado desmedidamente sinodal, con eso queda todo dicho, y puede imaginar el lector sus perniciosas consecuencias.

Últimamente releía un servidor las caducadas Constituciones de 1938 (eran los tiempos del Corrector General Di Lauro) y me sorprendía la seriedad con que se tomaba este período formativo. Era tal la preocupación por la exclusividad y la importancia de la formación en esta etapa que a los novicios ya sacerdotes se les excluía, para que no perdieran este tiempo precioso de imbuirse en la vida religiosa, incluso de la predicación y del oír confesiones.

Para muestra otro botón: los novicios debían procurar conocer algunas obras de autores mínimos y se ponían como ejemplo la In laudes Minimorum de Jacquier, la Circular de Monsinat, las Vidas de los Santos de Giry, las obras de Avrillon y el Comentario a la Regla de De Peyrinis. Casi ná. Para algunos de los últimos profesos, probablemente Jacquier les suena a marca de whisky, Monsinat sería algo así como el ganador del premio de la montaña del Tour, Giry una de esas colonias tan cautivadoras que se publicitan en la tele cuando se acerca Navidad, y Avrillon, no sé, tal vez una oronda bailarina de burlesque. En cuanto a De Peyrinis, como diría (porque lo dijo literalmente) un General de los últimos, ¿qué interés tiene un Comentario del siglo XVII? Pobre Padre Garau (que en paz descanse), que llevó a cabo hace ya 20 años la penitente e ímproba tarea de traducir aquellos Commentaria ascetica del latín al italiano pensando en el provecho de la Orden y particularmente en la formación de los jóvenes religiosos... No sé qué habrán hecho en Génova con el conocido busto de De Peyrinis; supongo, sería lo justo, que habrá ido a  Roma en compañía de la biblioteca genovesa que tanto procuró enriquecer.

 


 En fin, los enfoques de noviciado cambian aceleradamente, con velocidad desaforada. Como lo hacen nuestros proyectos, cada vez más efímeros. Hemos pasado, en un tiempo relativamente breve, de querer reabrir Tours (para cuya adquisición algunas voces confesaban convencidas haber mantenido una lucha denodada con la masonería) a una presencia cada vez más pseudopresente en el icónico Santuario dei Marinai ligur.

viernes, 8 de noviembre de 2024

NOM ó MOGA? La reciente carta del Corrector General a la Familia Mínima

 En un noviembre en que la coincidencia con el domingo nos ha hurtado la Conmemoración de los Difuntos de la Orden, usualmente fechada el 3 de noviembre, y que tal vez podría haberse trasladado en el calendario a otro día (uno, como pobre bachiller, de liturgia, como de todo lo demás, más bien poco), el Corrector General nos ha dirigido una primera inquietante carta a la Familia Mínima (es decir, a frailes, monjas y terciarios). El Delegado de España ha cuidado de traducirla, así que si alguna de las consideraciones que aquí hago son erróneas debido a la traducción, pásenle a él la culpa...La carta la han puesto en red en ese formidable blog titulado Mínimos en familia.

Ya en el primer párrafo recibimos una confesión que para algunos puede resultar turbadora: resulta que el Padre Reverendísimo aceptó su elección para un segundo mandato por los “sentimientos” de confianza en el Señor y de continuar el servicio a la familia religiosa que ama, o sea que aceptó porque lo “sintió” así. Bueno, si en una decisión de tanta relevancia la cosa no pasa por la razón y sólo por el corazón, se diría que difícilmente decisiones más ordinarias van a ser pensadas (bastará con que sean sentidas).

En esa propensión italiana al adorno innecesario (ma chi te lo fa fare?), nos hallamos con una segunda declaración que también tiene miga: agradece haber sido sostenidos y ayudados por la oración, él y la Curia, para llegar a “descubrir el gozo de ser hijos del mismo Padre San Francisco” (¡como descubrir la pólvora!). Hay ciertos descubrimientos que tendrían que darse ya en el momento de la primera profesión y no más de cincuenta años después. En fin, nunca es tarde si la dicha es buena (“meglio tardi che mai”)...



