lunes, 27 de julio de 2026

Historia, leyenda y un gran interrogante : "I Beati Paoli"

 Leyendas y tradiciones populares suelen tener un trasfondo histórico. Este queda obnubilado cuando sobre aquellas leyendas y tradiciones se superpone una ficción literaria exitosa. Sobre la organización “secreta” panormitana  de los Beati Paoli ha ocurrido tal superposición. Probablemente el estudio histórico más fundamentado sea todavía hoy (reconozco que en esto es posible que mi conocimiento sea obsoleto) el de Francesco Paolo Castiglione publicado en 1999.



El origen del grupo, de acuerdo con el conjunto de datos, se situaría hacia 1516-1517 en conexión con las revueltas populares contra los virreyes Hugo de Moncada y Héctor Pignatelli. Probablemente este tribunal-secta de los Beati Paoli, que, al parecer, se reunían encapuchados en los subterráneos de Palermo (se han señalado la gruta de los jardines de la Curcuma y bajo la iglesia de S.Maruzza),  acababan con el empleo de la violencia como alternativa al poder institucionalizado, hasta el punto de que andando el tiempo serían considerados popularmente como defensores del pueblo humilde.

En el siglo XIX las tradiciones sobre los Beati Paoli serán instrumentalizadas ideológicamente y en el siglo XX las novelas del hábil escritor Luigi Natoli (con el seudónimo de William Galt) conocerán una enorme difusión; los oscuros sicarios se convertirán, por esta vía, en una especie de superhéroes justicieros en el sentir popular. Tanto es así que si como precedentes históricos de los Beati Paoli se señala al grupo de los Vendicosi del siglo XII, los mafiosos de Cosa Nostra se pretenderán ellos mismos como continuadores de los Beati Paoli. Si hacemos caso al tal vez nunca del todo fiable Saviano, la novela de Luigi Natoli ha sido la lectura preferida de los capos sicilianos.



¿Por qué traer a este blog a los Beati Paoli? Porque hay un interrogante todavía por resolver. Algunos creen que el nombre de la secta deriva de la Orden de San Francisco de Paula; Castiglione afirma que los Beati Paoli con la Orden “in qualche maniera hanno a che fare” y cree que fueron identificados (en su origen en el siglo XVI) por el pueblo con los hombres del Biat’i Paula (= Beato de Paula, es decir, San Francisco). ¿Qué relación hubo auténticamente entre los Mínimos y los Beati Paoli? Este es el interrogante por resolver. Existe din duda una cierta contemporaneidad en cuanto que el convento de Santa Oliva tiene su origen en la cesión en 1518 a los Mínimos (inducida por Pignatelli) de la iglesia entonces perteneciente a una cofradía de sastres.  Añádase a esto la fundación, también impulsada por Pignatelli, del monasterio de Mínimas de los Siete Ángeles. Castiglione asegura que tanto el convento de los frailes como el monasterio de las claustrales tenían en su subsuelo subterráneos y cavernas. ¿Procede, pues, el nombre de Beati Paoli de algún vínculo con la Orden de San Francisco de Paula? Esperemos que algún día algún estudioso mínimo siciliano sea capaz de hacer luz sobre este misterio.

Aunque no tenga relación directa con el tema, ignoro el porqué, cuando redactaba este post, he recordado las palabras, tan inoportunas como reveladoras, de un anciano Padre que había sido Corrector en Palermo. Las escuché en 1994 (en 1992 habían tenido lugar los explosivos atentados contra Falcone y Borselino), decía que en su tiempo (sic) la Mafia “no era tan sanguinaria…”. No sé qué quiso decir exactamente. Qui habet aures audiendi, audiat…

domingo, 14 de junio de 2026

Casuales coincidencias: un escritor y un Papa

 


Se han cumplido este junio 70 años de la muerte del escritor calabrés Corrado Alvaro, cuyas exequias fueron celebradas, si no me equivoco, por su hermano sacerdote en la parroquia mínima romana de Sant’Andrea delle Fratte. He tenido ocasión de leer lo que hace 100 años escribió sobre San Francisco de Paula e inmediatamente he recordado al Papa Francisco y aquel mensaje de enigmática gestación que dirigió a la Provincia mínima napolitana con ocasión del sexto centenario del nacimiento del Fundador.

Tanto Corrado Alvaro como Su Santidad Francisco incurrieron en el mismo indisculpable disparate histórico: afirmar que San Francisco de Paula fue llamado “a París” por el rey francés. Ambos coinciden también en considerar a San Francisco como un defensor de los pobres y de los débiles, recordando especialmente los dos entre sus milagros el de, cuando el rey de Nápoles trataba de comprarlo, partir moneda(s) de la(s) que brotó sangre. Ambos pueden situarse en el mismo espectro político: Corrado Alvaro se consideraba explícitamente de izquierdas, en tanto que Francisco explícitamente afirmó no haber sido nunca de derechas.

¿Hay diferencias? Señalo una: el calabrés escribió que San Francisco de Paula usaba agresivamente el bastón “quando non bastava più l’amore”. Papa Francisco, por muchos exabruptos que soltara durante su pontificado, nunca afirmó ni podemos aventurar fundamentadamente que pudiera llegar a pensar que el amor no basta o que tenga que tener una limitación de insuficiencia.


miércoles, 13 de mayo de 2026

Para el que ama a Dios todo es posible (salvo lo imposible)

 “Todo es posible para el que ama a Dios”. ¿Cuántas veces hemos oído, escuchado, predicado, repetido esta frase como palabras literales de San Francisco de Paula? Probablemente muchas. ¿Cuándo pronunció San Francisco de Paula esta frase, según la documentación que ha llegado hasta nosotros? Respuesta: NUNCA. ¿Cómo es entonces que se ha difundido tan generalizadamente esta frase? No tengo ni puñetera idea. Alguien debió atribuirla al Santo, gustó, se repitió, entró en el terreno de lo notorio, a pesar de carecer de toda base, a pesar de ser dogmáticamente un disparate, a pesar de requerir, para evitar el desatino, una interpretación que la diluya hasta desvencijarla.

“Para Dios nada hay imposible” (Lc 1,37).  La omnipotencia es un atributo divino y exclusivamente divino. A ninguna criatura, ni siquiera a María, la Madre de Dios, por mucho que haya amado a Dios, le es posible todo. No, ni siquiera María es omnipotente. Mucho menos lo fue, mucho menos lo es San Francisco de Paula.

En la Escritura podemos hallar una frase que suena aproximadamente parecida: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta (o fortalece)” (Flp 4,13). Pero, si examinamos el contexto, nos damos cuenta que San Pablo no pretende más que decir que el Señor le da fuerzas para afrontar cualquier tribulación, cualquier circunstancia por la que pase, sea positiva o negativa.

¿Qué es lo más parecido que podemos encontrar en San Francisco de Paula? Tal vez aquello de que “A quien sirve fielmente a Dios y observa sus mandamientos, incluso las hierbas le manifiestan su poder”. Una proposición perfectamente católica y que queda muy lejos del “todo es posible”.

Si queremos recalcar la actividad taumatúrgica de San Francisco, su notabilísimo don de milagros, mantengámonos en lo que la historia nos ha transmitido. Tenemos suficiente con ello.

No se nos ha transmitido que lo pudiera todo. Pero sí su milagroso dominio sobre los elementos. Hoy les traigo un grabado simpático, uno que nos transmite con ejemplos concretos cómo San Francisco de Paula, quien sin duda amaba a Dios, dominaba los cuatro elementos: el fuego (lo tomaba en sus manos, reparó el horno encendido),  el agua (atravesando el mar), la tierra (deteniendo las rocas que caían), el aire (levitando en la oración).



 

sábado, 25 de abril de 2026

De belleza y gratitud

 Aquí les tengo acostumbrados a la pertinacia de meter el dedo en la llaga, de señalar a veces más sombras que gozos. Pero en nuestra Orden, no faltando mediocridad, confusión y hasta a veces una preocupante indefinición, hay también excelencia, una excelencia frecuentemente escondida y que, por tanto, hay que divulgar. Que sí, que entre nosotros/as hay quien emprende, con mayor o menor consciencia, la "via pulchritudinis". Hoy ahí vamos con un poema-canción de Sor Rosa María, un de las mínimas de Daimiel destinadas en su día a cruzar el mundo para implantar la Orden en Filipinas. Nada, que lo disfruten. De nada, de nada, uno que es así....




domingo, 5 de abril de 2026

La vida cuaresmal: siempre necesitada de defensa

 


A veces podemos tener la idea errónea de que la vida cuaresmal siempre fue denodadamente observada en el pasado y que su cuestionamiento obedece a planteamientos exclusivamente modernistas. Puede ser cierto que los problemas en su observancia y custodia hayan crecido a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, pero ningún tiempo pasado se vio libre de incidencias e incumplimientos. De ahí que a menudo los Superiores tenían que hacer referencia a ella, acentuar su valía y su particularidad determinante respecto a la Orden de los Mínimos. Hoy traigo un ejemplo de lo que decía el Corrector General Camart en una carta dirigida a los frailes poco tiempo después de su elección en 1623:

"Tampoco debemos descuidar la observancia de la vida cuaresmal, que es absolutamente necesaria para nosotros. Porque esa disciplina de vida austera es la flor de nuestro germen, es el símbolo más especial de la religión minimitana, el identificativo de nuestra milicia, nos une entre nosotros y por ella nos distinguimos de otras Órdenes, de modo que merecidamente debemos llevarla guardada celosamente como una joya, establecida en nosotros por la penitencia más estrecha. Tarea difícil sin duda, pero de gran importancia: en su observancia reside, en cierto modo, el honor de nuestra religión, mientras que su descuido y transgresión constituyen para ella su máxima indignidad."

Como ya señalé en un post anterior, hace muchos años un Obispo Auxiliar de Barcelona (R.I.P) señalaba la vulnerabilidad de la abstinencia.  Hoy como ayer se presenta a veces frágil, inerme, atacada a veces burdamente, a veces con cierta habilidad. Por eso, necesitada siempre de defensa, frente a propios y a extraños.

lunes, 9 de marzo de 2026

Las cualidades ideales de un Corrector General

 


Yo no sería capaz de indicar cuales tendrían que ser las cualidades ideales de un Corrector General de la Orden Mínima. Pero hubo quien, desde fuera, sí se veía capaz de enunciarlas.

Situémonos en 1788; en mayo de aquel año el Capítulo General reunido en Barcelona eligió como Corrector General al valenciano Padre Castrillo, quien al mes siguiente se hallaba en el convento de San Sebastián de Valencia. Allí fue visitado y agasajado públicamente por el Ayuntamiento y uno de los regidores, Vicente Guerau de Arellano, pronunció entonces un discurso que expresaba el contento de la ciudad por el hecho de que uno de sus naturales hubiese llegado al Gobierno supremo de la Orden mínima. Por suerte sus palabras se imprimieron. Cuando lo leemos nos percatamos de que o conocía muy bien la historia de la Orden o se la inventaba con  un descaro sin igual. Porque hacia el final va señalando virtudes que decía habían caracterizado respectivamente a diferentes Generales de la Orden en el buen deseo de que en Castrillo se dieran todas ellas. Así, pone de relevancia el celo de Durand, la vigilancia de Vico, la prudencia de Estela, la piedad de Gasch, la moderación de Sirera y la sobriedad de Cuzzolini. O sea que esperaba que su paisano Castrillo fuera celoso, vigilante, prudente, piadoso, moderado y sobrio. Casi ná.  

jueves, 12 de febrero de 2026

Crux coronat opus (cuando un oblato mínimo salió en la foto)

 


El hecho está narrado por Padre Vatronville y fue recordado hace 70 años por Pio Pecchiai. Corría el año de gracia de 1593 y el Pontífice felizmente reinante (Clemente VIII) decidió que había llegado el momento de colocar la cruz sobre la cúpula de la Basílica Vaticana. Fijó para ello fecha: el 18 de noviembre. En la mañana de aquel día, ante una gran multitud, el Papa bendijo la cruz, disponiendo que  se preparara todo para colocarla en lo alto de la cúpula a primera hora de la tarde. Así se hizo. Papa y cardenales, desde un distante balcón, contemplarían la escena. A la hora preestablecida el obispo encargado de cumplir el rito llegó convenientemente revestido y casi sin aliento por los muchos escalones a los pies de la cúpula. Arquitectos y maestros de obras le indicaron donde debía subir a colocar con sus manos ritualmente la cruz (por supuesto, asegurada y sostenida por fuertes cuerdas). El problema es que a algunos las alturas no nos sientan bien. Y al buen hombre le entró canguelo y empezó a sudar a la sola idea de tener que trepar sobre los andamios superiores. Pasó un cuarto de hora y no se decidía. El Papa empezó a impacientarse y envió emisarios a inquirir qué era lo que estaba fallando. Por más que los que allá arriba le rodeaban trataban de animarle, al pobre obispo le era imposible dar un paso hacia la dirección correcta.

A la sazón había un fraile oblato mínimo, fray Nicolás Lecomte, destinado desde hacía tres años en el convento de la Santísima Trinidad. No sólo había asistido por la mañana al acto de la bendición, sino que había conseguido mezclarse entre los operarios y prestarles buena ayuda. Sabiendo que la cruz sería colocada por la tarde, no regresó al convento. Más todavía, decidió seguir de cerca aquel acontecimiento, subió hasta donde había de culminarse y cuándo le preguntaron qué hacía allí dijo la mentirijilla piadosa de que le había enviado el Papa. Total que al pasar los minutos sin que el obispo se atreviese a culminar la labor, su excelencia reparó en aquel joven fraile mínimo y le dijo algo así como “Hazlo tú”. Fray Nicolás se arrodilló y musitó un “non sum dignus”, pero, percatándose de que era necesario y urgente desbloquear la situación, finalmente, recibida la bendición episcopal, se encaramó, tomó la cruz con ambas manos (más que sostenerla, de lo que ya se encargaba el conjunto del cordaje, se trataba de situarla) y logró erguirla y plantarla adecuadamente sobre la cúpula. Dispararon sus salvas los cañones del castillo, entonaron sus cantos los coros eclesiásticos y la multitud aplaudió enardecida. Ni San Francisco de Paula con sus milagros obtuvo nunca un éxito tan multitudinario.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Entonces se entabló una batalla en el cielo...

 


La nueva Guía Litúrgica-Pastoral 2025-2026 de la Orden de los Mínimos nos ha traído la sorpresa de un nuevo Calendario Litúrgico aprobado por el Dicasterio para el Culto Divino el 1 de noviembre de 2025. Por supuesto, en el Dicasterio es probable que se hayan limitado a recoger con pocas o ningunas modificaciones lo propuesto por la Comisión Litúrgica de la Orden. Los cambios son suficientemente significativos.

Empecemos por los que atañen al patronazgo de los terciarios mínimos. Queda establecido San Francisco de Sales como Patrón principal de la Tercera Orden, por lo que se celebrará como fiesta, en tanto que Santa Juana de Valois queda relegada a simple Patrona secundaria; como segundona, su celebración queda en simple memoria. No pasa nada. No sé si en la Comisión Litúrgica había alguna terciaria, pero está claro que no había ninguna feminista. Históricamente hay que reconocer que sobre San Francisco de Sales hay cierta constancia de su adscripción como terciario en tanto que de Santa Juana la pertenencia se situaba en el campo falible de la suposición.  Es curioso que se aduzca como justificación para este cambio la disposición De Patronis Constituendis, porque, si no me equivoco, es una norma de 1973 (de los tiempos de Tabera-Bugnini), lo que equivale a decir que la Orden, con la anuencia del Dicasterio, la ha estado contraviniendo durante 52 años. 

De otro terciarios históricamente dudosos en su condición mínima como San Juan de Dios y San Vicente de Paúl se conserva la memoria obligatoria, aunque al estar incluidos, independientemente de tal condición, en el Calendario Romano, para el caso viene a ser lo mismo.

Todos los beatos se celebran como memoria facultativa, así que en el futuro, algunas tan recientes como las mártires mínimas de Barcelona beatificadas hace 12 años  o alguna como la del Beato Gaspar de Bono después de casi dos siglos y medio de veneración, sus respectivas celebraciones dependerán ahora en nuestras Comunidades de la particular devoción del Superior. En un alarde de coherencia, no se les ha ocurrido otra cosa que decorar la tapa del Calendario con una pintura que representa al desde ahora facultativo Beato Carlos Hurtrel.