 Hay una mención de pasada al carisma cuaresmal propio de la Orden, del que se toma no la acostumbrada tríada penitencia-humildad-caridad, sino el testimonio y el mensajeo de la “misericordia del Padre”. Esto es lo bueno de la versatilidad del carisma mínimo, que puedes relacionarlo con lo que te salga de las narices en cada momento, basta con que sean cosas buenas.

En un alarde de actualidad el Reverendísimo Padre cita una frase de la Dilexit nos, que en el contexto de ésta no tiene que ver con la vocación ni estrictamente con la esperanza, sino con la recuperación del corazón (no importa, porque lo del corazón ya nos había quedado sobreentendido y suficientemente recuperado, vid. supra).

Luego nos informa de a qué se ha dedicado el Capítulo: dar respuesta a los desafíos “emergentes”, cosa que resulta bastante cómoda en cuanto que lo emergente todavía no acaba de ser del todo conocido. ¿Qué pasa con la problemática de los desafíos ya emergidos?  No han importado al Capítulo, porque estamos peregrinando en esperanza, así que al presente que le den, no recojamos el guante. Vienen después unos párrafos dedicados a la esperanza, uno de ellos basado en buena parte en la homilía del Papa Francisco en la Ascensión del 2024. Aquí hay que romper una lanza en favor de la españolidad del traductor, quien substituye el “irla pasando” latinoamericano de la versión vaticana de la homilía por un más español de España “ir tirando”.


 

También nos dice la carta que nuestro tiempo es turbulento, pero también “rico de signos que tenemos que saber reconocer”. Esto es importantísimo, más adelante me ocuparé de un “signo” de este tiempo turbulento, que seguramente se guardará mucho de advertir su Paternidad Reverendísima...

Inmediatamente la carta aborda, sin tapujos y abiertamente, un tema: la aplicación del Vaticano II. Como se sabe, hay dos corrientes claras (hay más, pero marginales) de comprensión del Concilio. De una parte, la que lo comprende como un aggiornamento, una reforma, una mejora en la relación con el mundo moderno, con la implicación de que sus decisiones deben ser entendidas e interpretadas de acuerdo con la llamada hermenéutica de la continuidad.



De la otra parte, la corriente que lo considera una verdadera revolución o ruptura, una conexión briosa con el modernismo (para unos diálogo fructuoso, para otros vergonzosa rendición). Nuestro Corrector General explícitamente dice en su carta que es “revolución”, una revolución todavía por actuar, cuyo actual programa es la sinodalidad y su carga de diálogo ad intra y ad extra. Toda revolución es una ruptura con el pasado, una subversión donde lo nuevo se impone por la fuerza y lo antiguo, en cuanto irreciclable, tiene que ir a parar al contenedor gris de la basura.



Total: diálogo, diálogo, diálogo. Lo que no concuerda es que se hable de una revolución por actuar y que más adelante se exprese el lamento por la dilución de la propia “identidad carismática y cristiana” y la necesidad de vuelta a las fuentes. El único problema que tiene el diálogo es que con él pasa como con las peleas. Si se dice que “dos no se pegan si uno no quiere”, tampoco difícilmente se puede dialogar con el mundo si este no quiere. Los poderes del mundo escuchan difícilmente y si nos limitamos a escuchar de nuestra parte, acabaremos, si no hemos acabado ya, capitulando y adoptando los valores del Nuevo Orden Mundial.