Pero el cambio más significativo es el haber establecido como Patrona de la Orden a la Virgen del Milagro, mandando a San Miguel Arcángel al trastero de los segundones. Resumiendo, que nuestro arcángel patrón con veneración inmemorial y Patrón oficial desde 1670, se ve substituido, tal vez porque no peleaba suficientemente por nosotros, por una advocación mariana de 1842. Esto es desprecio por la historia y centralismo romano. Y si alguien osa discutir estas determinaciones seguramente aprovecharemos para tacharle de poco mariano. O de demasiado progre, por acusar a la reverenda Comisión Litúrgica de machismo y centralismo. Pues nada, que a uno de pronto le ha dado por la sinodalidad bien entendida...


miércoles, 28 de enero de 2026

La motivación material vocacional (echando cuentas)

 


Todavía mi padre era de los que pensaban que la vida religiosa era para los inútiles que no servían para otra cosa. Sólo la experiencia familiarmente cercana le hizo cambiar de opinión. Pero es verdad que hubo un tiempo en que la vida religiosa era una manera de “ganarse” la vida. Esto se daba especialmente en los ambientes rurales y en las vocaciones de hermanos oblatos, gente con mentalidad práctica aunque con dificultades para los estudios reglados. ¿Puede la motivación material ser un impulso, siquiera inicial, de las vocaciones? Tal vez, no lo sé. Hace años, en los tiempos del reclutamiento, los seminarios menores o las escuelas apostólicas como se llamaban en los Mínimos ofrecían la oportunidad de una formación asequible para miembros de familias poco pudientes. De hecho, en la Orden Mínima en España todavía el 75% de los miembros proceden de aquel sistema, lo cual deja en muy mal lugar a los encargados de la pastoral vocacional de las últimas décadas, pues aquel sistema de reclutamiento terminó hace más de 50 años. Volvamos a la pregunta formulada de otro modo: ¿sale a cuenta ser seminarista o religioso? En términos generales, podemos decir que sí, especialmente si contamos con comunidades religiosas económicamente potentes o con sacerdotes que pueden habitar casas parroquiales decentemente arregladitas y cuyos suministros van a cargo de la parroquia. No tanto cuando las comunidades carecen de recursos o las casas parroquiales son una ruina.  Recuerdo una propaganda del día del seminario de hace una docena larga de años que generó cierta polémica porque utilizaba como uno de los argumentos: “te prometo un trabajo fijo”.

 A ver, trabajo hay, y más oferta de empleo que demanda, eso es cierto. Pero si pasamos al aspecto retributivo tan a cuenta no sale. Después de 6 años de estudios superiores difícilmente se hallará una profesión peor remunerada materialmente. Recuerdo una propaganda más acertada de los seminarios norteamericanos que decía: “el trabajo es duro, pero la recompensa es eterna.” Hombre, si nos ponemos sub specie aeternitatis las cosas cambian.

Pero vayamos a nuestra vida en el tiempo con un ejemplo práctico. Advierto, como en las películas, que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero es obvio que, como en las películas, esto está basado en hechos reales. Imaginemos alguien que entra en un seminario o en un aspirantado religioso hace treinta y cuatro años. Alguien normalito, adulto, no un jovencito imberbe que no ha trabajado un solo día, sino alguien que tenía ya desde muchos años atrás eso que se llama un “trabajo fijo”. No hablamos de un ejecutivo ni de un directivo, sino de un simple administrativo con dilatada experiencia laboral. Pues bien, esa imaginaria persona percibía en octubre de 1991 un salario bruto mensual de 181.000 pesetas; una vez deducidas las cotizaciones sociales y la retención de impuesto, esto se quedaba en un salario líquido de 134.000 pesetas. Convirtamos esa suma a euros y nos salen, si no me equivoco, 805 euros. Supongamos que esta vocación va adelante, se ordena sacerdote, percibe el salario mínimo (que es lo corriente en la retribución de los presbíteros) y en el año 2025 se jubila. Percibirá entonces una pensión mensual que asciende a la generosa suma de 874 euros. O sea que después de 34 años aquel salario líquido se ha convertido en una pensión un 8,57% superior. No está mal, a no ser que tengamos en cuenta que la inflación acumulada entre aquel octubre y este enero es aproximadamente de un 145%.  Hombre, entonces muy a cuenta no sale. Recuerdo lo que decía un profesor universitario de historia hablando de vocaciones, que él solucionaba rápido el problema, simplemente  “se le dobla el sueldo a los curas y se les pone coche de empresa”. Por supuesto, para financiarlo pensaba, como tantos, en una televisión propiedad de la Iglesia que lleva quince años perdiendo dinero. Que no, profesor, dedíquese a la historia, que no salen las cuentas suficientemente. Que no, joven vocacionado, que si se trata de lo material no sale a cuenta.


martes, 2 de diciembre de 2025

En el origen: la Orden "in mani dei catalani"

 

“O Dio, la Chiesa romana in mani dei catalani!” es la exclamación, atribuida por algunos al cardenal Bembo, por otros a algún Colonna y, en definitiva, a la generalidad de los romanos con ocasión de los pontificados de Calixto III y Alejandro VI, frase que, dicho sea de paso, le sienta como un tiro a buena parte de la actual sociedad valenciana que ni por asomo (ni siquiera en el terreno linguïstico) quiere identificación alguna con Cataluña y frase que suena a música celestial para la otra parte catalanófila.

Hay tradicionalmente un sector de catalanes, agrupados en la entidad Institut Nova Història,  que reivindica atrevidamente como propios personajes y logros, algunos de ellos de una forma tan extrema y con una metodología tan chusca que provocan la chanza de la gente medianamente ilustrada.



Esto viene de lejos. A finales del siglo XIX se publicó una breve biografía del mínimo Jacinto Coma, un personaje poco conocido, admirado por Balmes, buen predicador y fallecido en su localidad natal (Manresa) en 1864. El biógrafo manifestaba también de pasada en estas breves páginas su intención de seguir investigando en relación a una pretendida catalanidad de la familia de San Francisco de Paula; lo fundamentaba en la semejanza italianizada entre el apellido de San Francisco (Martolilla) y el nombre de una conocida localidad barcelonesa (Martorell). No parece que llegara a culminar tal indagación histórica, aunque en cierta ocasión, comentando este asunto con las mínimas de Valls, me recordaron con buen humor que en su comarca había un Santuario llamado de la Fontcalda, de forma que sugerían que podrían buscarse allí los orígenes maternos de San Francisco. Pues nada, adelante, Jaume Martorell y Vienna de Fontcalda.

Hasta aquí el lector estará ya reclamando un poco de seriedad. Voy a dársela. Recurriré para ello a Odile Krakovitch, una estudiosa que procede del campo de la Archivística y que se doctoró en Letras con una tesis sobre la Censura teatral en el siglo XIX, alguien de quien se podrán discutir ciertas apreciaciones (hay gente dispuesta siempre a discutirlo todo), pero a la que en ningún modo se la podrá calificar de poco documentada. Para los mínimos mínimamente ilustrados Krakovitch no resulta una desconocida, ya que, entre los numerosos temas a los que ha prestado su atención indagadora, se encuentra la historia de los conventos mínimos parisinos. Pues bien, vayamos a un artículo escrito en 1979 y publicado en 1981 en la revista Paris et Ile-de-France (donde se recogen las Memorias de las sociedades históricas y arqueológicas de la zona) sobre el convento mínimo de la Place Royale de París, un artículo tan largo que es prácticamente un libro (171 páginas), un estudio en el que este convento, hoy completamente desaparecido, es descrito detalladamente a partir del manejo de una documentación ingente. Nos habla en él exhaustivamente de cada espacio, cada habitáculo, cada rincón conventual.  En un momento determinado casi al final describe la existencia en l’arrière cuisine, un espacio de 30 metros cuadrados, de un recipiente en el cual los mínimos de Place Royale almacenaban el aceite:


Transcribo para quien no quiera abrir la imagen en otra ventana y leer directamente:

“(grand coffre en ) bois, garni de plomb, où les religieux versaient l’huile qu’ils étaient obligés par leur règle de consommer; toutes les autres graisses, on s’en souvient, leur avaient été interdites par leur fondateur catalan, habitué à ce produit.”

Et voilà, ahí queda eso. Vinga, Victor Cucurull, que ja en tens un altre per afegir a la llista...

martes, 21 de octubre de 2025

La última carta acuciante de Padre Angelats

Historia magistra vitae, dicen. La última carta del mínimo Padre Angelats se conserva en Roma, en el Archivo Generalicio de la Orden. No sabemos si es realmente la última; lo es en el estado actual de nuestros conocimientos. Está fechada en agosto de 1936 en Barcelona. Las cosas no pintaban bien desde hacía meses. A principios de abril el mismo Padre Angelats había escrito al Corrector General Giuseppe Di Lauro, haciendo la siguiente afirmación:

“Per ora stiamo tutti bene e non ci ha successo niente, ma ogni giorni si cammina piú avanti verso ad una rivoluzione comunista...”.

Apenas doce días después volvía a escribir al General manifestándole los problemas económicos que la Comunidad de Barcelona atravesaba y que desde Roma no comprendían (creyendo ilusamente que no faltarían bienhechores)  y decía abiertamente:

“Oggi la massoneria va alla radice, e non é possibile una reazione se non viene dal Cielo. La massoneria ha riuscito ad impossessarsi di tutti i mezzi, di tutte le chiavi, di tutte le forse della nazione, e cosí andiamo di male in peggio ogni giorno.”