 


Vamos con un signo de los tiempos, uno que creo le habrá sentado como un tiro a uno de los miembros de nuestra Curia Generalicia (a uno por lo menos): la victoria de Trump sobre Harris en las elecciones americanas. Toda una bofetada a la revolución woke. Trump será lo que sea, pero suele ser de sí, sí, no, no. Y esto muchos americanos lo han captado. Como han captado que la firmeza no está reñida con la democracia. ¿Diálogo? Su capacidad negociadora la pone en práctica sin rendirse a la otra parte. Con diálogo ha sido capaz de atraer a su causa a demócratas como Kennedy o Gabbard (cuidado con ésta, si logra presentarse en 2028 ó 2032, podría ser la primera mujer Presidenta de América, no hay que olvidar que es una veterana de Irak y que en USA el “thanks for your service” tiene una relevancia que desde Europa nos cuesta comprender).

 


 Hay detalles que pueden sorprender como que entre los primeros votantes Trump ha pasado de un 32% en 2020 a un 54% en 2024. No hay que canonizar a Trump, desde luego, más cuando en algunos aspectos podría ser visto como mal menor. Pero me pregunto si el tener claro el movimiento MAGA, no podría conducirnos a un (humilde, por supuesto, pero decidido) movimiento MOGA (Make Order Great Again) en los Mínimos. Dialoguemos con quien sea (con el diablo no, claro), pero tengamos claro que es lo que buscan los peregrinos de sentido en nuestra Iglesia católica, esos a los que tenemos que llevar el “mensaje de la misericordia del Padre”: una verdad firme (no oscilante), una moral exigente (y objetiva, no un fai da te), una belleza conmovedora (no es casual el auge de la misa tradicional en sectores no precisamente de ancianos nostálgicos)...

 

(A propósito del video anterior: yo creo que Youtube debería aplicar restricciones de edad no sólo en la mínima, también en la máxima, este videito lo ve el Papa Francisco y se coloca en riesgo de que le dé un patatús).

La carta del Padre General acaba anunciando la propuesta futura de “indicaciones” (en la próxima carta de Adviento) para vivir y compartir el jubileo y el carisma a través de las figuras de santidad de nuestra Orden. Esto sí es revolucionario. Después de seis años de gobierno sin una sola indicación clara concreta, se nos anuncian futuras indicaciones (en plural), o sea que esta gente de la Curia se ha decidido en este mandato, esta vez sí, a currar. Además, eso serán propuestas (es decir, exhortaciones, sugerencias), no órdenes autoritarias (estaría bueno que mientras se toleran sin ni siquiera una amonestación privada notorios abandonos de la vida común y hasta corrientes transgresiones de los votos se pretendieran imponer indicaciones). En fin, algunos esperamos impacientemente lo anunciado, esperando que realmente las propuestas sean fecundas personal, vocacional, comunitaria y misionalmente, no “mumbo jumbo” en su formulación,  y que no equivalgan en sus consecuencias prácticas, por poner una analogía suficientemente rotunda, a robarle el coche a John Wick y matar a su perro...



No sé, entenderán que uno se pregunte a veces si no está en el rally equivocado... 

lunes, 28 de octubre de 2024

De polvo, gusanos y de “se non veri, ben trovati”

 


Dejo descansar mi particular visión sobre la marcha actual de la congregación (no, no me he corregido, es sólo una tregua temporal) para abordar una cuestión relativa a un texto particular del Correctorio, en concreto este pasaje del número 75 referido a los frailes letrados (los instruidos en Letras) que no han de pretender por ello prerrogativas: “neque alicui etiam praestantissimo viro sic stare molestum sit, cum Rex gloriae sic pro nobis vermiculis in pulvere humiliter sederit”, que en la traducción publicada en 1993 por la Delegación de España dice así: “Y esto no se les torne cosa gravosa por eminentes que ellos sean, cuando el mismo Rey de la gloria se rebajó humildemente hasta el polvo por nosotros, pobres gusanillos”.

El infatigable Monseñor Morosini ha utilizado repetidamente este pasaje en relación a la virtudes de la humildad y de la obediencia fundamentadas en el misterio de la encarnación, tomando como apoyo bíblico el himno del capítulo 2 de la carta a los Filipenses. Recientemente, en un artículo aparecido en el número 3 de la revista Paenitemini sobre Fil 2,5-11, Padre Franco Santoro amplía las referencias bíblicas directas tanto del polvo (Génesis 2,7; 3,19; Salmos 44, 26; Isaías 47,1; Job 42,6; Josué 7,6; Apocalipsis 18,19) como de los gusanos (Salmos 22,7; Isaías 41,14).  Como yo no soy "vir praestantissimus", puedo, sin embargo, permitirme con temerario atrevimiento y sin temor de perder pizca de prestigio (en cuanto carezco de él) manifestar que aquí Padre Santoro me ha hasta cierto punto decepcionado, al omitir la concordancia bíblica en la cual más directamente polvo y gusanos van de la mano. Me refiero al versículo del Libro de Job en el cual se pone de manifiesto el destino igualmente mortal de la vida dichosa o amargada. Dice Job 21,26: “Et tamen simul in pulvere dormient, et vermes operient eos” (en la traducción de la Biblia de Jerusalén: “Juntos luego se acuestan en el polvo, y los gusanos los recubren”). En Filipenses 2, 8 el rey de la gloria culmina su humillación y su obediencia “hasta la muerte y muerte de cruz”. Vamos, que si se pone uno a comentar con la creatividad acostumbrada de los comentaristas mínimos italianos, podría referir perfectamente el "sedere in pulvere" del rey de la gloria a su muerte para alimentarnos (darnos vida) a nosotros (los gusanos). ¿Parece broma? No, no, pónganle en bandeja esto a Monseñor Morosini y es capaz de escribir veinte páginas incluso con derivaciones eucarísticas...


sábado, 12 de octubre de 2024

De conmemoraciones, nostalgias y prospectivas

 El canal de YouTube del Santuario de Paula ha recordado los 40 años de la visita al Santuario del Papa Juan Pablo II. El pequeño reportaje ha salido ágil y bien realizado. Un buen  resumen, bien conducido por la voz serena de Padre Arzente y con un par de testimonios bien acoplados, conjugando la vivacidad del recuerdo con el rigor del relato. El video no se abstiene de pasar por alto algún detalle negativo y menciona alguno muy simpático menos notorio. Al cabo de los años, reconocer que en determinados momentos buena parte del pueblo creyente tuvo la impresión de que Su Santidad había acudido sólo para el clero y las instituciones supone una honestidad en el relato que lo es todo menos frecuente. Me ha recordado el paso de Benedicto XVI por Barcelona cuando vino a inaugurar la Sagrada Familia; el camino entre Obispado y Santuario por las calles de Barcelona fue, para pesar del gentío que bordeaba las calles, a tal velocidad que con razón algún humorista en el periódico del día después dibujaba el papamóvil con las hechuras de un bólido de carreras. El video de Paula consigue suscitar fácilmente una sonrisa al contar cómo en un tiempo en que no existía ni Just Eat ni Glovo ni similares la pontifical petición de la tortilla matinal pudo satisfacerse diligentemente (no es corriente que una tortillita sea policialmente escoltada). Sin duda, aquella visita fue un momento brillante y por ello memorable. En algunos religiosos de cierta edad el video despertará nostalgia y emoción.