Nueva carta en el mes de mayo:

“Umanamente parlando possiamo dire che i moti attuali, o meglio  il andamento attuali non passaranno per un pezzo lungo ma piutosto si aggravaranno, peggioraranno fra pocco, come tutti i giorni lo stiamo vedendo e toccando. Loro non possono sapere nulla della gravità della situazione e condizioni di Spagna. (...) Tutte le nostre suore mi scrivono cative notizie.”

La última desesperada carta va dirigida no al Corrector General, sino al Procurador General Padre Tagliaferro. La transcribimos íntegramente y exactamente, tal cual, no modificamos ni la ortografía:

“Charitas.

Rmo. Padre Giacomo Tagliaferro

Rmo. P.Procuratore Generale,

Tre volte le ho scritto dandole le pocche notizie nostre che mi ha stato possibile.

Stiamo ancora sani e salvi, ma senza documenti e dispersi nelle case dei nostri amici. Vogliamo partire per Genova perche siamo sempre in grande pericolo di vita, ma non possiamo riuscire ad ottenere il dovuto passaporto. Veda Lei ad ogni costo di mandarci per mezzo consolare un autorevole documento di qualche ditta chiadendoci per scopi di affari comerciali o industriali. Meglio sarebbe che Lei venisse qui personalmente portandoci i detti documenti o altri più efficaci. Venga vestito di borghese.

Attendiamo con ogni premura, per carità. Saluti al Rvmo. P. ed a tutti di Comunità. Me creda suo devomo. confrat. in C.J.

Giovanni Angelats

Barcelona 22 agosto 1936.

Calle Sagristans, 10 pral. Non mi scriva che a mezzo del Consule solamente.”

Desde Italia o no se apreció suficientemente la desesperación o no se pudo o no se supo hacer nada. Al cabo de un mes el Padre Romero fue detenido y asesinado. Los Padres Angelats y Anguera fueron a parar con sus huesos a la tristemente famosa, por sanguinaria, cheka de San Elías, donde estaban a finales de octubre de 1936. Después nada. Nunca más se supo de ellos.



miércoles, 30 de julio de 2025

Un nuevo bodrio sobre San Francisco de Paula

 


El título es lo mejor del libro: "San Francesco – Il Santo dei Miracoli e della Semplicità Infinita". El autor escribe, no sé si para entretenerse o para sacarse unas perrillas, vidas de santos. No sé en los demás, pero con San Francisco de Paula no ha estado demasiado acertado. El libro es ya formalmente una porquería: impreso por Amazon Italia, sin paginar, con un  tamaño de letra que parece ad usum caecucentium, con los párrafos sin justificar, etc.

El mensaje puede parecer piadoso y edificante. Algunos pasajes nos hablan de las virtudes del Santo y de sus milagros. Pero cuando baja al terreno concreto la simplicidad infinita de San Francisco choca con la culpable (estamos en 2025 y para algunas cosas basta la wikipedia) ignorancia del autor. Pondré tres ejemplos:

“La regola di vita stabilita da Francesco fu approvata da Papa Eugenio IV nel 1446...” Tal vez San Francisco tuvo episodios de amnesia y, no recordando que tenía la Regla aprobada, siguió pidiendo su aprobación y recibiendo negativas hasta 1493.

“Uno dei momenti più significativi fu la sua amicizia con il re Francesco I di Francia che lo accolse con grande rispetto e ammirazione...” Una pena que Francisco I no empezara a reinar hasta 1515, pero nada impide creer en las amistades de ultratumba.

“Uno dei miracoli più noti è quello della traversata dello stretto di Messina su una piccola barca fatta di legno e senza remi...” Ya se ve qué milagro portentoso: atravesar el estrecho de Messina hacia 1470 en una barquita hecha de... ¡madera! (y no de acero como el Titanic o de fibra de carbono como los modernos catamaranes).

En fin, si tiene usted 10,95 €, más vale (le saldrá más rentable) que con estos calores se tome un cubata...


viernes, 23 de mayo de 2025

Cuando yo sea General...

 Tengo bien pensado lo que haré  cuando yo sea Corrector General de los Mínimos. Es verdad que, siendo realistas, las posibilidades son pocas. Del centenar de Generales que hemos tenido los Mínimos a lo largo de los siglos, sólo 15 fueron españoles. De ellos, 3 fueron consagrados Obispos (Pedraza, Gasch, Estela) y 1 figuró en propuestas para un obispado de América, pero murió antes (Mena); uno murió en olor de santidad (el humilde Villamayor), otro fue depuesto por no ceder a presiones cardenalicias (Muñoz de Espinosa) y otro tuvo la valentía de enfrentarse a los mínimos franceses defendiendo el voto de vida cuaresmal contra quienes abiertamente lo contravenían (Segura). El último fue el político y académico Padre Humarán en 1829, es decir, hace ya casi 200 años.  Si bien en el antiguo régimen se establecía que uno de los Colegas Generales fuera de nación española, otro italiano y otro francés (y así fue desde 1523 hasta finales del siglo XVIII), desaparecida con la modernidad esta previsión, en los últimos siglos y ya en tiempos recentísimos sólo 3 Colegas Generales han sido españoles; 2 de ellos murieron en el cargo, al pie del cañón (F.Rodríguez y J.Mediavilla), mientras que el tercero fue designado precisamente para substituir a uno de estos fallecidos (V.García). Uno acaba deduciendo que ser Colega General no es demasiado saludable para los españoles, o te mata o te entontece.  Como se ve, en la Orden los españoles pintamos más bien poco. A ello hay que añadir la idea subyacente en la mentalidad de la mayoría de los mínimos italianos: “los españoles son tontos”, lo cual, lejos de ser un prejuicio, parece demostrarse cotidianamente. Y no es que, como contaban los teóricos criminalistas del etiquetamiento (labelling), a fuerza de ser tenidos repetidamente como tales, acaben convencidos de serlo. No, para la mayoría el catetismo es una opción deliberada.



Uno de los pocos que se rebelaban contra esta irrelevancia, era el Padre J.A., quien, de carácter más bien tímido, de cuando en cuando soltaba el genio y, recordando que era el único que tenía dos carreras (teología y pedagogía), calificaba a los demás de estúpidos (él podía permitírselo) cuando hacían cosas estúpidas. Recuerdo que a veces, cuando le mostraba, en mis primeros tiempos de postulantado, mi estupefacción ante ciertas actitudes de los mínimos españoles, lo atribuía al “complejo de inferioridad” padecido no ya frente a mínimos italianos, sino frente al mundo en general. Lo dicho, en orden a la elección, mis posibilidades son pocas, no sólo por carencia de inteligencia y capacidad, sino también por faltarme el resto de características que nuestras normas exigen a quien sea elegido para el cargo (por ejemplo, probado buen espíritu religioso). Pero como este es un blog de sarcástica seriedad, nada me impide esbozar un programa de gobierno.

Primero, tomaré ejemplo del Papa Francisco. Si él decidió vivir en Santa Marta y no en el Palacio Apostólico, nada le impide al Corrector General de la Orden de los Mínimos trasladarse a vivir donde le dé la real gana. Queden en Roma el Procurador General, el Archivero, el Ecónomo, el Postulador (este sí tiene que tener por norma en la Urbe la residencia habitual), cuando yo sea General evitaré Roma, ya que tengo de la ciudad no mejor opinión de la que expresaba Padre Boyl en una de sus cartas a Cisneros. Alguien dirá que la Roma actual es muy diferente a la del Papa Borja de finales del siglo XV; eso es verdad, el Vaticano de ahora es, con mucho, mucho peor. Porque a finales del siglo XV un cierto respeto por el Derecho canónico existía y, por ejemplo, la consagración episcopal confería a quien la recibía una cierta autoridad espiritual, doctrinal y gubernativa. Hoy después de la sinodalidad del Papa Francisco, no existe ningún derecho de los fieles a respetar (ni siquiera el derecho a la legítima defensa). Por otra parte, existen “superapóstolas” como Prefecta y Secretaria del dicasterio de Vida Consagrada, llamadas al discernimiento exclusivo de los carismas y vocaciones de especial consagración; ahora mismo un obispo, por muy sucesor de los Apóstoles que sea y por mucha imposición de manos que haya recibido, no puede autorizar un nuevo instituto de vida consagrada en su diócesis, sino que eso depende exclusivamente del dicasterio. Ya no digamos cuando hay alguna denuncia, donde intervienen con todo menos con transparencia y confianza. Así nos va y allí se las apañe el pobre Vicario Procurador General de la Orden, pobrecito, de verdad que le compadezco.

Yo, cuando sea General, me estableceré en algún conventico de la península sorrentina, desde donde podré “dirigir” (es un decir) la Orden tranquilamente, que para eso están los modernos medios de comunicación (hoy día basta un celular). Como a mi edad un cierto reumatismo empieza a aquejarme, es muy probable que cuando sea General me vea “impedido” para Visitar canónicamente la Orden en persona, así que nombraré un Visitador Delegado tal como prevé nuestra normativa, un Visitador con amplísima potestad. Estoy pensando en un religioso de la provincia napolitana que ya de novicio pensaba ser Cardenal. No está en manos del General de los Mínimos otorgar la púrpura, así que tendrá que conformarse con ser Visitador General, creo que estará contento de serlo, de recorrer el mundo con autoridad generalicia, con autoridad (esa tan utilizada en al anterior pontificado) de ordeno y mando, y ¡viva San Francisco de Paula!. Aquí paz y después gloria, donde haya problemas que los resuelva como le salga de las narices, y donde no los haya, que los genere. Religiosos descontentos los va a haber siempre, los va a haber igualmente, así que, si no les gustan las decisiones que tome, que recurran a Roma, que así se entretienen en el Dicasterio, con justicia o sin ella. Por mi parte, con otorgar al Visitador los poderes pertinentes y con ordenar al Ecónomo General que le proporcione una tarjeta business (de débito, tampoco hay que exagerar), ahí me las den todas. Por otra parte, yo soy de gastar poco. Como cuando sea General me voy a dedicar a rezar, a dar misa o a participar en procesiones locales (¡viva San Francisco de Paula!), tampoco voy a gastar mucho. Por no tener, no me hará falta tener ni un automóvil. Recordando la humilitas Redemptoris y considerando el clima suave de la costa sorrentina, me bastaría con una Puch (trucada, eso sí) para moverme por los alrededores.


 

Esta carencia de medios de transporte y la afección reumática me impedirán por ejemplo tener que recibir profesiones de falsas vocaciones (que se apañen, bajo su reponsabilidad, los Provinciales o los Delegados) o tener que acudir a los festejos del 4 de mayo en Paula. Lo primero es librarse de un buen cargo de conciencia cuando alguien te está tomando el pelo miserablemente (cuando venga el problema gordo, que vendrá, me bastará pensar que yo, como General, no lo recibí a la profesión).  Para lo segundo, hay que valer, hay que proceder de la zona, no todos servimos para gastar los primeros veinte minutos de una homilía en Paula saludando autoridades.



Cuando yo sea General, no escribiré cartas de Adviento ni de Cuaresma, esas que nadie lee. Al contrario, cuando yo sea General, me abriré un perfil en X y allí escribiré breves chorradas generalicias (si breve, no tan malo, dicen). Y si mi sintaxis es deplorable, se notará menos.



Cuando yo sea General, pondré a todos los doctores de la Orden (las laureas no son  para adornar paredes) a trabajar en la formación de vocaciones, para que se acabe de una vez el “profesa y haz lo que quieras”. Formación y selección y trabaju duru para salir de la pobreza vocacional socializada.



Cuando yo sea General, no nombraré Delegado para la Tercera Orden, ya que es un cargo absolutamente innecesario. Lo que hay que hacer con los terciarios es ponerse a su disposición, hablarles poco y escucharles mucho.

Cuando yo sea General, si tengo que viajar, con reumatismo o sin él, será sólo atendiendo invitaciones de las Monjas Mínimas, a las que no se les puede negar nada. A ellas, se les puede aplicar, mutatis mutandis (y poca mutación), lo que mossén Ballarín escribía hace más de sesenta años respecto a las Carmelitas Descalzas en las páginas finales de su “Les Benaurances. Santa Teresina”, y aquí me pongo compuesto, aquí aparco el humor, la ironía, aquí me limito a asentir casi de rodillas:

“ Sé, des de dins, com viuen aquelles filles d’Àvila. És esborronador. Ja no són la pobresa franciscana amb alzines amables d’Umbria, són la pelada, implacable, desmesurada pobresa castellana. No són la pobresa de la muntanya de les benaurances, són la pobresa de l’hort de les oliveres...Sota l’hàbit més bell que pugui dur una dona, sota les misèries de les filles de la terra, les monges fan olor de primer dia. No les mitifico. Aquella alegria de les cares, pàl·lides de dejunis, no l’he trobada enlloc més...Aquelles bones dones s’agafen la vida de monja per la banda que crema...Gairebé quinze mil dones arreu del món van així. Déu meu. Que els concilis no les toquin, que els visitadors no les canvïin, que els frares i capellans no les destorbin. No les toqueu, no les toqueu de com són. Són la més bella cosa de l’Església. No les toqueu, per l’amor de Déu. Vivim d’elles.”

(No traduzco, las palabras son tan vivas que cualquier traducción las desmerece, es una falta de respeto; quien no entienda, que aplique el traductor de Google si quiere).

Lo dicho, Padre S., prepárame una stanzetta generalicia de cara al mar para el 2030 (o antes, una stanzetta para el último mono si cerramos aquí, como es probabilísimo que suceda). Y vuela, vuela, paloma...



miércoles, 14 de mayo de 2025

León XIV: la Vida te da sorpresas

 Ya tenemos Papa. Y todo el mundo ha extremado la prudencia a la hora de juzgar la elección efectuada por los señores cardenales. El movimiento de una conocida web conservadora para evitar esta elección concreta no salió bien (se llama esto vender la piel del oso antes de cazarlo). Y muchos de los que se mueven con amplio público en las redes han saludado positivamente la elección, entre ellos declarados conservadores que “temían” otros candidatos peores.


También es curioso ver cómo el obispo Strickland, a quien la fumata blanca pilló de invitado en un canal de Youtube, aguanta admirablemente el tipo y, aunque deja ir una velada crítica al nombramiento de obispos desde el Dicasterio correspondiente, no suelta, como probablemente haríamos usted y yo, un recordatorio tal como “le conozco bien, porque este tío es quien firmó mi remoción de la diócesis de Tyler”.



Las expectativas que puedan provenir de su biografía no parecerían demasiado alentadoras. Para una visión tradicional superficial, Prevost sería una síntesis de lo peor de la Iglesia norteamericana (woke, dem, antiTrump) y de lo peor de la Iglesia sudamericana (teología de la liberación). De continuar en la misma línea, tan cercana al Papa Francisco, lo lógico sería esperar que el declive numérico y cualitativo de la Iglesia católica no se frene sino que se acentúe. En sus primeras palabras ha hablado de sinodalidad, de diálogo y de misión. Habrá que esperar para ver cuál es la palabra que privilegie en su acción. Si da prioridad a la sinodalidad, que sólo ha provocado división ad intra e indiferencia ad extra, no iremos bien, aunque tampoco hay que exagerar los temores horripilantes que manifestó el cardenal Zen. La sinodalidad es simplemente un entretenimiento; su pretendida esencialidad eclesial no se conjuga bien con 1990 años de vida de la Iglesia durante los cuales no necesitó calificarse de sinodal. Si León XIV acentúa el diálogo asimétrico (el mundo escucha poco y habla mucho), tendremos la bendición  de la agenda 2045 (este es un Papa joven, así que este puede ser un pontificado realmente largo); sí, ya sé que los verificadores oficiales niegan acérrima y unánimente la existencia de tal Agenda, lo cual supone, en mi opinión, una razón clara para no dudar de su realidad. Si el Papa León XIV se toma en serio la misión, el envío de ir al mundo entero, bautizar, hacer discípulos y transmitir el evangelio, tendrá que echarle valentía. La sinodalidad es fácil, inútil y entretenida sí, pero fácil. El diálogo, salvo que sea un diálogo evangelizador y no un mero cambio de impresiones, es pura diplomacia posibilista. Pero la misión hoy es seguimiento martirial, parresía temeraria, combate con el espíritu del mundo, a tiempo y a destiempo.

Personalmente estoy esperanzado. Si un intelectual ratzingeriano puro y duro como Gotti Tedeschi, no sólo se muestra esperanzado con los primeros signos de León XIV, sino que incluso cuenta que descorchó una botella de champan, ¿quién soy yo para tener una visión negativa?

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, decía la canción. Y nuestra fe nos dice que es así. La Vida (el que es Camino, Verdad y Vida) puede siempre sorprendernos. También ahora.



jueves, 24 de abril de 2025

De mortuis nihil nisi bonum?

 El clásico adagio tiene en sí mismo, a partes iguales, cortesía e hipocresía. Además, sólo tiene validez durante un tiempo limitado. De lo contrario, toda la historia sería o una apología continuada o un silencio vacío. Si toda historia es ya de por sí un relato más o menos literario, llevar a las últimas consecuencias el nihil nisi bonum la convertiría en pura distorsión. Esta distorsión a veces conviene a los políticos y, dependiendo de la ideología de los vivos, en España tenemos palmarios ejemplos, no sólo recientes sino actualísimos.