En aquellos que sólo conocíamos el viaje papal por los gráficos del papel impreso puede despertarnos el interrogante de cómo se ha evolucionado en los últimos cuarenta años. Vocacionalmente no es difícil concluir, por ejemplo, que en los máximos responsables de nuestra Delegación de España, la generación que la ha gobernado y la gobierna aún hoy, el reloj vocacional parece haberse quedado parado en aquel lejano 1982. El material de difusión vocacional, representado por un folleto (traducido del italiano) intitulado “Un mensaje de liberación”, sigue almacenado ocupando metros y metros de estantería cuando hace mucho tiempo que tendría que estar en el contenedor azul. El problema no es que no haya habido intentos de renovación y puesta al día, sino que estos intentos han desembocado en el vaho, en el vacío, y últimamente en una funesta y temeraria abstención formativa. Una vez más la patología tiene su origen en la formación. Hoy tenemos religiosos tan ignaros de las Constituciones que confunden el voto de pobreza con procurarse una camisa del ropero parroquial, conservando sin embargo la libre administración y disposición de sus pensiones, subsidios o rentas; no es difícil deducir que con esta ineptitud en origen al final el religioso acaba teniendo de religioso sólo el hábito. Si ello puede corregirse tal vez en la etapa del coristado, resulta imposible hacerlo en el caso de los hermanos legos, cuya formación posterior al noviciado es pura y simplemente ninguna. Y me temo que tales deficiencias formativas no las padezca sólo la Delegación de España, sino que de ello adolezca en mayor o menor medida toda la Orden. Es verdad que en Italia hubo hace años el intento de una pastoral vocacional (vocación y formación son sólo erróneamente separables) seria (discutible, pero seria) bajo la responsabilidad de Padre Cozzolino. Tal vez no era ideal, tal vez faltaba corresponsabilidad o capacidad de colaboración, de “coinvolgimento”, muy probablemente sobrara protagonismo personal, tal vez en algunos aspectos se hicieron concesiones inanes o pseudocientíficas y sujetas a la moda (recuerdo un sorprendente y acaso no muy estrictamente católico “San Francisco y el eneagrama”), tal vez etcétera y etcétera, pero al menos había un intento, un esfuerzo, un manos a la obra y hubo una cierta innegable fecundidad (acaso más en las vocaciones de terciarios que en las de frailes). El problema no es qué ha sustituido a aquello sino que después de aquello lo único que ha habido ha sido la nada y la confusión.

Antes y después, en la Orden y en la Iglesia. El video del Santuario desencadena fácilmente en quien lo contempla la idea del contraste. El contraste, por ejemplo,  entre aquel Papa gigante y el actual, entre aquella Orden de los Mínimos y la de ahora. Cuanto más se percibe aquella grandeza (de espiritualidad, de claridad, de magisterio) más se manifiesta la nimiedad del presente. No se trata de atacar a nadie. Se trata de que es difícil permanecer indiferente y conformado cuando se advierte el declive de aquello que se ama. La fidelidad no es papolatría a cualquier precio; amar el papado puede querer decir no soportar su desprestigio, un desprestigio que crece en la medida en que el ejercicio se conduce, sin que en el Colegio cardenalicio se levanten más que un par de voces aisladas en desacuerdo, por las sendas del barullo doctrinal, de la parcialidad arbitraria o del servilismo al poder globalista. En la Orden, sin embargo, el problema tal vez no sea actualmente el ejercicio del poder, sino, con la connivencia de asistentes y otros superiores, el anquilosamiento de la inacción. ¿Ha de extrañar entonces que un leal pronóstico pinte el futuro con tintes de tormenta y (auto)destrucción?



miércoles, 11 de septiembre de 2024

De formación o deformaciones

 “Aquí me pongo a postear / al compás de la vigüela,/ que al hombre que lo desvela/ la vida comunitaria/, como el ave solitaria / con su bloguear se consuela...” (para que se vea que yo también algo recuerdo de lo que he leído). Y a veces para postear sin perder la compostura hay que pedir la ayuda divina como se hacía al inicio del Martín Fierro.