Lo decía mi profesor de derecho canónico (durante mis estudios eclesiásticos) cuando tocaba el tema del Romano Pontífice: “piensen ustedes que el Papa es intocable, métanse con todos los organismos vaticanos cuanto quieran, pero el Papa es intocable”. Eran los tiempos de Juan Pablo II y otro profesor de derecho canónico (este en la Universidad civil) comentaba el recién aprobado CIC haciendo repetidas referencias positivas, sin duda de interpretación extensiva, a los documentos del Concilio, añadiendo una y otra vez la coletilla para nada positiva: “aunque con este Papa que tenemos ahora...”. Algunos de mis lectores recordarán, conforme a esta orientación, algún chiste sobre la imposibilidad futura de otro Papa polaco mientras Dios sea Dios.

Todo esto viene a cuento de que durante el pontificado de Papa Francisco me he guardado muy mucho de opinar sobre él, sobre su Magisterio, sobre su “magisterio” y sobre sus declaraciones en los aviones. Nunca en una homilía podrán decir los fieles que me han oído atacarle ni nada parecido. También es cierto que le he citado poco (sólo ocasionalmente en relación con la murmuración) y que mi gran referencia inmediata sigue siendo Benedicto XVI, de quien siempre, leyéndolo y oyéndolo, aprendí algo nuevo. Con Francisco, después de leer Fratelli tutti y de donde reconocía explícitamente haber sacado la inspiración preferí no leerle demasiado. Pero una vez fallecido, ¿se puede o no expresar un parecer sobre su pontificado?

Nuestra Regla manda a los frailes que, respecto al Papa, fideliter oboediant. No es poca cosa, teniendo en cuenta lo obediente que fue nuestro Fundador. Nunca en el trecenario se dirá que para hacerle ir a Francia Sixto IV tuvo que enviarle dos obediencias, una de ellas bajo pena de excomunión. Como decía un fraile bromista, se recibió la primera obediencia y San Francisco preguntó al portero: “¿esto ha venido por correo ordinario o por correo certificado?”. “Por correo ordinario, buen Padre”. “Ah, entonces hacemos como que no lo hemos recibido”. Llegó la segunda y ahí tuvo que obedecer, no se habló más,  a preparar la mochila y para Francia.

Los redactores de nuestras actuales Constituciones eran más papistas que el Fundador, así que, no contentos con la obediencia, añadieron la profunda veneración. El Directorio se limita a agregar que a la muerte del Sumo Pontífice cada sacerdote aplicará una misa en sufragio por él.  Eso está hecho, aunque no sé si le servirá de algo. Anunciando su deceso, el cardenal Farrell dijo: “è tornato alla casa del Padre”. En el evangelio el que vuelve a la casa del Padre es el hijo pródigo; no creo que sea el caso aplicable. Es verdad que en la casa del Padre hay muchas moradas y si lo que quiso decir el cardenal camarlengo es que el Papa Francisco ya tiene allí su morada, su plenitud de vida y bienaventuranza preparada por Jesucristo, no sé qué leches hacemos ofreciendo sufragios y oraciones absolutamente superfluas. Nuestro Cardenal Omella, sin ser ninguna lumbrera, estuvo más acertado, indicando que Papa Francisco ha ido al encuentro de Jesucristo (aquí tuvo un momento de duda, como quien va a decir Juez, casi se le escapa)...Salvador, bien, entonces sí es indicado rezar por él.





En fin, la persona será juzgada, como cada uno de nosotros, por Jesucristo. Pero no es ilegítimo humanamente preguntarse sobre su pontificado. ¿Ha sido un magisterio de claridad, de entusiasmo de ser católico? ¿Ha defendido la verdad católica, la moral católica, la belleza cultual? No sé yo... Para mí, y no creo ser una excepción, el contraste con el pontificado anterior ha sido demasiado notable. Benedicto emitió Summorum Pontificum no sólo en favor de la unidad, pero también por ella. Francisco emitió Traditionis Custodes pretextando la unidad y me parece que consiguiendo el efecto contrario. Benedicto recordó que, antes del diálogo, está la misión. Francisco, por si a alguien no le quedara clara la importancia suprema dialogal, clamó repetidamente, insistentemente, contra el proselitismo. En realidad, el final del evangelio de Mateo probablemente se deba a la comunidad del evangelista y, por tanto, no hay que tomar al pie de la letra, como ipsissima verba Iesu, eso de ir a bautizar y hacer discípulos enseñándoles a guardar todo lo que Jesucristo enseñó, cuando en realidad el Señor lo que dijo es que hay que dialogar, que to er mundo es güeno. Una eficiente crítica textual nos mostraría también que lo de que el sí sea sí y el no no tampoco lo diría nuestro Señor, pues es cosa propia de quien piensa intolerantemente que posee la verdad. Hubo una generación de vocaciones sacerdotales procedentes de Juan Pablo II y su contagio juvenil. Hubo una discreta pero bien preparada generación de vocaciones sacerdotales con Benedicto. No estoy muy seguro que haya sucedido lo mismo con Francisco. Además, buena parte del laicado, el más popular, se ha sentido a veces confundido, mientras que el más rectamente instruido (el que mejor conoce el Catecismo, por ejemplo) se ha escandalizado ante ciertas ambigüedades, ha perdido el miedo y a través de las redes ha dicho muchas cosas que Obispos y sacerdotes hemos disciplinadamente callado. No todos callaron, es cierto. Pero quien se atrevió a hablar pagó un precio (la destitución), con la pena añadida de que los medios no apliquen ningún discernimiento y manden a todos los opositores al mismo saco, lo cual es manifiestamente injusto (no es lo mismo Strickland que Viganó).

Tal como yo lo veo, el Papa es como un controlador de vuelo que tiene que procurar que cada creyente aterrice en el suelo firme de la santidad. En el aeropuerto del pontificado de Francisco la sensación ha sido caótica. Recuerden el episodio de Anke de Bernardinis, aquella anglicana que le preguntó al Papa cómo alcanzar la comunión con su marido católico, es decir, sobre la posibilidad de participar juntos plenamente en la Cena/Eucaristía. La respuesta fue un me parece que sí, me parece que no, para finalmente desembocar en un “aterriza como puedas”. Si la respuesta final es esta, entonces...¿para qué sirve el Papado? No hace muchos días un músico católico se preguntaba análogamente para qué sirven los obispos.



Desde luego ha sido el pontificado del diálogo (?) interreligioso. Lo dudoso es que tal diálogo haya servido para algo, si no para blanquear una fe que va creciendo en Europa de forma exponencial, que es sólo pacífica en apariencia, que es impulsada globalísticamente y que sólo algunos temerarios se atreven a denunciar. Además, para acentuar la propia irrelevancia no hay nada mejor que tirar piedras sobre la propia cabeza, abrazando el indigenismo hasta el ridículo canadiense. Todos hermanos, aunque algunas voces europeas sigan empeñándose en hablar de sustitución étnica programada. Yo no utilizaré esta expresión tan temeraria, tan alocada, tan agresiva y no lo haré, porque me parece intelectualmente rebuscada. Al pensamiento políticamente correcto le molesta; para mí, es puro almíbar. Pienso que podemos hablar más directamente: lo que está en marcha, si no hay una evangelización decidida, un crecimiento de la fe cristiana real, es un verdadero etnocidio. Se trata de borrar del mapa la fe cristiana y la cultura de ella derivada. El último pontificado, que clamaba tan insistentemente contra la injusticia, no se ha caracterizado precisamente por defender la propia identidad. Ni por denunciar la exacerbada y sangrienta persecución del cristianismo que se está dando, gracias a los querídísimos hermanos todos, en otros lugares del planeta, particularmente en África.  Por eso, no es de extrañar que a alguien en estos días se le hinchen las narices y exabruptos usualmente injustificables se vuelvan justificados.



El Papado de un religioso, de un jesuita, ¿ha servido para revitalizar la vida consagrada? Aparte del espaldarazo que han supuesto ciertas orientaciones sinodales para algunas monjas reivindicativas, la mayoría ya de una edad provecta, ¿se ha impulsado la vida religiosa? ¿Han crecido las vocaciones? No me lo parece. ¿Ha aumentado en nosotros, los consagrados, la conciencia de nuestra vocación, el ánimo a ir adelante en un ambiente hostil? Bah, muchos han abandonado y otros misteriosamente hemos seguido, sin que yo pueda hallar otra explicación que el jeremíaco fuego ardiente prendido en los huesos, del que ni siquiera con un pontificado como este podemos algunos desprendernos...