En la vida religiosa hodierna (incluida la Orden de los Mínimos) el tema de la formación está fácilmente en la boca de todos con tan discutible utilidad como la que tenían las mascarillas quirúrgicas en el tiempo del contagio. La realidad que se percibe en las comunidades, la que se palpa cotidianamente, está lejos de ser ideal. Nada es más contagioso que la deformación y ahí no hay mascarillas que valgan. Un novicio entrado en años, con su aparente madurez y una circunspección aparentemente prometedora, puede al cabo del tiempo, por mor del contagio, llegar a la profesión convertido religiosamente en un bisoño quinceañero que en el rezo del coro se conduzca más "cum ludibrio" que "cum tremore". Les aseguro que no me invento nada, ni me refiero a un recuerdo espacial o temporalmente remoto. "Qui habet aureas audiendi, audiat!"

Pero Dios no abandona al pueblo fiel y si en la formación religiosa o sacerdotal andamos extraviados o desconcertados, el Papa Francisco viene en nuestra ayuda y en el bochorno veraniego nos ha obsequiado con una carta ciertamente sorprendente sobre literatura y formación. La carta resulta para algunos tan oportuna como pudo ser en el tiempo de la pandemia enunciar la obligación ética de inocularse una terapia génica todavía experimental y autorizada por la EMA sólo por la situación de emergencia (la agencia europea salvaba sus muebles y su prestigio con un apartado que pasó desapercibido para muchos, para casi todos, y que tenía una sola línea: “fármaco sujeto a prescripción facultativa”, así que si los gobiernos repartieron la comirnaty como los confites en un bautizo, allá ellos, que cada palo aguante su vela). Ignoro quien le habrá escrito al Papa esta carta falaz, dudo mucho de que la haya redactado él personalmente y tampoco parece la obra de un profesor de teoría literaria (ni siquiera de un simple graduado), aunque está claro que la corriente de pensamiento que hay detrás es plenamente papal.

Aunque la confesada intención inicial era la de dirigirse a los seminaristas, esta comunicación tan fascinante la dirige Su Santidad a todos los cristianos. El admirado  (por algunos) Papa Francisco insiste en la necesidad de la lectura de novelas y poesía, es decir, de literatura pura y dura (nada dice del teatro o de otros géneros, no sea que al destinatario le dé por los autos sacramentales). Reivindicar los hábitos de lectura en un mundo de pantallas y poner en relación el hábito de leer con la corrección al redactar tiene una buena base y nadie que tenga dos dedos de frente se lo va a discutir. Pero hay otros aspectos aducidos que son cuando menos cuestionables. Por ejemplo, que la lectura de literatura redunde positivamente en la formación de los seminaristas, aduciendo que les permite un mejor conocimiento del mundo en el que viven (no sé cómo andan de tiempo los seminaristas actuales, ni cuál es la exigencia de sus estudios filosófico-teológicos, pero si hubiesen tenido un profesor de teoría del conocimiento como el que yo tuve, que nos puso como manual un libro de Luis Cencillo, les aseguro que tiempo para leer novelas más bien poco). O que la literatura haga de los lectores personas más compasivas o empáticas. No sé qué conocimiento del mundo o de los seminaristas tiene el Santo Padre, pero hoy muchos ingresan en el seminario o en la vida religiosa a una edad y con un bagaje que hace que su experiencia directa del mundo no sea para nada insuficiente. Las indicaciones del Sumo Pontífice podrían tener cierto sentido en la época en que la mayoría de vocaciones procedían de seminarios menores y de ambientes protectores. Por otra parte, los analfabetos, que suelen ser pobres o proceder de ámbitos de pobreza (a los pobres hay que referirse como lo que son en lugar de instrumentalizarlos según nos convenga), pueden ciertamente comportarse de forma inadecuada y primitiva, pero entre ellos no es infrecuente encontrar una compasión y una empatía de la que carecen muchos letrados y literatos.   