En cuanto a la moral, dejando aparte las llamadas a la justicia, a la inmigración sin límites ni normas (salvo por lo que se refiere a entrar en la Ciudad del Vaticano), a la lucha contra el cambio climático (ay, ay, el lamento doloroso del planeta), no puedo menos que recordar cuando dijo que vacunarse con una vacuna (que más que una vacuna se parecía a una terapia génica experimental, digo se parecía, no digo yo que lo fuera) era una obligación ética... Sólo conozco a una persona que, padeciendo un  cáncer, murió de covid. Pero en cambio sé de más de una que, aparentemente sana, falleció inesperadamente de fulminante ictus cerebral o algo parecido. No sé si alguien se atreverá a preguntarse cuántos muertos por covid hemos tenido en la Orden o si algún deceso, no precisamente de un anciano, no sería atribuible a tan obligatoriamente ética inoculación. Nunca sabremos, pero es indiscutible que en el régimen de privación de libertades que supuso la pandemia, la Iglesia bajo el pontificado de Francisco no fue una instancia crítica y servicial, sino que siguió obedientemente los dictados de la oligarquía: iglesias cerradas, promoción del pánico, quédate en casa, después distancia de seguridad, mascarillas, soluciones hidroalcohólicas (todavía hoy en mi parroquia la mayoría de los feligreses se da la paz con distantes cabezadas, y mi longevo párroco todavía no se decide a poner agua bendita en la pila de la entrada, porque nunca se sabe...)

No puedo sinceramente hacer un balance positivo de este pontificado. Mis pocas luces no me permiten siquiera descubrir los logros de la cacareada sinodalidad. Pero pienso que Francisco será beatificado muy pronto. Basta con que se abra el proceso y declare como testimonio nuestro Presidente Pedro Sánchez, quien ha manifestado su devota admiración por el Papa difunto. Pedro Sánchez ha obtenido, tal vez invocando a Francisco, un prodigioso milagro: aumentará el gasto en defensa en 10.000 millones de euros sin subir impuestos, sin crecimiento de déficit, sin disminuir gasto del estado del bienestar. ¡Puro milagro! También es verdad que resulta tremendamente doloroso que el milagro, por intercesión de un Papa pacificador, se produzca exactamente para preparar la guerra, en lugar de adecentar las prestaciones de  dependencia o la atención a los enfermos de ELA, pero bueno, para estas cosas ya tenemos la eutanasia que, por ser más asequible, requiere menos presupuesto y no precisa mediaciones sobrenaturales para su financiación. En cualquier caso, ¡santo subito!

 A algún otro, sin embargo, le tocará esperar:


martes, 8 de abril de 2025

Una compleja carta de Cuaresma

 Dudaba si escribir un  post sobre ella, pero al final me he decidido. Creo que el Corrector General no debería molestarse por ello; sabrá que entre frailes, terciarios y monjas, hay al menos alguien que ha leído la carta, que la ha leído entera, que la ha leído en serio, tratando de desmenuzar su contenido.

Aclaro que parto no de la versión original, sino de la traducción castellana. Es lo que me ha llegado. El Delegado para España en otros tiempos tenía encargada la programación (hoy prograquéeee?), la animación y visita de las comunidades (creo que la última vez que estuvo en Sevilla todavía reinaba Fernando III el Santo) y la promoción vocacional (actualmente esto es como el Carrefour pero al revés, en lugar del 2 x1, el 1 x 2, es decir ganamos una vocación dudosa y perdemos 2, una prometedora y la otra la única aparentemente consolidada en los últimos trenta años). Total, que las funciones hoy positivas y de algún provecho del Delegado se limitan, aparte del ejercicio de la representación legal en los negocios seculares, a elaborar el Calendario anual de San Francisco de Paula y a traducir fielmente del italiano al español las cartas del General.

Es una carta compleja, aunque afortunadamente breve (4 páginas). Esta complejidad puede tener diversas causas alternativas. Una es que sea compleja sólo para mí, es decir que la complejidad dependa de las limitaciones intelectivas del lector, simplemente me parece compleja porque no llego a más, qué le vamos a a hacer, el Corrector General no va a bajar el nivel discursivo para escribir algo a prueba de tontos como yo. Otra explicación se hallaría en que el autor no tuvo su mejor día; la carta está fechada el miércoles de Ceniza en Los Angeles, así que tal vez la fue escribiendo en itinere o bajo los efectos del jet lag, lo que explicaría ciertas incoherencias o manifiestas repeticiones. Me atrevo a apuntar todavía otra explicación: la tecnológica; tal vez el Corrector General quiso experimentar qué tal saldría una carta cuaresmal con la ayuda de la IA, así que pudo utilizar chat gpt o deepseek, pedir una carta utilizando los conceptos de esperanza, santidad, Mínimos, Cuaresma, liturgia, San Nicolás, Beato Barré, Sor Filomena, Mártires Mínimas, testimonio...y voilà, esto es lo que salió.

Dos conceptos parecen primerear en la carta: esperanza y santidad. En su estructura tiene una especie de larga introducción con el leit-motiv de la esperanza unida a la consideración de los evangelios dominicales cuaresmales. A continuación, en referencia a la santidad, la cosa viene bien estructurada en apartados ( 1, 1.1, etcétera).

Vayamos con la primera parte. Ante todo, recalco una afirmación contundente: “La Cuaresma para los Mínimos consiste precisamente en seguir a Jesucristo, redescubriendo en el amor su verdadera humanidad y divinidad”. Ante estas afirmaciones uno no puede menos que arrugar la nariz y preguntarse en qué consistirá para los Mínimos la Pascua o el Adviento o la Navidad o el Tiempo Ordinario o la mismísima Semana Santa...Ahí lo dejo.

Esperanza y Jesucristo van unidos. Así, sabemos que: Jesucristo = “fuente de nuestra esperanza”, “nuestra única y verdadera esperanza”, “modelo y realización de la firme esperanza”.

Además de la esperanza, hay otro concepto repetido : el del camino de penitencia-conversión, que en realidad es también “el centro de nuestra esperanza”. Aquí hace incidencia en los evangelios de los domingos de Cuaresma. En el evangelio del hijo pródigo encontramos “la cumbre y la meta última de nuestro camino penitencial”. Sin embargo, en el evangelio de la Transfiguración hallamos “la plena realización del camino de penitencia-conversión”. Parece entonces que la cumbre-destino no es la plenitud realizativa. De verdad que no es fácil interpretar esto, es complejo, a no ser que admitamos innecesarias e inadvertidas repeticiones.

Pero estos evangelios cuaresmales tienen otra vertiente importante: el examen de conciencia. Así, se nos dice que el relato del hijo pródigo  es uno de los que “el religioso Mínimo debería meditar cada día y recordar en el diario examen de conciencia”. Pero además se nos advierte también que “el relato de la Transfiguración hace que el Himno Paulino del amor, juntamente con las Bienaventuranzas se convierta en nuestro relato de referencia, nuestro programa de vida, nuestro diario examen de conciencia”. El examen de conciencia dura unos momentos según las rúbricas de la liturgia en Completas. Hubo un tiempo en que en el Noviciado Internacional, bajo las indicaciones del Corrector General del tiempo, estos momentos se convertían en unos minutos, de forma que al llegar a este punto del rezo coral la comunidad del Noviciado se sentaba a fin de examinar con mayor detención la conciencia (con lo que te adormilabas, me decía a mí un novicio bromista). De acuerdo con las indicaciones de esta carta de Cuaresma, el Corrector General actual cree que la cosa tiene que prolongarse más todavía, pues hay que meditar: Relato del hijo pródigo + Relato de la Transfiguración + Himno Paulino del Amor + Bienaventuranzas, con lo cual las Completas en las comunidades de la Orden van a durar más que las Vísperas meditadas de los Neocatecumenales (como decía mi profesor de liturgia, un salmo que tardas en recitarlo dos minutos se comenta a veces con poca puntería durante un cuarto de hora).

En la segunda parte parece que algunas expresiones se hayan puesto al tuntún o que el General las puso y, por aquellas cosas del jet lag, se le olvidó después desarrollarlas. Es lo que sucede con San Nicolás y el beato Barré en el punto 1, titulado: “San Nicolás Saggio y Nicolás Barré: el amor nupcial de Cristo”. Lo del amor nupcial no se desarrolla después por ninguna parte. En este apartado hay también alguna frase cuya hermenéutica se me antoja no ya compleja, sino enigmática: “(Nicolás Barré) ha sabido escoger la vía del estudio de una sana doctrina mediante el estudio” (???).  Más adelante nos dice que el crecimiento del amor a Dios y al prójimo es un don de Dios y una obra de Dios, afirmando que “(...) esto se ve más claramente en el ejemplo de Nicolás Saggio, cuyas visiones místicas han llegado hasta nosotros con mayor evidencia (!)”. Uno acaba pensando cuando lee estas afirmaciones que realmente nuestro General tiene una clarividencia fuera de lo común.

El apartado 2 se titula “Sor Filomena Ferrer y las Monjas Mínimas de Barcelona: el mayor sacrificio de amor”. Buena cosa es que haya recuperado a Sor Filomena, olvidada en aquella carta programática que en su día comentamos. Espero que tal vez en Pascua recupere la figura de la Venerable Consuelo del Corazón de María. El párrafo dedicado a la Venerable Filomena es largo y en él se combinan principalmente testimonio y alegría. Insiste en que la vocación contemplativa la tuvo Sor Filomena desde pequeña: “Atraída desde la infancia por la vida contemplativa (...) para vivir esta vida contemplativa a la que siempre se había sentido llamada”. En  Sor Filomena y su vocación contemplativa se da el “testimonio del carisma Mínimo”. Cuidadín, porque aquí empieza el testimonio en abundancia. Su itinerario de unión con Dios se expresa “en el testimonio firme y alegre del amor que Dios manifestó al hombre por medio del corazón de su Hijo Jesús”. Filomena se convirtió en un “testimonio de virtud y sobre todo de humildad”. Su sufrimiento fue “testimonio de su configuración con Cristo”. Todo ello lo sabemos por los testimonios.

Y en cuanto a las Beatas Monjas Mínimas, procede de ellas “otro testimonio fundamental para nuestra espiritualidad”. Han testimoniado a Cristo (o a su gran amor) hasta el último sacrificio, el cual “es el testimonio de una fe que mira a la Jerusalén celeste...y que está dispuesta a dar la propia vida como testimonio de la fe y del amor”.  Todavía hoy su (de las Monjas) “testimonio produce frutos de gracia allí donde vivieron y dieron testimonio de su fe y de su consagración”. También todo esto nos consta por los testimonios.

El tercer apartado retoma en 3.1 la esperanza, que no defrauda, que puede concretarse en pequeños y cotidianos actos heroicos de esperanza, pues está fundada en Aquel que guía nuestro camino. Se nos habla del sufrimiento como vía de purificación. Y se nos aduce un testimonio actual: “El testimonio del Papa Francisco en estos días, con su incansable dedicación a la Iglesia a pesar de su enfermedad, es un testimonio más” (y van muchos).  Se nos dice también que somos necesarios y que cada uno de nosotros está llamado a obrar “con fe y esperanza allí donde ha sido puesto a vivir y testimoniar”.

Añade finalmente en el último apartado 3.2 que el crecimiento espiritual personal y comunitario integra la riqueza de cada rama de la Orden para el crecimiento total; extrañamente, después de los chutes anteriores, cuando ya nos tenía adictos, no nos ofrece en este último párrafo ninguna dosis “testimonial”.

En fin, no faltará quien diga que si la interpretación pormenorizada de las cartas del General que hago la aplicara a la Santa Escritura tendríamos en la Orden un biblista de provecho. Otros en cambio pensarán que lo que habría que hacer en la Orden es cancelarme por temerario. En fin, uno se siente como Serafín el butanero en Airbag cuando participa en la tortilla rusa. Es verdad que aquel personaje intuye el engaño y acaba llevándose la pasta, mientras que yo sólo me llevo la idea de un fatal rumbo erróneo al que, por más que se insista, nuestros Superiores hacen oídos sordos. Por cierto, lo de la pasta no es una mala opción tal como van las cosas (spiritus quidem promptus est, caro autem infirma) y en nuestra Orden cualquier desvío de fondos está llamado a silenciarse, a evitar la denuncia penal y la difusión mediática, sale gratis, porque, teniendo en cuenta lo que pasó hace años en Paula, una situación similar hoy comportaría necesariamente, esta vez sí, una Visita Apostólica.



martes, 25 de marzo de 2025

Más sobre el cuarto voto de los Mínimos (y un quodlibet sinodal)

 

Uno de los problemas con los que se lidia en la vida religiosa es la propia autopercepción, lo que pensamos (no lo que decimos) de nosotros mismos. Todavía mi Maestro de Novicios (RIP) defendía en su momento, hace varios lustros, que el nuestro era el mejor de los Institutos religiosos, recogiendo aquella mentalidad tradicional en la Orden que hacía del voto de vida cuaresmal el voto más importante, más exigente, más valioso dentro del conjunto de los cuartos votos de los religiosos. Se diría que hoy llevamos ese cuarto voto como una especie de accesorio poco relevante. El cuarto y, digámoslo claro, los otros tres. Y la desvaloración de nuestro ser religiosos es directamente proporcional a la convicción de la sinodalidad eclesial, sinodalidad para algunos inaceptable y para el común de los creyentes inaceptada, que, sin embargo, Roma se empeña en prolongar ahora por otros tres años, en una pueril actitud de “sostenella y no enmendalla”. Hace tres años que no encuentro fruto en ella, pues nada, no déjala ya un año más, sino venga, tres años más de dar la matraca. Aparte de tenernos entretenidos y justificar el nombramiento de algunas mujeres en puestos eminentes del gobierno eclesial (féminas que nunca sabrán si fueron nombradas por su sexo o por su valía), los buenos frutos de todas estas reuniones, documentos, etc., no se ven por ninguna parte. Parece que todo va a quedarse en un grupete de amigos, reunidos en torno a una hoguera de campamento, cantando cancioncitas de la desfasada pastoral obrera.



Respecto a la presencia de mujeres en los centros de decisión, animo a los mínimos convencidos sinodales, comenzando por nuestro Padre Reverendísimo, a que lleven las consecuencias hasta el final y formulen propuestas valientes. Les facilito las cosas con una sugerencia. Podemos aceptar que las mujeres no puedan acceder a la ordenación sacerdotal (hasta Papa Francisco parece descartarlo). Pero nada de derecho divino les impide estar al frente de una Orden. Si en el antiguo régimen las monjas mínimas dependían de los respectivos Provinciales, ¿qué impedimento hay ahora para que, de acuerdo con los prespuestos sinodales, dependamos frailes y monjas de una Correctora General? Si al frente del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica puede estar una religiosa, ¿por qué no podría estarlo al frente de la modesta Familia mínima? Tenemos en la Segunda Orden monjas sobradamente preparadas, eso es indiscutible. Entiendo que alguien dirá: ¿qué hacemos con el Padre Reverendísimo? No problem. Si en el Dicasterio, hay un Pro-prefecto, aquí podríamos tener un Pro-Corrector. ¡Solucionado! No dejemos escapar esta oportunidad. Por una vez los mínimos nos situaríamos en la vanguardia eclesial, seríamos el no va más. Incluso pienso que Padre Gregorio podría ganarse legítimamente la púrpura y ser nombrado por Papa Francisco como el primer Cardenal mínimo. Ufffff!

Volvamos al cuarto voto. Hubo un tiempo en el que nos identificaba y nos distinguía, en el doble sentido de no confundirnos con los demás y de darnos un cierto empaque, una cierta distinción. Hoy difícilmente se hallaría en la Orden un celoso miembro como el PadreGabriel López, conventual en la Victoria de Madrid. ¿Qué hizo este personaje en el siglo XVII, además de escribir un estimable libro sobre la Eucaristía? Pues resulta que el portugués agustino Manuel de la Cerca publicó en Coimbra un libro en el que afirmaba que el cuarto voto de los Mínimos era un voto simple, no solemne, en cuanto la solemnidad sólo podía predicarse de aquellos votos que eran substancia y esencia de la Religión. Hoy en día esto no hubiera suscitado más que bienintencionada indiferencia, pero en aquellos tiempos constituía una verdadera afrenta, un agravio, un casus belli, pues el cuarto voto de vida cuaresmal se tenía por tan esencial a la Orden que el citado Padre López denunció lo aseverado por el agustino (por ser falso, inútil y escandaloso) al Consejo Supremo de la Inquisición, el cual, consultando a los Calificadores, acabó dando  un decreto el 8 de junio de 1626 mandando borrar aquellas proposiciones del libro. Para aquellos a los que les gusta conocer las fuentes, pueden leerlo en Montoya, en su olvidado "Sentido metafórico literal...", aquí.  

Lamentablemente, parece que en esta temática, de tanto escuchar al mundo, nos ha dado por pasar página y que estas cosas pertenecen a un pasado del que alguien ha cerrado la puerta. Que persista todavía nuestro cuarto voto parece puro milagro, es algo que sorprende cada día que pasa, esa sobrenatural persistencia humilde, aunque constatando que los tiempos en que era percibido como una benemérita virtud y no una rémora son tiempos que no volverán.  No volveremos, es como una canción de desamor de las que cantaba Chavela Vargas.


(Por cierto, ha llegado ya la carta del General sobre la Cuaresma, expedida el Miércoles de Ceniza, más vale tarde que nunca, otro día les cuento, como ven, no hay prisa, al menos en la Delegación de España)