El Santo Padre se guarda bien de decirnos a qué tipo de literatura se refiere. También aquí se manifiesta su ambigüedad magistral característica, si exceptuamos, claro, que la temática sea la misa preconciliar (“caca, nene”) o las albas con ribetes de encaje (“marico****s”). Así que parece que sea lo mismo leer novelas edificantes o pedagógicas (como las de nuestro Michel-Ange Marin), literatura fantasy (Lewis, Tolkien o la discutídisma, siempre combativa y nada diplomática Silvana de Mari) o bien obras como Los Cantos de Maldoror, los Trópicos de Miller o la sadiana Justine. Tal vez pueda colegirse de la carta que cada cual pueda leer lo que más le guste (el ejemplo que relata de sus tiempos de profesor es paradigmático de una pedagogía errónea o ilusa). Lo único que nos podríamos atrever a deducir es que Papa Francisco, en esto denodadamente actual, pone el acento preferente más en el emotivismo que en la inteligencia, en el sentir que en el pensar, incluso cuando se habla de la importancia del estudio literario se deriva a la incidencia en la formación del corazón (sólo alguna referencia hay de pasada a la formación del intelecto). También es evidente para cualquiera mínimamente in-formado, que la carta, cuando habla del protagonismo preponderante del lector, tiene un trasfondo innegablemente luterano. Personalmente, por ejemplo, me gustan las novelas policíacas de Grangé. Tal vez este nombre al lector español corriente le diga muy poco, pero en Francia muchas de sus obras han llegado a la pequeña pantalla y a la grande (y aquí sí que a muchos puede sonarles una película basada en una de tales novelas titulada "Los ríos de color púrpura", ¿a que ahora si están situados?). El autor, lo reconozco, es en este sentido bastante repetitivo: asesinos en serie, ensañamientos, etc. Tan insanos psicológicamente resultan en sus novelas los "flics" protagonistas (sólo suelen ser equilibrados familiar y personalmente los humildes y secundarios policías locales) como los delincuentes. En fin, el ritmo es trepidante y su escritura cautivadora y hasta adictiva. Sinceramente, es una lectura que suele resultar bastante entretenida, especialmente cuando uno está abocado a cotidianos y aburridos viajes en tren o autobús. Pero dudo mucho que la lectura de estas novelas haya hecho de mí un mejor conocedor del mundo que me rodea, una persona más compasiva y empática, y desde luego no un mejor religioso o un mejor sacerdote.

Hay en la carta otras cosas que calificaré de curiosas por no emplear otros adjetivos. Por ejemplo, lo de que la literatura, en una definición satisfactoria para el Papa, es “escuchar la voz de alguien”. Demasiadas voces escuchamos en nuestro mundo como para necesariamente por vía literaria otras más. La citación borgeana me ha recordado a un religioso colombiano que tuvimos entre nosotros (no sé dónde anda ahora): admiraba a Borges en la misma medida que leía con fruición a autores, Dios se lo perdone, como Yuval Noah Harari. Así nos va, escuchando voces y aprontando la Agenda 2030. Me pregunto si, en cierto sentido, no nos convendría más silencio y menos voces.



También es para enmarcar la declarada preferencia del Papa por los artistas trágicos. Qué quieren que les diga. El 90 por ciento de las tragedias son determinismo fatalista y desesperanza, es decir, lo más anticristiano que pueda imaginarse. En otro apartado nos dice el Sumo Pontífice que la lectura calma el stress y el ansia. ¿La lectura como ansiolítico? No sé yo. Calma o crispa, depende. La gente, según este planteamiento papal, resulta ser bastante estúpida. Con lo poco que cuesta un libro de bolsillo, se gasta cinco veces más en masajes orientales para relajarse. Diríamos que así nos va y que el Papa Francisco tiene razón si no fuera porque muchos lectores y escritores lo son todo menos gente relajada y relajante.



Hay otra afirmación (no nueva, y, por tanto, convencida) del Papa que me guardaré muy mucho de comentar. Dejo que lo haga Jesús G. Maestro, aquí les pongo el vídeo, fíjense en el esfuerzo de contención que el profesor hace, cómo se reprime las ganas de decir “pero...¿este tío es tonto?”